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Luis Rivera

El Gobierno ha iniciado una intensa campaΓ±a para presentar la eventual salida de El Salvador de la denominada β€œlista corta” de la OrganizaciΓ³n Internacional del Trabajo (OIT) como una especie de certificaciΓ³n internacional de Γ©xito laboral, estabilidad institucional y dignificaciΓ³n de la clase trabajadora.

Las imΓ‘genes oficiales aseguran que la eventual salida de El Salvador de la denominada β€œlista corta” traerΓ‘:
β€” mayor seguridad jurΓ­dica;
β€” fortalecimiento institucional;
β€” diΓ‘logo social;
β€” modernizaciΓ³n del Estado;
β€” reconocimiento internacional;
β€” y dignificaciΓ³n real de los trabajadores.

Sin embargo, el problema es que la OIT no funciona como un organismo de propaganda polΓ­tica ni entrega certificados de excelencia gubernamental.

La ComisiΓ³n de AplicaciΓ³n de Normas examina casos concretos relacionados con posibles incumplimientos a convenios internacionales ratificados por los Estados, particularmente en materia de:
β€” libertad sindical;
β€” negociaciΓ³n colectiva;
β€” protecciΓ³n contra represalias;
β€” y garantΓ­as laborales efectivas.

Por eso, presentar la eventual salida de El Salvador de la denominada β€œlista corta” como evidencia concluyente de que los problemas estructurales laborales han sido superados resulta, como mΓ­nimo, cuestionable.

Especialmente cuando en el paΓ­s continΓΊan existiendo denuncias sobre:
β€” despidos masivos en el sector pΓΊblico;
β€” supresiΓ³n y reestructuraciΓ³n de plazas;
β€” debilitamiento sindical;
β€” despidos y afectaciones contra dirigentes gremiales;
β€” asΓ­ como detenciones y procesos penales contra lΓ­deres sindicales como Sabino Antonio Ramos, Giovanni Aguirre, Misael Itamir GΓ³mez, Franklin Izaguirre y otros casos que han sido denunciados pΓΊblicamente por organizaciones laborales y de derechos humanos;
β€” ademΓ‘s de persistentes obstΓ‘culos para la defensa judicial efectiva de los trabajadores.

Y es precisamente ahΓ­ donde el debate deja de ser ΓΊnicamente polΓ­tico para convertirse tambiΓ©n en un problema constitucional y de derecho internacional.

La ConstituciΓ³n de la RepΓΊblica reconoce la libertad sindical, el derecho de asociaciΓ³n y la protecciΓ³n especial del fuero sindical como mecanismos indispensables para garantizar que los trabajadores puedan organizarse y defender sus derechos sin temor a represalias, despidos arbitrarios o persecuciΓ³n.

Del mismo modo, el ordenamiento jurΓ­dico laboral salvadoreΓ±o y los convenios internacionales ratificados por el Estado β€”particularmente los Convenios 87 y 98 de la OITβ€” obligan a garantizar:
β€” independencia sindical;
β€” protecciΓ³n efectiva de dirigentes gremiales;
β€” negociaciΓ³n colectiva autΓ©ntica;
β€” y tutela judicial real frente a actos antisindicales.

MΓ‘s allΓ‘ de la narrativa oficial, los mecanismos de control de la OIT han insistido histΓ³ricamente en la necesidad de que el Estado salvadoreΓ±o avance y cumpla efectivamente con sus obligaciones internacionales en materia de:
β€” libertad sindical;
β€” protecciΓ³n del fuero sindical;
β€” negociaciΓ³n colectiva autΓ©ntica;
β€” investigaciΓ³n y sanciΓ³n de actos antisindicales;
β€” acceso efectivo a justicia laboral;
β€” y garantΓ­as reales para que trabajadores y dirigentes sindicales puedan ejercer actividad gremial sin temor a despidos, represalias o persecuciΓ³n.

Sin embargo, gran parte de esas observaciones, exigencias y recomendaciones continΓΊan siendo objeto de cuestionamiento, precisamente porque persisten denuncias sobre despidos masivos, debilitamiento sindical, afectaciones al fuero gremial, criminalizaciΓ³n de dirigentes y obstΓ‘culos reales para el ejercicio pleno de los derechos laborales y sindicales en El Salvador.

La contradicciΓ³n mΓ‘s evidente aparece cuando la propaganda oficial habla de β€œdignificaciΓ³n real de la clase trabajadora”, mientras organizaciones y movimientos laborales sostienen que mΓ‘s de 60,000 trabajadores del sector pΓΊblico han sido despedidos durante la actual gestiΓ³n.

Porque la dignificaciΓ³n laboral no se mide ΓΊnicamente con campaΓ±as publicitarias o percepciones internacionales.

TambiΓ©n se mide por:
β€” estabilidad laboral;
β€” acceso efectivo a justicia;
β€” respeto al fuero sindical;
β€” cumplimiento de resoluciones;
β€” y capacidad real de los trabajadores para reclamar derechos sin temor a represalias.

Otro punto delicado es el supuesto β€œfortalecimiento del diΓ‘logo social”.

La OIT entiende el diΓ‘logo social como la existencia de condiciones reales para negociaciΓ³n colectiva, independencia sindical y participaciΓ³n equilibrada entre trabajadores, empleadores y Estado.

Pero precisamente una parte importante de las observaciones internacionales hacia El Salvador han girado alrededor de conflictos sindicales, denuncias de persecuciΓ³n gremial y debilitamiento de organizaciones laborales.

La discusiΓ³n de fondo deberΓ­a ser otra:

ΒΏRealmente mejoraron las condiciones laborales de los trabajadores salvadoreΓ±os?

ΒΏExisten hoy mayores garantΓ­as efectivas para la defensa de sus derechos?

ΒΏSe fortaleciΓ³ verdaderamente la libertad sindical?

ΒΏO ΓΊnicamente se estΓ‘ intentando convertir una evaluaciΓ³n tΓ©cnica internacional en una herramienta de legitimaciΓ³n polΓ­tica y propaganda institucional?

Salir de un mecanismo de observaciΓ³n puede tener relevancia diplomΓ‘tica.

Pero eso no equivale automΓ‘ticamente a resolver las causas estructurales que originaron el escrutinio internacional.

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