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El confinamiento y sus secuelas

JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO

El médico holístico norteamericano Mark Sircus afirma1 que el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ejerció una gran presión sobre médicos, funcionarios de salud y gobiernos, para que el coronavirus se presentara como el “enemigo público número uno”.

El doctor escocés Malcolm Kendrick expone2 que el COVID-19 ha infectado a todos los involucrados en el manejo de la salud y ha convertido sus cerebros en papillas inútiles.

Scott W. Atlas de la Universidad de Stanford dice3 que hay que detener el pánico y terminar con el aislamiento social.

El economista estadounidense Doug Casey4 considera que el virus es 90 % histeria. Fueron los medios de comunicación, impulsados por funcionarios de salud mundial, que convencieron de la necesidad de bloquear todo. Es probable que la reacción exagerada a la pandemia COVID-19 sea mayor al número de muertes de la enfermedad en sí.

El economista estadounidense Lou Rockwell es de la opinión5 que los cierres y cuarentenas prolongarán el curso de la pandemia. Cuando termine el distanciamiento social, la enfermedad reanudará su curso inevitable en la población. Es más probable que la pérdida de población sea debido al hambre, que a la tasa de mortalidad esperada del COVID-19.

Suecia decidió no cerrar su economía. El principal funcionario de salud de Suecia, Anders Tegnell6 apuesta por la inmunidad de rebaño. Es decir, cuando ya hay tantas personas inmunes en la población, que ha comenzado a tener efecto en la propagación de la infección.

El histopatólogo inglés John A. Lee considera7 que las cifras del coronavirus son muy poco fiables, a pesar de ello, se utilizan para influir y orientar la política pública. Piensa que estamos confinados, porque las cifras iniciales sugerían que era una enfermedad muy virulenta y que el virus se iba a propagar en la población rápidamente. Pero los datos obtenidos sugieren, que la enfermedad no es tan insidiosa, pues su tasa de mortalidad es del 0.4 %. Además, se supone que el bloqueo reduce el pico para que los sistemas de salud puedan lidiar con él. Sin embargo, no hay evidencia que lo que estamos haciendo esté afectando su descenso. Ante el pánico, los gobiernos se encontraron en una situación difícil y sintieron que tenían que hacer algo. El confinamiento ha propiciado un conjunto de efectos secundarios y ahora, los gobiernos están en la posición de justificar sus acciones.

Para el economista salvadoreño Manuel Hinds8, la cuarentena no es la solución, ya que cada vez que se quiere quitar, genera el problema que se ha querido solucionar. La adaptación a la presencia del virus requiere de lo que se llama inmunidad colectiva, esto, cuando un porcentaje de la población se ha vuelto inmune, ya sea porque ha sido vacunado o porque le ha dado la enfermedad. La política ideal que propone es, aislar a los que tienen el coronavirus y a los vulnerables. Esto testeando a la población para separar a los que tienen el coronavirus de los que no lo tienen. Los hospitales se dejan para los que tienen síntomas graves y necesitan ayuda para sobrevivir. El resto de la población debe exponerse al riesgo de contagio para que logren inmunidad personal y grupal.

La portavoz de la Organización Mundial de la Salud, Margeret Harris9 alude que dicha organización internacional nunca aconsejó a los países de todo el mundo que implementaran un confinamiento generalizado para controlar la expansión del coronavirus. Afirma que muchos países movidos por el pánico, siguieron el ejemplo de Wuhan.

Según el periodista de TELESUR, Carlos Fazio10, la pandemia del coronavirus ha derivado en una virtual militarización de sociedades enteras y en una recesión económica financiera en ciernes en varios países.

Los abogados salvadoreños Javier Castro, Humberto Sáenz y Erika Saldaña11 creen que no es necesario mantener el estado de excepción para contener el virus, principalmente por los abusos de autoridad y por el uso excesivo de la fuerza. El Estado de Excepción prohíbe transitar por el territorio, la entrada a extranjeros, cambiar de domicilio y reuniones12.

EFECTOS EN LA SALUD MENTAL

La Fundación Española para la Prevención del Suicidio y la Sociedad Española de Suicidología13 alertan del riesgo de suicidios derivados de la crisis COVID-19. Las medidas de confinamiento prolongado pueden aumentar ideaciones suicidas, intentos suicidas y suicidios.

La reclusión prolongada en casa puede incrementar los problemas de salud mental: estrés, ansiedad, depresión, conducta suicida, trastornos obsesivos-compulsivos y problemas interpersonales que lleven a conductas violentas.

Un equipo de psicólogos argentinos evaluó el impacto emocional del aislamiento por la pandemia14. Encontraron transformaciones vinculadas al sueño y a la alimentación y un trastorno de las rutinas habituales. En el comienzo, se incrementa la ansiedad, pero, luego de acostumbrarse a las condiciones del encierro, está mengua. La franja de edad más afectada por el aislamiento son los jóvenes, quienes experimentan una mayor ansiedad y depresión. Esto debido a que son los que más salen, los que tienen mayor vida social, por tanto, son los más perjudicados. Mientras que las personas mayores son los que menos sufren porque establecen menos contactos y salen menos de sus casas. La Fundación Española para la Prevención del suicidio y la Sociedad Española de Suicidología sugieren una alimentación saludable15, una rutina con actividades precisas, realizar actividades físicas, completar proyectos pendientes y pautar actividades manuales o mentales para disminuir las emociones negativas.

La economista salvadoreña Meraris López señala un repunte de suicidios en el mes de Abril16, esto, dentro de la cuarentena. El 13 y el 14 de abril, nueve personas se suicidaron, mientras que el 20 de abril fueron 3 personas. Las doce personas que se suicidaron fueron menores de los treinta años, siete eran mujeres y cinco eran hombres. Igualmente, cinco eran adolescentes entre los 12 y 18 años, así como una niña de 12 años. El ahorcamiento fue el método mayormente utilizado para quitarse la vida. Cambios de comportamiento, agresividad, impulsividad, auto lesiones, dejar de practicar hobbies, severos descuidos en su higiene personal e insinuaciones de acabar con su vida, son signos que las familias deben tener en cuenta para identificar suicidas potenciales.

La periodista ecuatoriana Cristina Bazán avisa que el COVID-19 ha puesto en evidencia la indefensión de las mujeres en muchos países del mundo17, ha dejado en “total desprotección” a miles de mujeres ante los distintos casos de violencia que enfrentan. Durante el confinamiento el maltratador tiene una mayor percepción “que tiene el control” sobre la mujer18. Pero una vez que termine el confinamiento, el agresor  sentirá su pérdida de control. Sin confinamiento, la mujer puede ir a trabajar o salir de la casa y los episodios de violencia se rompen o fragmentan, la mujer toma aire y sale del ambiente hostil o tóxico. Pero en el confinamiento no existe fragmentación o discontinuidad de la violencia. Durante el confinamiento los agresores saben que las mujeres “son vulnerables” y no pueden salir a denunciar. Cuando el confinamiento finalice, pueden aumentar las agresiones por violencia de género y los feminicidios.

El fiscal general de la República de El Salvador, Raúl Melara19 informó que durante el periodo de cuarentena, diez mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas.

EN PLENA CUARENTENA Y ESTADO DE EXCEPCIÓN

En plena cuarentena y Estado de Excepción, el 24 de abril ocurrieron 24 homicidios. Y una alta tasa de homicidios se mantuvo por varios días. Los salvadoreños Jeannette Aguilar, Carlos Carcach y Ricardo Sosa20 -especialistas en crimen organizado- coinciden en que las pandillas continúan ejerciendo control territorial. Aguilar considera que esos homicidios son mensajes de las pandillas al Gobierno, Carcach opina que es una réplica del mismo comportamiento de cada viernes y Sosa piensa que no hay inteligencia penitenciaria y a las autoridades solo les toca reaccionar.

Durante el confinamiento y Estado de Excepción se han suscitado violaciones al derecho a la libertad e integridad, al derecho a la salud, al derecho al trabajo, al derecho a la información, al derecho al agua, alimentación y no discriminación. Ha habido abusos de parte de la Policía Nacional Civil y de la Fuerza Armada de El Salvador, así como acoso a vendedores informales por parte de los cuerpos de seguridad pública21. La mayoría de denuncias interpuestas en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos son por irregularidades en los centros de contención gubernamentales, en donde se han mezclado personas contagiadas con sanas, no se han hecho públicos los tratamientos para pacientes con coronavirus22.

El Gobierno de El Salvador administra 96 centros de contención con más de cuatro mil confinados.

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