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La primera masacre registrada en Laguna Seca ocurrió el 27 de diciembre de 1979. Posteriormente se documentaron hechos similares el 16 y 29 de enero de 1980, el 11 de marzo de 1981, el 23 y 31 de mayo de 1982 y el 11 de marzo de 1983, hasta que los pobladores, en coordinación con la guerrilla, lograron organizar mecanismos de autodefensa comunitaria. Foto Diario Co Latino / Cortesía

Comunidades de Chalatenango conmemoran masacres ocurridas en Laguna Seca

Saúl Méndez

Colaborador

El pasado 11 de marzo de 2026, en las montañas del histórico caserío rebelde de Laguna Seca, Nueva Concepción, Chalatenango, pobladores de la comunidad Laguna San Ramón y habitantes de sectores como Las Minas, Las Vueltas, Las Flores, Ellacuría, Ojos de Agua, Arcatao, Guarjila, Nueva Trinidad y Los Ranchos se congregaron en un sitio de memoria para conmemorar a las víctimas de las masacres y bombardeos ocurridos entre 1979 y 1983.

En el acto rindieron homenaje a las víctimas del conflicto armado en la zona. La Radio Farabundo Martí, medio de comunicación alternativo dedicado a la memoria histórica, recordó a las heroínas, héroes y mártires que ofrecieron su vida durante la insurrección popular de la década de 1980 en la lucha contra la dictadura militar y por la construcción de una sociedad con justicia social en El Salvador.

El Colectivo de Memoria Histórica de Chalatenango también recordó las palabras del compañero «Camilo».

“En la segunda mitad de la década de 1970, con el surgimiento de la Teología de la Liberación en América Latina, pobladores del caserío Laguna de San Ramón, conocido como ‘La Laguna Seca’, junto a comunidades cercanas como Plan del Picacho y Peña Flor, se organizaron en la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y en la Iglesia Popular para defender sus derechos, sus tierras y sus vidas frente a los terratenientes”, relataron organizadores de la conmemoración.

Según la memoria comunitaria, la represión ejercida por los grupos paramilitares de Organización Democrática Nacionalista (ORDEN) y por la Fuerza Armada de El Salvador provocó que muchos jóvenes campesinos se integraran a las nacientes columnas guerrilleras. Cerros como El Talzate y El Picacho, así como quebradas y elevaciones de la zona, se convirtieron en espacios de organización comunitaria, autodefensa y refugio ante los bombardeos.

“Desde 1979, la dictadura salvadoreña, con apoyo de Estados Unidos, impulsó una fuerte represión contra la población civil con el objetivo de ‘quitar el agua al pez’. Las incursiones militares y paramilitares dejaron numerosas víctimas entre niñas, niños, mujeres y personas adultas mayores, además de bombardeos indiscriminados sobre la zona”, recordaron.

La primera masacre registrada en Laguna Seca ocurrió el 27 de diciembre de 1979. Posteriormente se documentaron hechos similares el 16 y 29 de enero de 1980, el 11 de marzo de 1981, el 23 y 31 de mayo de 1982 y el 11 de marzo de 1983, hasta que los pobladores, en coordinación con la guerrilla, lograron organizar mecanismos de autodefensa comunitaria.

“Muchas heroínas, héroes y mártires abonaron con su sangre las tierras de estas alturas libertarias”, recordaron los participantes. También evocaron que en diciembre de 1983 una bomba lanzada por un avión Cessna A-37 Dragonfly, de fabricación estadounidense, impactó en un campamento guerrillero, causando la muerte del capitán Andrés, Joaquín, Dinora “La Colocha”, Rosita “La Sanitaria” y otras nueve personas combatientes, cuyas identidades aún continúan en proceso de recuperación por parte de la memoria comunitaria.

Armando Salazar recordó, en un texto publicado en 2013, que Laguna Seca resurgió pocos días después de la operación militar realizada en La Montañona en octubre de 1981. Según su testimonio, el asentamiento llegó a convertirse esencialmente en una comuna organizada por la propia población.

“La empujada materialización del idealismo de las relaciones humanas, con sus pobrezas materiales, pero teníamos agua, braseros, sol y viento de sobra. Alguna cosecha, caminos de piedras que rodeaban su iglesia roída por la represión”, escribió.

Para Salazar, la fortaleza de la comunidad no radicaba en las armas ni en la protección natural del cerro El Talzate, sino en la determinación de sus habitantes. “Su fortaleza no eran las armas ni el protector cerro El Talzate, sino los místicos huevos morales de toparse con la bestia enemiga. No ha existido otra explicación”, expresó.

El autor relató que Laguna Seca comenzó a reorganizarse pocos días después de la ofensiva militar sobre La Montañona en octubre de 1981. “Roto el cerco militar el 5 de octubre, mujeres, niños, ancianos y guerrilleros asomaron a El Conacaste: exhaustos, sin probar bocado por días, calados en sus cuerpos por la lluvia intensa de agua, morteros y con los pies destrozados por llagas a sangre viva”, recordó.

Semanas después, el equipo fundador de Radio Farabundo Martí ingresó por veredas de La Montañita y otras rutas para iniciar el primer taller de corresponsales en medio del conflicto armado, además de planificar el trabajo de información y propaganda de la organización, según el mismo texto.

“Solo escuchábamos el silbido tenebroso de la enorme carga explosiva y el estruendo expansivo. Ni los pilotos de la fuerza aérea tenían ‘huevos’ de hacer picadas con sus Fouga CM.170 Magister sobre La Laguna, para no quedar trabados e incendiados en el copete de la pinera”, detalló.

Salazar también describió un episodio ocurrido al atardecer de uno de los primeros días de enero de 1982.

“Irrumpía como primigenia hojarasca la columna del Destacamento 1 de las Unidades de Vanguardia. Venían con éxito de la “tarea” de San Fernando, la primera operación de asalto militar de las Unidades de Vanguardia UV”.

Según el texto, la guerrilla en Chalatenango comenzaba entonces a recuperar la iniciativa táctica y estratégica, luego de un 1981 marcado por las llamadas “guindas” o desplazamientos masivos para preservar fuerzas ante las grandes operaciones militares.

“La columna gritaba a todo pulmón “UV, UV, UV” y cargaban en sus hombros la primera gran requisa de armas y municiones para armar de fusiles a otro pelotón”.

“En la vereda que desciende en diagonal, los hijos de la pobrería los esperaban con ansiedad. Contenido de emociones, el chele Dimas y Chamba, entre el tumulto de gente, esperaban en el empedrado frente a la iglesia y el Negro Hugo finalmente rendía parte al frente a su tropa: se confirmaba futuro”, concluye el texto.

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