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APRENDIENDO A DETERNERSE

Álvaro Darío Lara

Escritor y docente

 

En una organización mística, escuché, una frase, que se quedó para siempre en mis reflexiones: “Vivimos tiempos tumultuosos…”. El adjetivo tumultuoso literalmente significa: “que se efectúa sin orden ni concierto”. Y esto parece tener mucha correspondencia con lo que nos ocurre a diario. Basta constatar el tránsito ensordecedor, agobiante, desesperado, de los conductores de vehículos; la ansiedad cómo se camina, se compra, se realizan las más nimias actividades, cargándolas, además, de mucha agresividad.

Pareciera que desde lo institucional, lamentablemente, también glorificamos el autoritarismo, la matonería, la amenaza, la descalificación y burla de los otros. Poco espacio para la paciencia, para la tolerancia. Hay que entender, que la razón es una diosa, que no siempre nos acompaña, que no mora en un solo lugar, sino que, es fruto de la concertación, del diálogo, de las constantes negociaciones vitales.

Por desgracia, ambicionamos hacer mucho. Más de los que con sensatez podemos. No nos bastan los caminos propios o inmediatos, deseamos alcanzar todas las rutas, todos los horizontes, en un santiamén, aunque ello resulte sumamente temerario. Nuestra agenda pretende cubrir diez o quince cosas a la vez, pese a que esto suponga llevarnos de encuentro a terceros, y sobre todo, a nosotros mismos.

Algunas señales inequívocas que estamos trasgrediendo los límites de una recomendable normalidad, pueden ser, de acuerdo a la especialista Connie Neal: “Constantemente está forzado a andar de prisa. No tiene tiempo para escuchar a sus pequeños cuando intentan decirle algo. Siempre está atrasado en sus proyectos y compromisos. Sus seres amados se quejan de que no tiene tiempo para ellos. Siempre que se supone que está jugando o relajándose, se siente atacado por pensamientos de lo que debería estar haciendo y que no está haciendo. Tiene problemas para dormir. Experimenta frecuente o constante fatiga. Está irritable. Nunca se siente del todo satisfecho. Si estos indicadores están presentes en su vida, seguramente es porque hace más de lo que puede”.

Nadie termina bien, si continuamos adicionando más carga de la que podemos sobrellevar. Esto es clave. Por supuesto, que las múltiples necesidades contemporáneas, la falta de adecuados ingresos, las eventualidades, nos demandan una mayor exigencia, pero, incluso, ésta, no puede poner en riesgo nuestro propio bienestar y tranquilidad.

Siguiendo a Neal, tres importantes alternativas son: a) Establecer prioridades concretas b) Disminuir aquéllas de poca o nula importancia y c) Cambiar el estilo de vida.  Esto último es fundamental: ¿cómo estoy viviendo?, ¿tengo un proyecto de vida?, ¿están mis esfuerzos o sobreesfuerzos a la altura de mis satisfacciones?, ¿vivo con agrado los días?, ¿me evado  de forma constante y negativa?, ¿cómo me relaciono con los demás?

Aprender a detenerse en el camino, para meditar y reorientar los pasos es siempre urgente y saludable. Ya lo dice el sabio de Ojai, Krishnamurti:  “…se debe discernir entre lo que tiene importancia y lo que no la tiene; entre lo útil y lo inútil; entre lo verdadero y lo falso; lo egoísta y lo desinteresado”.

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