Por: Leonel Herrera*
Diversas organizaciones y comunidades participaron en la marcha ciudadana del pasado 25 de enero, en el marco del mes de la firma de los Acuerdos de Paz. La actividad fue muy significativa y su relevancia está determinada por, al menos, tres aspectos.
El primero tiene que ver directamente con el hecho mismo de la realización de la marcha. Es relevante que varias organizaciones y comunidades marchen a pesar de la descalificación, la estigmatización, los discursos de odio político, las amenazas, el linchamiento digital, la persecución judicial y la “espada de Damocles” del régimen de excepción sobre sus cabezas.
Ciertamente no se trató de una marcha multitudinaria, pero sí muy representativa de los sectores afectados por el autoritarismo, la crisis económica y la falta de solución real a los problemas estructurales. Cada persona participante representó a miles que no marcharon por temor pero cada día son conscientes de la verdadera situación del país y esperan el momento en el que inevitablemente se tendrán que movilizar para frenar el despojo y la deshonra.
El segundo aspecto es la visibilidad que ha tenido la movilización, especialmente en redes sociales. De manera espontánea se expresó una ciudadanía comunicativa que, con la consigna no declarada de “no voy (por miedo) pero difundo y comparto”, llevó a cabo una marcha -ésa sí- multitudinaria, de cientos de miles de “vistas”. Y este tipo de marchas suelen ser aún más peligrosas para los intereses de las autocracias desinformativas.
En tal sentido, la marcha del 25 de enero podría marcar un precedente en las movilizaciones sociales futuras. Estas podrían centrarse en el componente comunicacional, más allá de la proporción presencial de las movilizaciones que serán siempre acosadas por un régimen que intentará a toda costa mantener a la población atemorizada, intimidada y “salvequeada” para que, resignadamente y sin quejarse, siga aceptando la “medicina amarga”.
Y el tercer aspecto es la propuesta al país que plantearon las comunidades históricas de Cabañas, Chalatenango, Cuscatlán y otros departamentos que participaron en la movilización. Las comunidades plantean construir una “nueva democracia” y un “nuevo modelo económico”.
“El hecho de que la democracia liberal-representativa derivada de los Acuerdos de Paz haya resultado insuficiente para resolver los problemas estructurales del país, no justifica la instalación de una democracia totalitaria que no es más que una nueva dictadura”, dice el pronunciamiento. Por eso proponen “una democracia que sea participativa y donde la población pueda decidir directamente en los aspectos que afectan su vida”.
Las comunidades sostienen que “la falta de eficacia de la democracia post Acuerdos de Paz se debió a un modelo económico excluyente que negaba los principios y objetivos democráticos”. “Mientras el pueblo salvadoreño celebraba la llegada de la paz, la oligarquía y sus servidores políticos imponían el neoliberalismo que terminó agravando los problemas de exclusión y las desigualdades que habían causado la guerra”, señala el comunicado.
Por eso también proponen “un nuevo modelo económico-social productivo, incluyente, solidario y sustentable”. Las prioridades de este modelo serán “la justicia tributaria, la producción alimentaria, las pensiones dignas, el apoyo la micro y pequeña empresa, una mejor salud y educación, oportunidades para la juventud, los empleos dignos y salarios justos, la protección a sectores vulnerables, el combate a la pobreza y a la concentración de la riqueza, el cuidado del agua y el medioambiente, el acceso a vivienda y demás necesidades, demandas y aspiraciones de la gente”.
En relación a los Acuerdos de Paz, las comunidades reivindican su importancia y significado histórico. “Los Acuerdos pusieron fin a doce años de cruenta guerra civil y cinco décadas de militarismo atroz; por tanto, no son una farsa, como dice el relato negacionista del actual gobierno”, plantea la declaración. “Los Acuerdos de Paz son importantes para las comunidades que sufrimos la represión y el exilio antes y durante el conflicto armado”, manifiestan.
Las comunidades históricas también recordaron que este mes de enero se cumplen 94 años de la rebelión de los pueblos originarios y el posterior genocidio y etnocidio, donde más de 30 mil personas fueron masacradas por exigir su derecho a la tierra y mejores condiciones de vida. “Las comunidades históricas queremos unir esfuerzos con las comunidades y organizaciones indígenas para luchar por el sueño de nuestros ancestros de un país mejor, que es también nuestro sueño”, dice el manifiesto.
Finalmente, las comunidades reiteraron el llamado a los sectores del país que hicieron en el encuentro de Mesa Grande, Honduras, el pasado 10 de enero. Instan a la población “a informarse adecuadamente, perder el miedo, asumir una actitud digna y organizarse para defender sus derechos, combatir las injusticias, revertir los abusos y dar por terminado este régimen mentiroso, corrupto y autoritario”.
Las comunidades advierten que este despertar ciudadano “es una condición necesaria para construir la nueva democracia y el nuevo modelo económico”.
*Periodista y activista social.
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