-Pacífico Chávez
El 26 de diciembre del 2004, un terremoto causó un tsunami en costas del océano Indico, olas de más de 20 metros dejaron mucha muerte. En esos momentos, cuando la vida está en peligro, el instinto provoca salvarse a uno mismo, pero cuando se es padre se piensa en cuestión de segundos en los hijos, en salvarlos de alguna manera de aquel momento mortal. Existen alertas de tsunami, pero en ocasiones llega tarde, dejando poco tiempo para reaccionar y buscar lugares seguros donde las enormes olas no lleguen.
Este 2026 está dando señales de alerta, una de ellas es la tendencia del dólar estadounidense a seguir perdiendo valor, ahora aún más notable con las políticas adoptadas por su gobierno.
Algunos analistas ven varias ventajas en esta estrategia, porque al bajar el dólar gringo, respecto a otras monedas, los productos estadounidenses se vuelven más competitivos en mercados globales, también es una estrategia para disminuir de manera inmediata el monto de la deuda externa de EE.UU.
Lo anterior indica que Estados Unidos está buscando beneficios para su economía y nada más.
Otra señal a considerar para este 2026 es el discurso del presidente Trump de querer agregar Groenlandia como territorio estratégico bajo su control. Una amenaza que toma fuerza por la reciente intervención que tuvieron los gringos en Venezuela, saltándose normas internacionales de operaciones militares en otra naciones, intervención que dejó más preguntas que respuestas. Pero si llegase a realizar la toma de Groenlandia puede que se generen efectos adversos en la economía para países como El Salvador, que es alto consumidor y muy bajo productor. Cualquier afectación en las cadenas de suministro podrían dejar a nuestro país sin algunos productos, peor aún, sin algunos alimentos.
Sobre el punto anterior hay que reflexionar como está el nivel de seguridad alimentaria del país, ¿cuánto es la producción nacional de alimentos?,¿cuántos meses sobrevive nuestra población sin importar alimentos viviendo únicamente de la producción nacional..?
Una cuarta y última consideración es la posibilidad de otra pandemia que cierre fronteras, situación que afecta de fuerte manera la economía en todos sus ámbitos.
Ante estas tres situaciones: devaluación del dólar, posibles conflictos mundiales que afecten la cadena de suministro de alimentos, baja producción nacional y una segunda pandemia a nivel mundial, surgen algunas preguntas:
¿Qué pasa con El Salvador que está dolarizado?, ¿cómo afecta a nuestra economía una devaluación del dólar?, ¿qué medidas puede adoptar nuestro país para amortiguar los efectos negativos de una devaluación significativa?, ¿qué hacer para que esta devaluación genere efectos positivos?, ¿se están tomando medidas para que la producción nacional de alimentos aumente?, ¿estamos preparados para enfrentar una segunda pandemia?
En esta ocasión solo hemos tomado cuatro escenarios posibles, quizá no suceda ninguno, pero el punto es reflexionar qué tanto, como población, resistiríamos eventos externos y en que medida pueden amortiguarse con políticas públicas inmediatas y adecuadas.
Por ejemplo bajar el IVA o eliminarlo a los productos de la canasta básica puede ser una medida temporal que alivie la economía familiar. También quitar cualquier impuesto a las remesas o bajar comisiones sería clave, ya que si el dólar se devalúa, la remesa vale menos. Las importaciones desde Europa o China serían mucho más caras si el dólar se devalúa, buscar acuerdos que bajen los aranceles puede ser un camino a considerar.
El turismo de europeos y las exportaciones hacia EE.UU. podrían verse beneficiados ante una devaluación del dólar, habría que irse preparando en fortalecer estos sectores.
En el tema de seguridad alimentaria hay mucho por hacer: incentivos fiscales a productores y agro-startups, bonos a innovación tecnológica en agricultura, inversión pública en infraestructura agrícola, reservas de alimentos, entre otros. Definitivamente para el tema de producción nacional de alimentos hay grandes desafíos.
En cuanto a estar listos para una segunda pandemia hay que analizar la infraestructura hospitalaria, procesos de suministro de medicamentos, personal capacitado, insumos médicos, entro otra cosas, y aquí habría que evaluar a profundidad la situación actual de personal despedido y la reestructuración en la que se encuentra actualmente el sistema de salud.
Se escucha fácil advertir que la gente debe estar preparada para posibles eventos de tipo catastrófico, y puede que para algunos con suficiente colchón financiero, alta preparación académica, fuerte salud e intelecto, es decir condiciones en general muy favorables, el impacto sea menor.
Pero hay otros, y quizá sea la mayoría, que se encuentran en situaciones de desempleo, poca preparación académica, quebrantados de salud y ánimo, lejos de las oportunidades de desarrollo, etc. a quienes se les hace difícil estar preparados para sobrevivir eventos externos, fuera de su control y es en ellos en quienes hay que pensar.
Por eso no se vale gritar ¡sálvese quien pueda!, sabiendo que no podrán aunque quieran.
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