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Doce recomendaciones y mandatos de la puericultura

Dr. Fredy Rosales Meyer

Médico Pediatra, Neonatólogo.

continuación

Si se logrará que se iguale con facilidad la presión del oído medio con la presión del oído externo. Debo de mencionar que los niños pequeños no saben respirar por la boca. La boca es para comer y la nariz es solo para respirar. Es en el transcurso de la vida, y a consecuencia de que no sabemos cómo asear la nariz de ellos, que los niños se ven forzados a abrir la boca para respirar y así aprenden cosas inconvenientes para su salud. El aire por ser algo contaminado debe forzosamente que pasar por la nariz para ser filtrado y calentado, lo cual no se logra si el niño respira por la boca. Esta es una causa de las infecciones de amígdalas y adenoides a repetición, ya que estos elementos anatómicos no están calificados para filtrar el aire y calentarlo como ocurre naturalmente en las fosas nasales.

9. NOVENO MANDATO O RECOMENDACIÓN: UN NIÑO O NIÑA NO DEBE JUGAR EN EL AGUA

Se sostiene que los seres humanos en su desarrollo evolutivo, venimos del agua; pero vivimos y permanecemos en la tierra. Estamos y permanecemos enraizados en la tierra.

Cuando una mujer sale embarazada, el feto, el nuevo ser en gestación se encuentra dentro de una bolsa llena de líquido. Al nacer, esta bolsa se rompe y nos convertimos en terrícolas o sea seres de la tierra. No somos acuáticos, aunque vivimos en contacto con el agua.

Un niño -independiente de su edad- no debe jugar en el agua ya sea dentro o fuera de su casa, sea antes o después del baño. Cuando las madres o cualquier otro miembro de la familia, las niñeras, con el objeto de que el niño se divierta o se entretenga permiten que un niño juegue en el agua, no están actuando bien. Durante el trabajo de casa hay labores que necesitan tiempo para llevarse a cabo; lavar y planchar ropa, cocinar, hacer limpieza de casa; son las que permanentemente necesitan hacerse todos los días. Es en ese momento que las personas responsables del cuidado de los niños, los ponen a jugar en el agua para que les permita dedicarse a esas otras labores diarias. Por el desconocimiento de lo que les ocurre a los niños se cometen estos errores y sin medir las consecuencias. Como resultado los niños enferman con mucha más frecuencia de los oídos, lo que no ocurre si no se les permitiera jugar en el agua. Les he mencionado del uso del corralito para entretener y cuidar de modo más seguro a un niño, mientras la madre necesita hacer otras labores de casa. Es lamentable que un niño enferme o fallezca solo porque no hay tiempo o ideas para atenderlo o por el simple gusto o capricho de que el niño juegue en el agua. Un niño no puede, no sabe decir NO al juego de entretenimiento y al placer de chapotear en el agua. Somos los padres los responsables de evitar el riesgo que este juego representa para el niño. También con frecuencia nos damos cuenta por la TV, radio o periódicos de noticias de fallecimiento de niños por ahogamiento o asfixia por inmersión en el agua.

Lo que me preocupa y a usted también debe preocuparle es la salud de los oídos. Ya he explicado lo importante que es evitar este tipo de enfermedad y lo frecuente que ocurre por ignorancia. A los niños no se les debe permitir jugar en el agua por largo tiempo, ya sea en barriles, bañeras, pilas, huacales, pailas, piscinas de plástico; independientemente de si los estamos observando o cuidando de muy cerca. Ver Fig. #115

Tampoco debemos llevarlos al mar, piscinas públicas, ríos, lagos, lagunas, quebradas o acequias; ojos de agua o nacimientos de agua. Todos estos lugares tienen su agua sucia, contaminada. Lo usual es que cuando llevamos a los niños a estos paseos les permitimos permanecer dentro del agua por mucho tiempo y luego por la noche los chicos están enfermos con fiebre, tos y vómitos, dolor de oídos. Ver Fig #116

Eso es lo típico. No tenemos prudencia, límite o medida para que los niños se diviertan un rato o de forma intermitente. Entre más tiempo continuo se permanece dentro de estas aguas contaminadas, más luego y más frecuentemente se enfermará un niño.

¿No se les debe permitir en absoluto este tipo de entretenimiento? Pues sí, pero debemos de tomarlo en cuenta y actuar como que si el chico está tomando un baño en casa. Usar tapones plásticos en los oídos del niño y después del juego, secarlo bien. Esto es importante para evitar la humedad en los oídos. Tomar en cuenta que, si luego de un paseo el niño se enferma, NO se puede descartar que se deba a esto. Es bueno que al llegar a casa se le dé un nuevo baño, con jabón. Baño completo para lavar la piel. No es exagerar que un niño regrese más sucio de lo que ha estado antes de ir a un paseo. Ese es nuestro ambiente, esa es nuestra realidad.

*UNA ADVERTENCIA ESPECIAL PARA LAS PISCINAS DE PLÁSTICO:

Se las regalan a los niños sin medir las consecuencias. El niño o los niños entran y salen del agua a cada rato, se orinan, escupen, ventosean, van al baño y defecan y luego entran a la piscina; ingieren agua de la misma piscina y al final el agua está muy contaminada. De seguro un niño se enfermará con estas condiciones.

Si decide descartar o deshacerse de la dichosa piscina, porque algún médico lo recomienda, no la regale ni la bote o descarte completa a la basura. Hará el mismo daño a otro niño. No la guarde, pues siempre se corre el riesgo de volverla a usar ante la insistencia del chico. Córtela en pedazos y póngala en la basura. En lo personal no tengo nada en contra de este tipo de entretenimiento, pero he visto incontables casos de niños que han perdido la audición, tanto en calidad como en cantidad y que lo que les deja al final son problemas de lenguaje, aprendizaje, conducta y comportamiento, hiperactividad. Siendo niños normales aprenden poco en la escuela porque no escuchan bien, escuchan poco y escuchan mal. El único antecedente en su historia personal es que pasan sumergidos en una piscina y los padres no se han dado cuenta del perjuicio que se les ha provocado.

Repito: los niños gustan mucho de jugar en el agua y NO saben decir NO al daño que les representan estos entretenimientos. Somos los padres los responsables. Si no lo sabía, hoy ya lo sabe.

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