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martes , 24 octubre 2017
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Un nuevo puente sobre el Sena

Iosu Perales

Un poco de perspectiva histórica. Con la guerra de Afganistán ya en marcha, medical ask el 20 de marzo de 2003, ampoule Estados Unidos inició el ataque e invasión de Irak con la excusa de poner fin a un régimen que poseía armas de destrucción masiva. En este contexto mundial –las guerras continúan a día de hoy- el 30 de septiembre de 2005 el diario danés Jyllands Posten publicó unas caricaturas de la figura del profeta Mahoma, store cuya representación está prohibida por el islam suní. En una de las caricaturas se veía a Mahoma con una bomba en lugar de turbante. En un principio el debate se planteó como un conflicto entre la libertad de expresión y el respeto a la religión. Amparado en la primera, el diario se negó a presentar disculpas. “Hacemos sátiras sobre Jesús, la familia real, los políticos. No satirizar a los musulmanes sería mostrar prejuicios”, afirmó Flemming Rose, redactor jefe de Cultura del Jyllands Posten. Pero las protestas musulmanas arreciaron e incluso voces occidentales –como por ejemplo la de Jacques Chirac y  Rodríguez Zapatero- llevaron al periódico a cambiar su posición. “Esos dibujos no violan la legislación danesa, pero han ofendido de manera irrefutable a muchos musulmanes y presentamos nuestras excusas”, escribió su redactor jefe, Carsten Juste, en una carta dirigida a la agencia de noticias jordana Petra.

Por solidaridad con el periódico danés, las doce caricaturas fueron posteriormente publicadas por diarios y revistas alemanes y franceses entre 2005-2006, por ejemplo por la revista noruega Magazinet, y los diarios Le Canard Enchaine y France Soir, este último las publicó junto con otras representaciones satíricas alusivas a las principales religiones practicadas en el mundo, reafirmando el derecho que tiene la sociedad a blasfemar. Por su parte el semanario satírico francés de izquierdas Charlie Hebdo publica las caricaturas el día 8 de febrero de 2006, añadiendo otras nuevas.

La primera pregunta que cabe hacerse es: ¿Es razonable que en pleno ataque de Occidente contra países musulmanes, se publiquen unas caricaturas de Mahoma entre las que destacan una en cuyo turbante porta una bomba? ¿Acaso la idea es decir que el terrorismo yihadista tiene en el propio Mahoma inspiración y liderazgo? ¿Se trata acaso de una manera de contribuir a la paz? Un detalle: como respuesta, en ese mismo febrero de 2006, un diario iraní convocó un concurso de chistes sobre el Holocausto judío. Más gasolina al fuego. Cada cual exhibe su propia coherencia.

Sin lugar a dudas la comunicación y por tanto la libertad de expresión y la prensa son esenciales a la vida democrática. Son un pilar insustituible sin el que la ciudadanía quedaría a merced de la tiranía. Es tanto el poder y la importancia de una prensa libre y autónoma que el uso por ésta de la libertad de expresión debe ajustarse al derecho de la ciudadanía a estar verazmente informada y a no utilizar la irresponsabilidad bajo la coartada de esa misma libertad con fines de sectarismo, de manipulación y de provocación. La libertad de expresión es un bien a cuidar y no un arma arrojadiza para agitar confrontaciones. Con el mundo en guerra tras el 11 de septiembre, una ofensiva bélica norteamericana realmente ciega y salvaje, y un yihadismo ávido de victimismo para cohesionar a los suyos y justificar matanzas terroristas, a mí no se me hubiera ocurrido nunca representar públicamente a Mahoma y menos con una bomba por turbante. Ya no es una cuestión de derechos, es un asunto de cordura.

El derecho a la crítica no debe tener, de entrada, límites. Pero debe ser responsable. Quien tiene en sus manos un periódico, una radio o un canal de televisión, tiene una responsabilidad social. Ello significa su derecho a expresarse libremente y su aceptación de las críticas como parte del juego democrático. Claro que estar en contra de determinadas publicaciones jamás puede justificar quitar la vida de periodistas, de dibujantes ni de nadie. Por eso, si digo “Je suis Charlie” es porque me solidarizo con las personas a las que se ha quitado la vida y ante este drama de vidas arrebatadas la línea editorial de Charlie Hebdo es un tema de poca importancia.

Pero he querido hacer una reflexión en dos claves: por un lado sobre la importancia de no confundir libertad de expresión con libertad de provocación. La historia está llena de intervenciones dañinas a la democracia de medios de comunicación manipuladores e incluso conspirativos. Por otro lado, aun cuando se trate de publicar dibujos y/o contenidos perfectamente asumibles en una sociedad madura es necesario tener en cuenta el sentido de la oportunidad. Estás bombardeando un país y a la vez utilizas a su profeta religioso para la sátira. ¿Innecesario no? Pero es que, además, no parece que este sea el mejor modo de mantener un diálogo entre civilizaciones. Claro que hay en Europa mucha gente a la que le importa un bledo eso del diálogo con el mundo musulmán. Cuando se quiere de verdad entenderse, construir un mundo nuevo, parece necesaria la empatía, ponerse en el lugar del otro y pensar que puedo hacer por el otro. La respuesta inicial puede estar en la palabra respeto. Tras la gran movilización del domingo, París tiene la oportunidad de dejar atrás la pesada herencia del colonialismo y tender un nuevo puente sobre el Sena, uno que reúna a todas las comunidades y razas que la habitan.

Por otra parte, en esta campaña por la libertad de expresión hay mucho fraude. Basta con mirar con atención la composición de la primera fila de la manifestación de París para que el discurso ingenuo y democrático se venga abajo. Demasiado criminal en esa primera fila, con Netanyahu al frente. Demasiado recortador de libertades, con Rajoy en cabeza. Demasiado oscura esa foto. Puedo imaginarme a muchos de ellos como a la par de sus pasos iban diseñando mentalmente nuevas vueltas de tuerca a la seguridad –recortes de libertades- blandiendo como coartada la libertad. Y detrás de ellos irán probablemente, serviles y asustados, otros dirigentes políticos de la oposición a los que sus cálculos electorales, otra vez más, les van a llevar a ser cómplices de lo irreparable. “Tratándose de la seguridad frente al terrorismo internacional no tenemos línea rojas” acaba de decir el socialista José Enrique Serrano a la pregunta de un periodista. ¿Sabe este hombre la barbaridad que ha dicho?  Al menos desde la oposición le han corregido al decir “las libertades públicas son líneas rojas que no se deben cruzar”. Algo es algo.

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