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Teoría de género versus “ideología de género”

Juan José Tamayo

Director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” e investigador del Instituto Universitario de Investigaciones de Género, de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2019) e Islam. Sociedad, política y feminismo (Dykinson, 2018, 2ª ed.).

En mis viajes por diferentes países vengo observando la utilización prácticamente unánime del Vaticano y de los obispos católicos de todo el mundo de la expresión “ideología de género”, para descalificar la teoría de género con el mismo o similar argumentario. Para ello falsifican dicha teoría, la someten a caricatura, la hacen decir lo que no dice, e incluso la responsabilizan de la destrucción de la familia y de otras prácticas todavía más graves. Valdría aquí el viejo dicho: “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

La última de las manifestaciones al respecto ha sido la del arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, quien apoyándose en el desenfocado documento del Vaticano varón y mujer los creó (Gén. 1,27), responsabiliza a la “ideología de género” de la deconstrucción de la visión de la persona humana y asevera que su implantación progresiva en el ámbito educativo “esta provocando una gran desorientación entre los niños, adolescentes y jóvenes”.

Tales valoraciones negativas y condenatorias de la teoría de género, con nombre intencionadamente interpuesto: “ideología de género”, me parecen una falta de respeto intelectual, rayana en la frivolidad, una descalificación moral inaceptable o un desconocimiento interesado hacia una teoría que viene desarrollándose durante varias décadas con rigor y sólida fundamentación científica.

Entre las múltiples acepciones de la palabra “género”, el DRAE no recoge su significado” según la teoría feminista. Empiezo por recordar que no debe confundirse “género” y “mujeres”. Género es una categoría de análisis, como lo es la categoría “clase social”, que no se identifica con la clase trabajadora. He aquí las líneas fundamentales de la categoría de “género”.

“Masculino” y “femenino”, construcciones socio-culturales

Lo “masculino” y lo femenino” son construcciones socio-culturales, no hechos naturales o biológicos. Escribe Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo, ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana, es el conjunto de la civilización la que elabora ese producto que se califica de femenino”. Lo mismo cabe decir del hombre.

La división de espacios, sentimientos, virtudes, actitudes ante la vida, comportamientos morales, sensibilidades, distribución de tareas entre hombres y mujeres, no lo son por naturaleza, sino que son adquiridos y producto de la educación.

Así, al varón se le asignan la cultura, la ciencia, la técnica, la lógica, la racionalidad, el conocimiento, la teoría, la objetividad, la capacidad de abstracción, el poder, la responsabilidad, la autoridad, el equilibrio, la madurez, la actividad, la virilidad, la firmeza de carácter, la intervención en el ágora, en el espacio público, el sentido de la realidad, las visiones de conjunto, la objetividad y el rigor en los análisis, el sentido de lo universal.

La mujer es identificada con la naturaleza y vinculada con el instinto, el sentimiento, la intuición, la visceralidad, la histeria, la inmadurez, la pasividad, la debilidad , el sentido práctico, las habilidades manuales, el apasionamiento, la subjetividad, las visiones parceladas de la realidad, la ética del cuidado, la paciencia, la falta de capacidad de abstracción, la afectividad, la ternura, la dependencia, la obediencia, la sumisión, la invisibilidad, el espacio doméstico, el recato, el sentido de lo particular.

“Lo personal es político”

La teoría de género cuestiona la división entre público y privado. Lo expresan de manera certera las feministas de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX en la afirmación de que “lo personal es político”, que se convirtió en el lema del feminismo radical.

El concepto “género” aparece por primera vez como título de un artículo publicado por Carol Hanisch en Notes from the Second Year (Hanisch, 1970), que surge como respuesta a la acusación de Dottie Zellner, participante en los grupos de autoconciencia. Zellner consideraba que dichos grupos carecían de dimensión política y constituían solo una “terapia” para mujeres. Hanisch, participante del grupo de conciencia de Nueva York, pretende mostrar el alcance político de los grupos.

Ella considera totalmente inadecuado el concepto de “terapia” aplicado a los grupos de conciencia, ya que “terapia” implica “enfermedad”, esto es la existencia de un problema individual que hay que solucionar, cuando en realidad las mujeres no están enfermas, sino que están oprimidas. El argumento es de extraordinaria importancia como respuesta a la estrategia de las propuestas reaccionarias de reducir los problemas políticos de las mujeres a problemas individuales. Al tratarse de problemas individuales la solución propuesta era la individual, que pasa por la adaptación.

Susan Brown Miller aplica el aforismo “lo personal es político” a la violación. La violación no es un acto aislado de un hombre enfermo, sino una manifestación del control patriarcal. La violación y el acoso sexual son expresiones de apropiación colectiva que Colette Guillaumin define como “pertenencia de la clase de las mujeres en su totalidad a la clase de los hombres en su totalidad”.

Objetivos y tareas de los estudios de género

Entre los objetivos y tareas de los estudios de género cabe citar los siguientes:

a) Análisis crítico de las construcciones teóricas patriarcales (de-construcción) y recuperación de las voces silenciadas que a lo largo de la historia defendieron la igualdad de los hombres y las mujeres y la emancipación de estas.

b) Nueva forma de aproximación a la realidad utilizando las categorías que explican o descubren nuevas dimensiones de la realidad no tenidas en cuenta en los análisis de las ciencias sociales y de la filosofía.

c) Los grandes sistemas filosóficos (marxismo, estructuralismo, existencialismo, etc.) y las diferentes tendencias de las ciencias sociales no repararon en la opresión de las mujeres. Los estudios de género identifican y desenmascaran el carácter androcéntrico y patriarcal del discurso filosófico y de las ciencias sociales.

d) Los estudios de género redefinen los grandes temas de las ciencias sociales (antropología, sociología, psicología social, economía…) y recorren todos los ámbitos y niveles de la sociedad: política, vida, cotidiana, hogar, trabajo, ocio, relaciones sociales, relaciones familiares, educación, etc.

e) Cuestionan la supuesta universalidad y la infundada neutralidad de los modelos teóricos y de las técnicas de investigación.

f) Tienen carácter militante: se orientan a la destrucción del sistema de dominación masculina y a la construcción feminista de una nueva teoría del poder.

A la luz de esta concepción del género dentro de la teoría feminista hice un análisis crítico, publicado en RD, del documento Varón y hembra los creó (10.6.2019, Ciudad del Vaticano, 2019), de la Congregación Vaticana para la Educación Católica, que constituye una crítica a la llamada “ideología de género”, sin rigor científico alguno y a partir de los estereotipos patriarcales instalados en el imaginario eclesiástico.


  1Simone de Beauvoir, El segundo sexo, Aguilar, Madrid, 1981, 247.

2Desde la primera edición del DRAE en 1780 hasta las ediciones más recientes “femenino” se definió como “sexo débil”, “débil”, “endeble”.

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