Redacción Nacionales
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El periodista comunitario Víctor Barahona afirma que su compromiso con las comunidades salvadoreñas continúa pese a los casi 12 meses que permaneció detenido bajo el régimen de excepción. Tras recuperar su libertad, asegura que las secuelas físicas, emocionales y familiares de su encarcelamiento siguen presentes, pero sostiene que no dejará de denunciar las condiciones de vida de las poblaciones vulnerables.
Barahona fue capturado el 7 de junio de 2022, en su vivienda, durante un procedimiento policial. Según relató en Encuentro con Julio Villagrán, los agentes inicialmente le dijeron que debía acompañarlos y posteriormente le comunicaron que quedaba detenido bajo el régimen de excepción. El periodista asegura que presentó sus credenciales, pero estas no impidieron su arresto.
Denunciar los problemas de las comunidades
El comunicador sostiene que su trabajo periodístico y comunitario, centrado en visibilizar la falta de inversión, el hambre y las necesidades de las comunidades, pudo haber incomodado a las autoridades.
“Cuando un periodista comunitario hace una denuncia, se incomoda al Estado”, expresó al recordar las críticas que había recibido por abordar los problemas sociales y cuestionar a distintos sectores políticos.
Barahona explicó que, antes de su captura, participaba en espacios de comunicación donde se discutían temas políticos y se escuchaban las experiencias de diferentes sectores sociales.
Su detención fue denunciada públicamente y recibió atención de organizaciones periodísticas, entre ellas la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), según recordó durante la entrevista.
Las secuelas del encarcelamiento
Durante su detención, Barahona pasó por distintos centros penitenciarios, incluido el de Izalco, uno de máxima seguridad, conocido como “El infierno”. Describe las condiciones de reclusión como degradantes, marcadas por el hacinamiento, la falta de acceso adecuado a medicamentos, la alimentación insuficiente y la incertidumbre sobre el destino de los detenidos.
El periodista, quien padece hipertensión, aseguró que salió de prisión con graves afectaciones físicas y una pérdida aproximada de 80 libras de peso. También señaló que su familia sufrió las consecuencias de la separación: una de sus hijas necesitó tratamiento por depresión y su hijo mayor desarrolló diabetes.
La experiencia, agregó, estuvo acompañada por el temor constante, la falta de información sobre sus familiares y el deterioro emocional de quienes permanecían encarcelados sin saber cuándo recuperarían su libertad.
Barahona recuerda que su salida ocurrió en abril de 2023, después de casi un año de detención. Su liberación, relató, estuvo acompañada de incertidumbre y dificultades para regresar a casa.
Justicia individual y garantías
El periodista cuestionó los procedimientos judiciales relacionados con los juicios masivss bajo el régimen de excepción y sostuvo que cada persona debe ser juzgada individualmente, con pruebas y garantías procesales.
“No estamos defendiendo delincuentes; hay que liberar inocentes”, afirmó al referirse a las personas que continúan detenidas y a la necesidad de revisar los casos.
También expresó preocupación por la falta de seguridad jurídica y por el temor que, según dijo, continúa experimentando después de recuperar su libertad.
El compromiso de seguir informando
Barahona señaló que retomar su vida no ha sido fácil. Perdió su empleo y debió comenzar de nuevo, mientras sus familiares le han expresado temor ante la posibilidad de que vuelva a ser detenido.
«En El Salvador no es fácil hacer periodismo», dijo Barahona.
Sin embargo, asegura que continúa trabajando con las comunidades y participando en actividades deportivas y sociales. Considera que guardar silencio ante las injusticias significaría abandonar a las personas cuyas necesidades intenta visibilizar.
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