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martes , 17 octubre 2017
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EL CINE ROLDÁN DE ZACATECOLUCA, PUNTO DE ENCUENTRO DE LA RECREACIÓN VIROLEÑA,  CASTIGADA POR MENTALIDAD PRIVATIZADORA

EL CINE ROLDÁN DE ZACATECOLUCA, PUNTO DE ENCUENTRO DE LA RECREACIÓN VIROLEÑA, CASTIGADA POR MENTALIDAD PRIVATIZADORA

Wilfredo Mármol Amaya,
Psicólogo y escritor viroleño

Antes de la llegada del partido ARENA al poder, previo a 1989, existía la cadena de cines nacionales, una autentica ventana a la recreación que permitía a la ciudadanía, niñez, juventud, adultos y personas mayores visitar las salas cinematográficas en cualquier punto del país, que abarcaba incluso, los barrios más humildes que las nuevas generaciones puedan siquiera imaginar.
Para el caso, en nuestra natal Zacatecoluca tenia abierta sus puertas el siempre recordado Cine Roldán, un punto de encuentro en aquellos días de los años maravillosos. Ricos y pobres, letrados y analfabetos, hombres y mujeres, profesionales, señoras de los mercados, maestros, obreros y campesinos solían verse las caras en esos días escampados. Había funciones todos los días, y las permanencias voluntarias en la matinée de los días domingos, familias enteras visitaban el Cine Roldan, que con sus vitrales, columnas y un piso color amarillo con un brillo extraordinario, daba gusto caminar sobre él, con el cuidado de no deslizarse. Las carteleras en las entradas al cine Roldán eran verdaderas obras de arte, con las letras góticas del artista que las escribía; recuerdo a una persona de baja estatura (Short people) que era uno de los encargado de elaborarlas. En las afueras del Cine Roldán se colocaban señoras que comercializaban todo tipo de golosinas, en especial las pepitorias que eran servidas en pequeños cartuchos de papel. Todo el mundo comía pepitorias durante las películas a falta de palomitas de maíz. Frente al Cine Roldan, como parte del Mercado Municipal estaban colocados los chalets que ofrecían refrescos, sodas y cervezas a los parroquianos. Uno de ellos era propiedad de doña Chela, quien años más tarde fue atropellada por un vehículo allá por la Escuela Cañas, que le arrebato la vida.
Recuerdo en el año de 1975 cuando tuve la ocasión de ver la película «Susan and Jeremy» con los actores Robby Benson and Glynnis O’Connor, un drama juvenil que quedo marcado en nuestras memorias. El Cronista zacatecoluquense, René Alberto Contreras, señala como un viroleño que fue adolescente en los años 60 le indicó: «era bonito ir al cine Roldan, toda la serie de artes marciales y por la noche los sorpresivos para mayores de 21 años, en permanencia voluntaria; a la última no iba por que pedían cédula y además que no me dejaban ir al centro por las noches.» Pero el Cine Roldán no solo era un espacio para películas, también lo era para las principales actividades de sociedad viroleñas, tales como Graduaciones, presentaciones culturales, etc. que reunía las mejores galas y personalidades de esos años. Es de recordar que el nombre del Cine Roldán, fue en reconocimiento al mejor compositor de música sacra, Nicolás de la Luz Roldán, estuvo ubicado en la Sexta Calle Oriente, hoy nominado Fray Rufino Bugitti, al costado norte del antiguo mercado.
El viroleño, René Alberto Contreras, en su crónica «Roldán el músico jamás olvidado», nos recrea que «Las juventudes de las décadas de los años 60, 70 y 80 gozaron de ese centro de diversión que ocupaba un edificio moderno al que se accedía subiendo ocho gradas, para llegar al vestíbulo abierto donde estaban 6 columnas, seguía una pared de vidrio previo a pasar a la sala de las butacas en la primera planta. En la segunda planta estaba otra sala de butacas y el cuarto de operadores donde funcionaban los proyectores de 35 milímetros con adaptación para exhibir películas en Cinemascope, y agrega el cronista viroleño: «El gran músico y compositor nació en Zacatecoluca el 10 de septiembre de 1854. Fueron sus padres don Jesús Roldán, zacatecoluquense y doña Guadalupe Refugio Galán, de San Juan Nonualco. Falleció la noche del 10 de diciembre de 1890», refiere una recopilación de documentos hechos por el profesor Juan Oscar Salomón, ya fallecido. (Tomado de Los motetes de ltecolote.2013) Indica Rene Alberto Contreras «El nombre del prestigioso músico volvió a la memoria colectiva de los viroleños a partir de junio del 2013 al ser inaugurado, bajo la administración del Dr. Francisco Salvador Hirezi, el nuevo mercado municipal de 2 plantas y sótano, levantado en parte del terreno que ocupó el Cine y el edificio de dos plantas de madera y lámina denominada «Casa Cabildo» de la primera alcaldía a comienzos del Siglo XX, después utilizado como biblioteca.» Contiguo a la casa de la Familia Hirezi funcionó el Cine Roldán.
Claro, con el primer gobierno del partido ARENA a partir de 1989, cuyo presidente de la Republica, señor Fredy Cristiani, dio por iniciada la ola privatizadora que se llevó de encuentro la Cadena de Cines Nacionales y con ella la joya y espacio de encuentro y recreación del Cine Roldan, del cual solo quedan memorias, fotografías de estos espacios que formaban a la sociedad viroleña y la alejaban acciones de anomia social. Un golpe bajo a las sanas recreaciones, el auge delincuencial a partir de esa fecha es parte de nuestra historia. Deseo registrar un escrito de hace ya unos años, que develan parte de esto recurdos:

 

LA ÚLTIMA PELICULA
DEL CINE ROLDÁN

Maquinaria devoradora, espejo de modernización,
arrancas sin consideración, mucho menos compasión
raíces de humo, tile, vidas, sueños y sudor de ayer
levantas el piso de lo que fuera en virola su mercado.

Al costado, contiguo al Almacén Hirezi, concede su última pared,
el otrora Cine Roldán, que refleja en apocalíptica cinta
un pasado que se entierra en barro,
añorando la entrega de nuestros viejos,
será sustituido por un nuevo mercado.

En la esquina norte, a la salida,
vendedoras de camarón seco salado acariciando sus delantales,
con agua ruda implorada, hacer el nombre de Dios
tener un día bonito.

El pasillo de Lázaro Mendoza
sólo es ahora imagen difusa, sus paquines con gracia colgaba,
alquilaba fábrica de ilusiones fantásticas, además de poeta autodidacta
arreglaba palabras melódicas, gracia natural de versos sencillos,
alegrías peregrinas, amores y nostálgicas melancolías.

El pasillo de la nave central, la presencia distinguida de doña Francisca Aparicio y su hija Ermelinda, seguidas de Teresita Contreras,
María Ramos, Lola y sus hijas Mirian y Lucia Alvarenga,
ofreciendo gallinas, cusucos e iguanas jiotas,
un poquito más adentro la doncella Quetilla Ramírez,
y el fresco sabroso de Vinita Doño.

En la Sección de las cocinas, Maura Quintanilla,
con sus hijas Melvin, Ondina y Tita; Ofelia Guadrón,
Ana Cabezas, Carmen Mármol, Ricarda Pacheco,
Adela y doña Teresita Alfaro,
ofreciendo el mejor de los guisos
orgullo culinario con manteca de cuche macizo.

En la zona de las ropas, Zoila Corvera,
la bondadosa Paz Argueta,
a un ladito la esquina del Almacén El Pino
y las frutitas frescas de la niña María Colindres.

De las tierras palestinas, ofreciendo mercerías,
blondas, listones, hilos, y cordeles el local de Jacobo Salomón,
ejemplo de trabajo honesto
y abundante vida fértil

Santiago Ochoa y su Angelita,
comerciando granos y cereales, eran corazones de piedades,
así se ganaron los abuelos con trabajo sus ideales,
y por supuestos buenos reales.

Parece que fue ayer cuando Lichona
anunciaba las frutas heladas, saladitas,
todo ahora está en ruinas, pero sólo es el mañana
que toma nuevos aires, para ser testigo de gestas venideras,
con rostro sugeridos por el Siglo XXI;
a todos ustedes, los descendientes viroleños
les colmamos en ejemplo sus memorias.

El Almacén Carlita, de los Colindres,
entonan tempranito en voz alzada,
empleadores y trabajadores tomados de la mano,
ofrecen el día en oración devocional,
al Padre Celestial.

12 de septiembre de 2005.
7:12am.

Los cines fueron abolidos a través de decretos y leyes que privilegiaron la privatización. Un golpe bajo de ARENA a la ciudadanía, e irrecuperable en el tiempo y el espacio.

Mientras tanto, la sociedad viroleña continúa escribiendo sus nostalgias de futuro en manos de una gestión municipal que la ha llevado a mejores derroteros, pues Zacatecoluca ahora es una ciudad donde vale la pena vivir, bajo la mirada silente del gran Chinchontepec.

 

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