Redacción Nacionales
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Miles de feligreses católicos vivieron con profunda fe la Semana Santa en El Salvador, ya que participaron con devoción en las procesiones y misas, en un ambiente de espiritualidad y conversión.
La Semana Mayor inició con el Domingo de Ramos, que representa la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y marca el comienzo de los días más solemnes para la fe católica. Con palmas en alto y cantos de júbilo, los fieles recordaron aquel momento en que el pueblo reconoció a Cristo como Rey y Salvador.
A lo largo de la semana, la comunidad se reunió en procesiones, Viacrucis y celebraciones litúrgicas que evocan la pasión, muerte y resurrección del Señor. Cada acto estuvo impregnado de recogimiento y fervor, invitando a la reflexión personal y a la conversión espiritual.
El Jueves Santo destacó por la conmemoración de la Última Cena y el gesto del lavatorio de los pies, signo de humildad y servicio. El Viernes Santo, con la veneración de la cruz, se vivió el silencio y la contemplación del sacrificio redentor.

En la misa vespertina del Jueves Santo se conmemoró la cena del Señor y se inauguró el Triduo Pascual, periodo más importante de la Semana Santa, donde se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En la Catedral Metropolitana de San Salvador, la celebración fue presidida por el arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar Alas.
El momento más significativo es el Viernes Santo con el Vía Crucis penitencial. El más significativo fue el del Centro de San Salvador, el cual inició desde la iglesia San Esteban hasta la Iglesia El Calvario.
El Vía Crucis inició con una dramatización, que recuerda simbólicamente el momento en que Pilato entrega a Jesús para ser crucificado. El padre de la Iglesia El Calvario, Elder Romero fue quien lideró el Vía Crucis que recuerda la pasión y muerte de Jesús. Durante este, se revivió el encuentro de la Virgen de los Dolores y el encuentro de la Virgen María con Jesús, quien carga la cruz camino al Calvario.

Uno de los participantes fue Cesar Sánchez, quien cargó la cruz durante el Vía Crucis. A su juicio, hacer esta acción es “renovar nuestra vida”. Señaló que esto es símbolo para vivir plenamente el tiempo santo.
Otra de las participantes del Santo Vía Crucis fue Gladis Hernández, quien señaló que la Semana Santa significa solemnidad y tristeza por el sufrimiento de Jesús.
“Significa solemnidad y también tristeza de ver el sufrimiento de Jesús y que aún nosotros no hemos podido imitar quizás en nada porque siempre estamos haciendo cosas malas. En lugar de acompañarlo, mejor nos vamos para otros lugares que no son nada agradables, pero Dios sabe y perdona a cada quien según sus actitudes porque El Señor a nosotros nos premia con la vida”, agregó Hernández.
El Vía Crucis llegó minutos antes de las 12 del mediodía. Dentro de la iglesia El Calvario, se llevó a cabo una serie de oración. La imagen de Jesús permaneció clavada en la cruz hasta las tres de la tarde, cuando se iniciaron los Santos Oficios. Dicho momento se conoce como Celebración de la Pasión, la cual incluye la veneración de la cruz, la escucha de la palabra, la oración universal, y la comunión.
Para los feligreses que asistieron a la crucifixión en El Calvario, esto significa “el amor tan inmenso que Cristo tuvo sobre cada uno de nosotros”. Los feligreses señalaron que a Jesús no le importó la maldad de los demás ya que su amor fue inmenso, “que murió en la cruz por cada uno de nosotros para ser salvados por nuestros pecados”.
También, la crucifixión representa el dolor que vivió Jesús al ser clavado; además se enfatiza el dolor de la madre (La virgen María) al ver a su hijo muriendo. Por lo que, esto, motiva “a reflexionar sobre nuestras acciones y actitudes para mejorar, para tratar la manera de ser mejores personas”, dijo una de las religiosas.
En horas de la noche, se desarrolló el Santo Entierro. Con pasos lentos y en silencio, los fieles acompañaron la imagen de Cristo, recordando su sacrificio y entrega por la humanidad. Las calles se iluminaron con faroles, mientras cánticos y oraciones daban un aire de recogimiento y profunda reflexión. A la vez, el Santo Entierro pasó por las alfombras que la ciudadanía elaboró con esmero y creatividad. Cada diseño reflejó la fe, la tradición y el ingenio popular, convirtiendo las calles en un lienzo multicolor que acompañaba el recorrido procesional.
Durante el jueves y Viernes Santo, cientos de salvadoreños recorrieron la sexta calle oriente o mejor conocida como calle de La Amargura, descalzos, gateando y con los ojos vendados como una forma de penitencia por algún favor recibido.
La Vigilia Pascual realizada en sábado de Gloria iluminó la noche con el anuncio de la Resurrección, renovando la esperanza y la alegría en la comunidad cristiana. Este domingo 5 de abril, se desarrolló una solemne procesión con Jesús Resucitado; además se celebró Misas de Resurrección en distintas parroquias de El Salvador y en distintos horarios.
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