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46 años del legado espiritual de Monseñor Romero

«Que quede bien claro para cada católico, que el respeto, el reclamo, la defensa de la libertad, de la dignidad, de los derechos del hombre, para la iglesia son una misión que está por encima de toda política». (Homilía del 9 de octubre de 1977).

Por Iván Escobar

Colaborador

Este 24 de marzo se cumplen 46 años del cruel asesinato por parte de escuadrones de la muerte y sectores radicales de la derecha que perpetuaron en contra del ahora santo de América, Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

Monseñor ofició la que sería su última misa, dedicada al primer aniversario del fallecimiento de Sara Meardi de Pinto, madre de Jorge Pinto hijo, director del diario opositor El Independiente, en la capilla ubicada en la colonia Miramonte, de la capital.

Eran las 6:30 de la tarde del 24 de marzo de 1980 cuando un francotirador dejó caer sobre su cuerpo una bala mortal mientras el entonces Arzobispo de San Salvador oficiaba la misa en la capilla del hospitalito de la Divina Providencia, hoy conocida como uno de los santuarios de su recuerdo y solidaridad con aquellos que sufren en la vida.

Mientras el religioso oficiaba la misa a la hora de ofrendar el pan y el vino la bala disparada por el asesino acabó con su vida y su voz se silenció; pero 46 años después de aquel crimen su palabra sigue vigente y sigue llamándonos a la reflexión, así como orientando a esta sociedad que sigue sumergida en la violencia, en la intolerancia y en la desinformación.

Monseñor Romero siempre apeló por la justicia social desde el púlpito, externado su voz a favor de las víctimas, buscando la verdad, denunciando todo tipo de atropello, sobre todo violaciones a los derechos humanos que muchas personas sufrieron durante la dictadura militar, el accionar de los cuerpos represivos del Estado y escuadrones de la muerte que asediaban a toda voz crítica al gobierno.

46 años después los salvadoreños pobres, marginados y explotados siguen buscando en la voz de Monseñor Romero, en su palabra la reconciliación, el mensaje que les permita entender el porqué de tanto sufrimiento. Hoy monseñor Romero ya no está en las masivas misas que ofició, hoy la iglesia católica lo reconoce como Santo, pero su crimen sigue impune. Los fieles seguidores de su palabra lo ven como un mártir, un hombre de fe al cual se le debe imitar en el caminar para hacer de esta sociedad más humana.

Como dato que hoy queda en la historia y puede llegar a interpretarse como palabras proféticas, encontramos en una de las invitaciones que la familia publicó días antes en la prensa escrita, hay un texto que dice: «…los he amado a todos intensamente; mi mayor anhelo en esta vida es propiciar la unidad, el amor y el entendimiento…», Sara de Pinto. Fueron palabras que escogió la familia, de una mujer que vivió la cercanía de Mons. Romero y el entorno que vivió.

Recordando su palabra, destacan hoy esta frase que expresó en la misa del 9 de octubre de 1977, que en el tomo 1 de sus homilías está citada como: «La iglesia de la promoción integral», allí Monseñor además de todo el registro que hace y pensamiento, dijo: «que quede bien claro para cada católico, que el respeto, el reclamo, la defensa de la libertad, de la dignidad, de los derechos del hombre, para la iglesia son una misión que está por encima de toda política».

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