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Un diario muy breve

Armando Molina

Cuentista

1 de Mayo

Esta mañana desperté con el vago presentimiento de que mi vida va a cambiar. Es mayo; lo sé. Pero eso nada tiene que ver con mi nuevo estado de ánimo. Porque es nuevo. Y eso también lo sé. Esto es lo que pienso: mañana es lunes. Tendré que vestirme. Seguramente. Un elevador cromado. Octavo piso. Figuras en trasfondos afelpados en la individualidad de un cubículo. Me preguntaré si son pájaros. Pero sé que son naturalezas humanas. Las conozco. Recortados como estatuas sin lengua. Con los ojos vacíos. Como si estuvieran muertos. Eso es lo que miro. Y sé que vivimos los unos junto a los otros. Y viceversa.

Una figura que se acerca. Puedo olerla. Le miro el rostro y me veo a mí mismo desde lejos. Pisadas alfombradas a lo largo de grises pasillos. Veo sus rostros balanceados. Ni siquiera puedo oírles porque hablan demasiado fuerte. Con gritos ahogados. Al menos así me parece. Me pregunto si me he equivocado. Sé que existe esa posibilidad. Pero algo más fuerte y que no entiendo me dice que todo esto es cierto.

Se parece mucho a la vida real.

2 de Mayo

Lo curioso es que ni siquiera hay indicios de que allá afuera haya violencia. El día es muy caluroso, cure la contaminación le da al cielo un dramático tinte rojizo que se derrama por toda la ciudad. Es difícil creer que dos días atrás hubo treinta y siete muertos en las calles de Los Ángeles. Esta cifra no impresiona a muchos, doctor es cierto, there pero el hecho de que la turba se lanzó a la calle en protesta por el veredicto dado a cuatro policías blancos que apalearon salvajemente a un negro hace cosa de un año, no deja de estremecer. Hasta quisiera decir que nada de esto me impresiona. Pero no es cierto. Las imágenes que vi por televisión eran de espanto. En una de las secuencias vi cuando un grupo de adolescentes negros atacó a un camionero; lo bajaron de su camión, lo embistieron a patadas como animales enloquecidos hasta hacer que se hincara de dolor; luego, uno solo de ellos con un ladrillo le destrozó la cabeza. ¿Cuántas veces ocurre esto en el mundo entero cada día? Me pregunto si serán asuntos de estadísticas y lógica. Todos hablan de recesión, de depresión económica, de falta de servicios públicos, y de falta de fe y de esperanza. ¿Pero qué tienen que ver la fe y la esperanza en esta clase de macabros asuntos? Son cosas de los hombres, me digo. No debería dejarme impresionar por esta clase de perversos espectáculos. Pero me resulta difícil no hacerlo. Me pregunto si estos incidentes son contemplados por alguna ciencia. Supongo que caerían dentro de la sociología, la antropología y la política (economía). Indicadores modernos del alma humana. Ciencias crípticas e inútiles.

En el momento en que todas estas infamias humanas ocurren, yo tengo mi propio drama entre las manos. Pero mi drama es demasiado banal en comparación, y la comparación es de por sí odiosa. Lo cierto es que estoy en la búsqueda de una casa para vivir… Volver a empezar en soledad, me digo. Con incertidumbre… Con la diferencia de que esta vez pienso quedarme un buen tiempo en el mismo lugar. Pero eso es solo un decir. Me interesan los puntos de contingencia en la vida (en la mía, quiero decir). Y mientras yo busco un lugar para vivir, la Guardia Nacional ha sido desplegada junto al ejército por toda la ciudad de Los Ángeles… y en África hubo una masacre en la que murieron ciento ochenta personas a machetazos… y en Brasil sucumbieron tres aldeas indígenas a la peste bubónica… ¿Pero qué significan realmente estos dramas en la vida de un hombre? Por ejemplo, un hombre que fuma un cigarro en la soledad del patio de su casa en Puerto Barrios, Guatemala. Aún para mí. Nada en el ambiente indica cambios severos de vida para nadie. Es todo tan inexpresivo. Y los dramas continúan. La mezquindad se disfraza con la máscara de la decencia y se mezcla con la turba: los resultados de esa combinación son infinitos. He ahí una palabra sin sentido, inexpresiva: Infinito.

3 de Mayo

El sol está a punto de ocultarse.

Otro día que huye.

Nada ha cambiado.

Nadie me espera.

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