Por Leonel Herrera*
Para este domingo 25 de enero está convocada una marcha ciudadana, en el marco del mes de los Acuerdos de Paz. Los históricos acuerdos sobre cuyo negacionismo sienta su base narrativa la nueva dictadura salvadoreña, aun cuando varios políticos que la dirigen no habrían llegado al poder si los Acuerdos no hubieran existido.
Estos políticos charlatanes, hipócritas y oportunistas aprovecharon las falencias de la democracia de la posguerra para desprestigiar el valor histórico de los Acuerdos y justificar la instauración de una “democracia totalitaria”, como bien la define el sacerdote Juan Vicente Chopín.
Ciertamente la democracia liberal “representativa” derivada de los Acuerdos de Paz “no resolvió los problemas estructurales del país” y terminó generando descontento, desencanto y frustración popular; pero eso no justifica volver a los regímenes autoritarios del pasado.
La razón principal de este fracaso de la democracia post Acuerdos fue la implementación de un modelo económico excluyente. Mientras la sociedad salvadoreña celebraba el fin de la guerra civil y el cierre del ciclo de dictaduras militares, las élites empresariales y sus servidores políticos en el gobierno imponían sus “programas de ajuste estructural”.
Estas políticas, especialmente las privatizaciones y las medidas de desregulación, liberalización y terciarización económica, dieron como resultado mayores niveles de exclusión económica y desigualdades sociales. Aumentó la concentración de la riqueza de los grupos oligárquicos, al mismo tiempo que incrementó la pobreza en amplios sectores de la población.
Por esta misma razón, y por su naturaleza autoritaria, la nueva “democracia totalitaria” tampoco está funcionando. La nueva dictadura no sólo mantiene las lógicas neoliberales, sino que aplica una versión aún más extrema del modelo implementado por los gobiernos de ARENA, llegando -incluso- a perspectivas “anarco capitalistas” como la implementación del bitcoin.
Por eso, desde las demandas y propuestas ciudadanas, debe plantearse la necesidad de una nueva democracia y un nuevo modelo económico. Una democracia fundamentalmente participativa, donde la población participe directamente en las decisiones que afectan su vida y en la búsqueda de soluciones a los problemas estructurales; y un modelo económico basado en la productividad, la inclusión, la justicia tributaria y la sostenibilidad ambiental.
La solución nacional no es otra dictadura y más neoliberalismo. Por tanto, es importante marchar para denunciar y rechazar los despidos de trabajadores públicos, la persecución de los comerciantes informales, la exclusión de las micro y pequeñas empresas de las compras estatales, la corrupción, la propaganda, el despilfarro de fondos públicos, el endeudamiento, el quiebre de las pensiones, la destrucción ambiental, la reactivación de la minería, el abandono de la agricultura, el régimen de excepción, la manipulación religiosa, la sumisión al gobierno de Donald Trump y todo lo que impide la construcción de la nueva democracia y el nuevo modelo económico que se necesita.
Por eso el 25 hay que salir a marchar. Por lo que cada organización, comunidad o sector social más quiera: por el agua, la salud, la educación, la libertad de los presos políticos y los detenidos inocentes del régimen de excepción, empleos dignos, la reducción del costo de la vida, el acceso a vivienda, la transparencia y rendición de cuentas, la reforma fiscal progresiva donde “paguen más quienes tienen más”, pensiones dignas, etc.
Estratégicamente es conveniente centrarse en las demandas y propuestas más comunes, sentidas y compartidas. Esto implica dejar de lado las que dividen, separan o dan espacio a las manipulaciones del aparato de propaganda oficial, por muy válidas que sean para quienes las promueven.
Nos vemos el 25.
*Periodista y activista social.
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