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RAZÓN DE SER DE LA SÍNTESIS EN LAS BELLAS ARTES II

Les agradezco a las piedras y a la hojarasca la lectura crítica de este ensayo.

Agradecimientos a la UES-Santa Ana

por su contribución al formato de este libro.

A descargar: https://repositorio.ues.edu.sv/entities/publication/437a7634-c179-4c23-ad09-3eca594bebe4/full

 

La sobre-determinación estética del Mundo según Salarrué

 

Rafael Lara-Martínez

Professor Emeritus, New Mexico Tech

[email protected]

Desde Comala siempre…

Asimismo sucede con su contribución al indigenismo la cual carece de transcripciones directas de los idiomas maternos del país e incluso de las hablas locales en su creatividad regional: adivinanzas, bombas, refranes, etc.  Resulta suficiente importar los idiomas mesoamericanos de prestigio —náhuatl, yucateco, quiché, etc.— para inventar una tradición literaria que incluso anula su lugar de origen: el oriente lenca, cacaopera, matagalpa, etc.[5]  Al acallar el oriente, la nacionalidad salvadoreña des-orienta su verdadero origen, ya que no visualiza la aurora de su legado ancestral.  Cada estado —cada institución— decide cuáles archivos conservar y cuáles otros dilapidar según la dinámica del recuerdo y del olvido.  Hay que inventar tradiciones literarias para fortalecer el auge de una identidad nacional acoplada a la documentación selecta.

 

No en vano, la reciente valoración que realiza Ricardo Roque Baldovinos concluye que la obra de Gavidia se caracteriza por «una notable sordera al habla y las experiencias populares».[6]   Esta nueva interpretación no sólo identifica el «náhuatl»-mexicano con su «variante pipil», dos idiomas cercanos de la familia yuto-nahua con múltiples hablas locales desconocidas en El Salvador, debido al desinterés monolingüe desde 1821 hasta 2024.  También confirma el interés de Gavidia por «la lengua maya» —acaso el yucateco— cuya familia consta de un mínimo de treintaiún idiomas.  De ellos sólo el poqomam y el ch’ortí’ se asientan en el territorio nacional.  El origen y al dispersión de esta familia —desde los Altos Cuchumatanes en Guatemala, hacia 1500 AC (Huasteco-Yucateco-Maya Occidental-Maya Oriental)— suele ignorarse para inventar tradiciones nacionalistas.[7]  La obra cumbre de Gavidia —»Sóteer o Tierra de Preseas»— certifica cómo la mitología  griega y lo hebreo en atisbos conducen al «Adán moderno» de «la hermosa Centroamérica» a inaugurar su «Independencia al grito» que calca la mito-poética del Mediterráneo: «cantaremos/como el griego cantó».[8]  «Su acento es del país de la nueva Ática en ideas», transcritas en el lenguaje literario del maestro.[9]

Bajo esta perspectiva —noción musical y teatral de la interpretación— el ensayo de Salarrué cobra una relevancia singular.   La obra/opus se juzga por la «Belleza» y la «Verdad» por la «sinceridad» en la expresión.  De ese par de conceptos se deducen la ética, la «Bondad» y la «Justicia» social.  Por esta hermosa honestidad, las ejecuciones —»performances»— se continúan sinfín durante cada programa teatral y musical.  La sobre-determinación de lo hermoso —composición estricta— motiva que la misma obra se interprete continuamente.  Pero, se insiste, al proponer el cimiento estético del mundo, la subjetividad obliga a que el Otro se someta al habla de lo Mismo, quien transcribe su voz.  Así, la literatura monolingüe aplica el postulado conclusivo de Ludwig Wittgenstein.  «De lo que no se puede hablar, hay que guardar el silencio».[10]  «Las fronteras de mi lenguaje» —el idioma nacional sin hablas locales— «son las fronteras de mi mundo» y «aquello que» la literatura monolingüe «no puede decir» tampoco lo «puede pensar».[11]

Basta mencionar «Las cuatro estaciones» (1718-1723) de Antonio Vivaldi para advertir lo múltiple de lo único.  La ejecución escénica debe adaptar la partitura original al lugar donde la representa.  Las temporadas varían del norte al centro y del medio terrenal al sur.  Los meses cambian la percepción de quiénes participan en un entorno geográfico particular.  Igualmente, la perspectiva ecológica no puede excluir la variación climática actual, bajo una decoración inédita.  Así, una obra de estilo barroco se edifica como belleza intemporal al adaptar su escenografía al eco-sistema y a la historia local: 3 de mayo, 2 de noviembre.[12]  Tal cual las estaciones de buses y de trenes, las temporadas se construyen en el sitio que la arquitectura del arte diseña según el medio ambiente en vida. La revolución sinódica predice el eterno retorno de lo mismo, al forjar identidades nacionales cíclicas, de acuerdo con su arquetipo fundacional.  Bajo este reciclaje, cobra vigencia el enunciado final del ensayo de Salarrué durante el homenaje a Gavidia en 1965.  «¡Qué poderosa Presencia hay en la Ausencia!», donde la «presencia» refiere a los seres humanos vivos que hablan de los muertos en su «ausencia» y adaptan su legado al presente.[13] En síntesis, las interpretaciones actuales no se deducen de la secuencia de razonamientos pretéritos, puesto que «los acontecimientos futuros no podemos concluirlos a partir de los acontecimientos presentes»; tal es «el libre arbitrio».[14]

El homenaje que la «Revista Cultura» (1956) le ofrece al maestro Francisco Gavidia no olvida su arraigo estatal del maestro desde 1933, fecha en la cual 1932 no representa «el 32» actual.  Más que los «hechos objetivos» se acentúa la memoria histórica subjetiva del presente, al seleccionar archivos.  Según Ludwig Wittgenstein (305-306), el castellano/español ofrecería un ejemplo singular del re-Cuerdo al hablar del martinato.[15]  Insiste en el «proceso interno…a la imagen del proceso psíquico…que se produce en mí» al hablar de experiencias ajenas: del dolor (1932 sin el 32) y de la alegría del éxito merecido («Gavidia, salvadoreño meritísimo», «La República», 13 de octubre de 1933).  El regocijo continúa al inicio del tercer mandato cuando «el poder ejecutivo» decide que «Teatro Nacional Francisco Gavidia se llamará el de San Miguel» y también su «Coronación» («La República», 18 y 27 de marzo de 1939).[16]  El ensayo «Francisco Gavidia, el poeta coronado» de Julio Enrique Ávila honra la trayectoria del maestro, en la misma revista.  Durante el tercer período del martinato —1932-1933-1939— el enlace oficial lo continúa el «Homenaje tributado al maestro Francisco Gavidia», «por los Diplomáticos Americanos residentes en El Salvador Centro América» durante el cual «la Banda de los Supremos Poderes» lo recibe de nuevo (San Salvador: Publicaciones del Ministerio de Instrucción Pública, 1942).

*****

Al cabo, confieso el hurto que significa este manuscrito.  La repetición de las estaciones predice el mayor servicio que suele asignársele a la poesía.  La revolución sinódica renueva las cosechas, gracias a la producción de los mismos frutos, adaptados al cambio climático.  No se crean ni se destruyen, sólo se transforman al lado del reciclaje poético.  Las cárceles clandestinas se vuelven hospedajes penitenciarios (CECOT); el periodismo crítico del régimen (EL Faro), los derechos humanos de CRISTOSAL y de Ruth López prosiguen el destino de la diáspora o la cárcel, mientras el acecho militar persigue a los migrantes como el desarrollo destruye su cobijo ecológico.[17]  Así, el hurto astral efectúa una conmemoración sinódica similar de la palabra.  No se trata sino de una acción comprometida que rastrea la diferencia conceptual entre el pasado y el presente.

01.  Manuscrito

El manuscrito consta de veinticuatro (24) páginas numeradas arriba, más el título inicial en letras rojas.  Abajo aparece el nombre completo del autor tachado y el reconocido pseudónimo al final en sustituto.  La segunda (2) página está cortada y de la otra mitad proviene la tercera (3), la única sin número.  Al final del ensayo (24) aparecen el lugar y la fecha «San Salvador, 9 de abril de 1965».  Claramente, se trata de una charla en honor a Francisco Gavidia quien, en 1965, recibe un gran homenaje y la «Revista Cultura» publica un «Número Extraordinario» a su legado.[18]  La cláusula inicial —»estimados familiares del maestro Gavidia»— directamente alude al compromiso que por el «Decreto No, 32» de «La Asamblea Legislativa…denomina…»Año de Gavidia»…a.…1965».

La lectura visualizará las múltiples correcciones, ante todo mecanográficas y ortográficas, que describen el estilo de las «ideas relámpagos».  Al transcribirse en palabras, el autor debe siempre corregir las ideas antes de su publicación definitiva.  Este comentario inicial se enfoca en desglosar cómo la «razón de ser…en las Bellas Artes» determina los cuatro puntos cardinales de las acciones humanas hacia la utopía, a saber: Belleza —> Verdad —> Bondad —> Justicia.  Según el autor, el orden establece la importancia de cada concepto, ya que presupone el principio de la Belleza cómo «guía» suprema de las otras tres nociones.

Esta secuencia establece una jerarquía entre las cuatro esferas autónomas, por la simple razón de que «si una proposición sigue la otra, la primera dice más que la segunda», viceversa, la episteme, la ética y la justicia se derivan paulatinamente de la estética.[19]  En el último rango inferior, la «Justicia» social derivaría en corolario directo de lo hermoso, dictado por el arte, de igual manera que la «Verdad».  El ensayo de Salarrué propone que «las Bellas Artes» edifican el cimiento sobre el cual se levanta la sociedad humana del futuro, desprovista de todo saber científico.  Por tanto, las otras esferas —política, ciencia, etc.— se alzan encima del acto fundacional de lo Bello.  No se trata de (in)validar este axioma filosófico, sino de exponer esa «razón…en las Bellas Artes», en su sentimiento de utopía.

02 Despegue subjetivo

Desde el inicio, la conferencia presenta su disparidad con el ensayo académico actual, en la forma y en el contenido.  Ante todo, Salarrué incluye las contradicciones complementarias de su discurso que, como el día y la noche, se integran en unidad indisoluble.   Los contrarios se reúnen de igual manera que «la verdad» expresa «la paradoja».  No sólo la «síntesis» no es «sintética».  Tampoco los comentarios sobre «el arte» son «artísticos» — ni los nombres de las cosas son las cosas mismas: agua ≠ H2O + contaminantes.  Podría decirse que el autor deslinda los estudios culturales de la literatura o el lenguaje humano se demarca de la naturaleza que recubre de palabras.  Seguramente, el principio de «improvisación» se halla prohibido como la escucha del jazz que lo aplica, al demostrar el trecho entre el ensayo literario y el «paper» académico: «he preferido improvisar en vez de escribir…he improvisado las más de las veces».[20]

Debido a un problema de salud, Salarrué advierte que debe «leer» en vez de «hablar» de manera espontánea.  La lectura reemplaza la fluidez sin rumbo del habla.  Es posible que los errores del texto transcriban las dudas del orador.  Quizás…  Sin embargo, la enfermedad no le impide que el «genio» lingüístico —el «leer pergeñado (per-genio)»— estalle en tantos colores como un «caleidoscopio», hasta «contradecir lo que digo».  No declara «dogmas», sino anhela convertirse en el director de orquesta de la audiencia.  Si cada auditor toca un distinto instrumento, la batuta rectora presupone que el arpegio individual difiere en su contenido sonoro.  El sentido deriva de cada artefacto durante la ejecución, a menudo repetida.

Asimismo, sucede con el lenguaje cuyos sonidos y letras construyen el significado intelectual infinito: «mango que te quiero mango».  Las palabras nombran un sinnúmero de cosas y, con mayor razón las ideas abstractas se amplifican, gracias al ju-Ego del hablante.  Este Ego (Yo) toca (plays) las palabras de acuerdo con su compás.[21]  Por ello, la con-ferencia —-«ferre/ferir-con»— se limita a «indicar un camino» hacia un vasto «terreno a explorar» llamado belleza.  No hay una vía exclusiva hacia esa «selva oscura misteriosa».  En cambio, los senderos se multiplican tanto como las personas asumen «ser uno mismo».  La escucha no se somete pasivamente, sino el orador provoca su intervención y la actividad creativa siguiente.  En vez de definir un objetivo concreto, el ensayo indica que existen múltiples vías de edificar su propio rumbo hacia la belleza.

Parece que Salarrué aplica la enseñanza elemental de la aritmética, a saber: 4=2+2=3+1=al infinito.  Más que el resultado a obtener, interesa explorar el sendero que conduce a «la cima» y los «deslices» que se sufren en el andar, esto es, en la expresión o redacción del poemario, novela, o ensayo completo.  Aunque se alcance el objetivo previsto —la «Belleza», el «Arte»— siempre quedan vestigios en el silencio, «entre líneas».  Como buen escritor, es obvio que Salarrué privilegia la poesía la cual identifica con «la médula» de lo artístico.  En esta esfera se reúnen los opuestos llamados forma-contenido, ciencia-conciencia y personalidad-alma.  En otras palabras, «la flor (Anthos) de la realidad» implica que el sonido/letra se una al significado; el sujeto, al objeto y el cuerpo, al alma.  En un sentido lingüístico estricto, el autor propone que «dos hombres»/almas —sin implicación feminista— se vinculan gracias a «Dios» que los enlaza.  Acaso por el lenguaje, el instrumento de la creación —»hágase la luz…; «se decreta una nueva Constitución»— se permite el diálogo conjunto entre los seres humanos.

Guiado por el sonido/letra, cada palabra recibe tantos sentidos como los múltiples objetos —»pan»…— y las nociones que nombra: «se llama vino porque vino…».  Sin pleonasmo, la realidad se realiza en la «Belleza» del «símbolo» que la «imagina» y transforma la «Verdad» en veredicto.  En esta dicción de lo verdadero, el autor descubre la fantasía cuya «transparencia» se funda en «el lenguaje (Logos) de los Dioses (Theo)».  La palabra artística desglosa «la existencia» cósmica: «Belleza – Verdad – Bondad – Justicia», donde el arte dicta la episteme, la ética y elige el poder judicial, la jurisprudencia.  Quizás…

El mundo se vuelve palabra humana durante la nueva «primavera» que lo nombra según los preceptos culturales y, más aún, individuales: Yo = Hablante, en el ju-Ego o «self-game» de la palabra.  La «razón de ser de las Bellas Artes» reencarna el acto de la creación divina, al ejecutar un nuevo Génesis.  La secuencia prosigue el camino siguiente: Dios —> Creación —> Percepción humana —> Segunda creación.  Pero, no todos los seres humanos adquieren el mismo don de la palabra, en esa «transmisión».  Salarrué eleva al «artista» al más alto nivel de «oráculo de la Belleza».  Es «sacerdote» del lenguaje humano, quien traduce el mundo mudo en palabras.  Él asume la facultad del poder supremo —legal y político— de quien nombra el Mundo.[22]  (continuará)

Salarrué
(Ilustración/Illustration: Salarrué, «O-Yarkandal», Dirección de Publicaciones del Ministerio de Cultura, 1972: 137).
Editorial La Siguanaba/Sihuanahualli Press, 2025
La Diáspora del Río / The River Diaspora
© Cortesía de Ricardo Aguilar (1940-2021) durante su breve descenso astral en 2025, para conmemorar el medio siglo del guía durante su travesía celestial e infra-mundana, «by a Stairway from Heaven».

Ver también

RAZÓN DE SER DE LA SÍNTESIS EN LAS BELLAS ARTES

Compartir        Editorial La Siguanaba/Sihuanahualli Press, 2025 La Diáspora del Río / The River Diaspora © Cortesía de …