César Ramírez
@caralvasalvador
En México se tienen las siguientes opciones: reconstrucción de sus vidas, problemas económicos, accesos a servicios, retorno de bienes, problemas de reintegración etc.
En El Salvador las opciones son limitadas, algunos fueron enviados al CECOT como el caso de los venezolanos, otros salvadoreños como Kilmar Ábrego eran inocentes desde un inicio excepto por las acusaciones infundadas de políticos, de esa forma los venezolanos fueron calificados de terroristas del Tren de Aragua y otros salvadoreños de pertenecer a pandillas salvadoreñas, sus casos son conocidos.
Según fuentes de redes sociales1 @explorando Nuestro Mundo © 2025/2026, el número de salvadoreños deportados de Estados Unidos es 141,000 ocupando el cuarto lugar después de México: 325,000; Guatemala: 185,000; Honduras: 162,000; el número puede ser una aproximación pero es evidente la política migratoria antinmigrantes impulsada por la administración Trump, divide a las familias puesto que muchos salvadoreños llevan décadas en Estados Unidos, ellos han formado familias, hijos, patrimonio, oficios y negocios propios, su desarraigo implica separación familiar de múltiples consecuencias, entre ellas: shock emocional, incertidumbre laboral, desconocen la historia de posguerra y posdemocracia, tienen pocas o nulas relaciones sociales, su cultura económica o social no sincroniza con la realidad nacional etc.
¿Qué hacen los salvadoreños deportados sin antecedentes penales?
Si tienen suerte y contactos familiares son recogidos para transportarlos a sus lugares de origen, no todos tienen esa opción.
Otros solo poseen bolsas de pertenencias, en algunos casos son ayudados por sus nuevos amigos de infortunio que les ayudan para retornar a cualquier lugar, es una vida solitaria de lazos afectivos.
Ángela
Platicar con ellos es una constante nostalgia de recuerdos de Estados Unidos, Ángela (nombre ficticio) se graduó de administradora de empresas, vivió durante diez años en California, sus empleos fueron de servicios en hoteles, era un trabajo tenaz de muchas horas pero sin legalidad alguna, a pesar de ello logró bienes materiales y ahorro, pero un sorpresivo evento de los agentes de migración terminó con su captura; sin posibilidad alguna de defensa la enviaron a El Salvador y perdió todo, no tenía familia y para ella en su lejanía todo era trabajo y más trabajo… ahora permanece en casa de un familiar y habla poco, su estado depresivo le acompaña; es muy difícil integrarse -confiesa- no tiene amigos, ni amigas porque todo ha cambiado, su vida por el momento se limita a explorar antiguas posibilidades, aunque ha restablecido comunicación con amigos de Estados Unidos su condición económica es precaria, carece de pensión, ahorros y con ayudas de remesas de antiguas amistades logra sobrevivir, aun así afirma intentará su retorno cuando acabe la administración Trump, piensa en recuperar sus ahorros (de ser posible) y si la vida le alcanza.
Caso de Iris (nombre ficticio)
Deportada de Nueva york, tenía varios años de residir en forma ilegal, explica que a pesar tener permisos de trabajo sus gestiones no prosperaron y la emboscaron agentes de ICE en una audiencia de los tribunales de inmigración. Hace años vivía en esa megaciudad, sus amigos eran de muchos países, fue parte de la alegría de un nuevo nivel económico, pero un día celebrando con sus amistades cometió la imprudencia de compartir media docena de brindis felices, condujo su auto despacio, pero eso no le sirvió para evadir el control policial, fue remitida y liberada pero no olvidada en los archivos policiales. El tiempo pasó en décadas hasta el día de la emboscada.
Ahora al retornar, toda la vida le parece en cámara lenta, el panorama es antiguo e inmóvil, un sentido de pausa le agobia a diario, ha buscado apoyo en centros de emprendimiento, ejecuta pequeñas cosas que aprendió en “la usa”, reestableció una pequeña cuenta, pero nunca previó su salida de aquella nación, ahora vende joyas de fantasía entre nuevas amigas, tiene un negocio informal para vivir día a día, no piensa en regresar nunca a Estados Unidos.
William (nombre ficticio)
Su primera deportación fue a finales de los años setenta, nos contaba sus aventuras al cruzar la frontera, una y otra vez lo intentó, vivió muchos años en la ciudad de San Salvador, realizó una gestión legal de viajar a Estados Unidos y lo logró por medio de familiares, parece que la matriz informática no funcionó con su caso, de esa forma vivió otros años en Estados Unidos, pero el infortunio de nuevo “le jugó una mala pasada” era la noche de los amigos, reunidos en un bar se desató una riña de terceros, ellos decidieron salir, pero con tan mala suerte que se encontraron entre bandas criminales rivales, aquello fue el colmo cuando la policía llegó por todos, William fue capturado, fichado y fotografiado, por una rara situación su nombre era homónimo con otro salvadoreño que había cometido media docena de felonías, así fue deportado de un día para otro, además acusado de cargos policiales, al retornar no tenía antecedentes locales. Cuenta su historia una y otra vez, lo poco que tiene lo ahorra para una futura incursión a la frontera final, dice que sea lo que sea se irá de nuevo y todavía afirmó: “me vale… la vida”.
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