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Una sociedad indiferente con problemas colectivos

Uveli Alemán

Imagínese este cuadro: usted camina cerca de las siete de la noche por las calles principales de la iluminada ciudad de San Salvador. En una esquina está un niño no mayor a los diez años, cure stuff lleva ropa sucia y sostiene con una mano un bote de pegamento. Lo primero que piensa es que a lo mejor no tiene hogar y que sus padres son unos míseros descuidados que dejan a la suerte del destino un infante consumido en el mundo de las drogas.

Luego usted se da la vuelta y continúa con su camino.

Pasa el tiempo y algunas veces recuerda al niño. En ocasiones cuando discute sobre cómo está la difícil situación del país, ailment click usted, help actuando como todo erudito, crítica el sistema que permite este tipo y otras injusticias. Usted jamás pensó en cómo su indiferencia y apatía contribuyen a los patrones de exclusión social que abonan a este escenario.

El ser humano por naturaleza se adapta a su entorno y aprende a sobrevivir en una sociedad donde la ley darwinista impera. En este proceso es muy probable que se vuelva ajeno a los problemas sociales que también aquejan a los demás y solo busque su propia salvación.

Esto pasa en El Salvador.

En medio de tantos muertos ya nadie se extraña que haya otro, excepto si es un familiar o conocido; no obstante, el luto solo dura unos días porque hay prioridades en que pensar. Hay que dejar que los muertos entierren a sus muertos.

Mientras tanto, los vivos seguiremos haciendo lo mismo. Los niños crecen creyendo que todo esto es normal y se adaptan, ya los parques no son para recreación y ocio, sino como centro de control de grupos delincuenciales.

Las personas caminan atropellándose mutuamente sin siquiera mirarse. Andan siempre con prisa porque quieren tomar el primer bus para evitar el tráfico y no llegar tarde los lugares de trabajo, donde los salarios a duras penas alcanzan para satisfacer las necesidades básicas.

Esquivan los estorbos de la calle y evitar toparse con los indigentes que desde temprano comienzan a pedir limosna.

“Busquen trabajo” dice uno que otro. Ciertamente, hay algunos que pudiendo tener un empleo no lo hacen y se acomodan a la voluntad de las personas, pero quién es omnipotente para saber si detrás esos rostros descoloridos no hay una historia que con altos y bajos propició la situación.

Las sociedades llegan a un punto en que se enferman y comienzan a asimilar la violencia, muertes a escalas, los indigentes, los niños en la calle, mujeres golpeadas por sus parejas, como algo normal con lo que hay que enfrentarse diariamente. La población no está totalmente inconsciente a su entorno, simplemente ya se acostumbró a él. No está cómoda pero no hace nada para mejorarlo.  Es claro que algo está mal con el sistema, pero la población en general forma parte de éste. Un niño de la calle tiene su historia, situaciones que la generaron. Padres con problemas que los hacen impases de educar a otro ser humano en una sociedad que busca solucionar las problemáticas grandes dejando de lado las pequeñas, que en conjunto forman ésta.

Si las personas quieren un mejor mundo, deben comenzar a cambiar su percepción y buscar contribuir a solucionarlo, no solo limitarse a emitir juicios de valor, que sirven para fomentar la libertad de expresión, y dejar que los que creen saber todo sigan haciendo lo que suponen correcto.

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Un Comentario

  1. Hemos sido educados en el YO. Al sistema le ha convenido así, porque una población individualista es de fácil manipulación. La solución está en comenzar a pensar en el NOSOTROS y ayudarnos mutuamente de la manera que podamos. ¿Cuántas veces has botado las tortillas arruinadas porque te sobraron? ¿Cuántas veces vemos el gran desperdicio de comida en restaurantes, habiendo tanta hambre? ¿Cuántas veces ayudamos a nuestro vecino a limpiar la acera y la cuneta?
    Una educación que dignifique a la persona y que inculque el valor de la solidaridad, es lo que necesitamos.

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