Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador
Mientras el sistema público hospitalario no tiene medicamentos, el sistema denominado doctorsv.com está recibiendo ingentes refuerzos presupuestarios.
No es que el servicio digital sea malo por principio, pero pasa por alto que no es aceptado por la mayor parte de la población – los datos hechos públicos evidencian que apenas el 5% de la población ha hecho uso de ella, y aparentemente solo el 3,5% a adoptado su app – lo que hace patente que no goza de la aceptación que justifique el desvió de esos recursos.
Porque debilita al sistema que busca permanentemente la población.
Es decir; facilitar una app que conecta en directo a la población al servicio de salud mediante sus dispositivos celulares, es en principio bueno, pero al no haberse considerado el hecho de que la nuestra es una población muy conservadora, de que carece de la debida educación que la oriente en el uso adecuado de este servicio, sencillamente se pierde en buena medida ese esfuerzo, dispersándose y volviéndolo poco eficiente.
Por otro lado, si bien puede suponer una ayuda, lo cierto es que nunca va a equipararse al contacto personal, a la auscultación directa, que la experiencia enseña es preferible se haga contactando al interesado con el personal médico.
En principio la telemedicina ofrece solo beneficios, como el de no volver necesario salir de casa para realizar una consulta, ahorrar tiempo y dinero, o establecer qué casos requiere atención directa mediando una acertada revisión; empero, a esto se oponen no solo la nula educación de nuestra población en el tema, también el hecho de que el sistema, que ha recibido una gran dotación de recursos financieros [absorbiendo en torno al 21% del presupuesto de salud], supone también desviar esos mismos recursos del sistema de atención médico hospitalario de primera línea en el país, que es preferido por la población, lo que ya supuso que algunos de los servicios del sistema fueran deprimidos.
Tal es el caso del servicio de diálisis, tanto peritoneal como de hemodiálisis, al que hasta 3,300 ciudadanos deberían asistir semanalmente dentro del sistema público hospitalario, de hasta 57,000 afectados en el país, y que las últimas semanas han visto reducir este servicio, afectando a un creciente número de pacientes, y degenerando en consecuencia en un mayor número de defunciones por la descarnada ausencia de tratamientos, dependientes de la carencia del recurso financiero, que en cambio si recibe el servicio digital.
Lo mismo está sucediendo con otras afecciones que requieren tratamiento crónico dentro del sistema.
Tal yerro es en sí mismo un sinsentido inadmisible, injustificable, que no puede ser legitimado con el supuesto de que se está privilegiando la prevención, lo que la evidencia apunta a no ser cierto, debiendo por el coste humano implicado enmendarse.
Debemos para concluir, comprender que tras el sistema digital hay compromisos con privados por parte de esta gestión, como en su día intentó la gestión Flores, lo que patenta que el interés último es la privatización del servicio.
Y eso, eso es inaceptable.
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