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poemas de Luis Edmundo Cordero Sánchez

Luis Edmundo Cordero Sánchez

Nace en la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Chiapas. México. El 15 de mayo de 1995, Ingresa en el 2013 al Instituto Salesiano de Estudios Superiores, en la ciudad de México, para cursar la carrera en Filosofía matriculandose con la tesis “Lo trágico de la Mortalidad del Hombre desde el pensamiento de Miguel de Unamuno”, cuenta con dos especialidades en Filosofía de la educación y Modelos educativos contemporáneos, por parte de la Asociación Mexicana de Tanatología cuenta con el diplomado en bases de apoyo en el duelo. Actualmente es parte del taller Introducción a la Poesía impartido por la poeta Mariana Bernárdez en Casa del Lago “Juan José Arreola”de la UNAM , además trabaja en su primera publicación titulada “Natalie in blue”.

Espíritu ávido por el conocimiento, inquieto y solitario como los atormentados por las tribulaciones del lenguaje.

 

Uróboros

Quién sabe

No lo recuerdo

No sé si aquella luz sea una esperanza

una briza que cambia de corriente con cada mañana

Tal vez mi vida navega entre estepas calladas de dudas y lúgubres mares que traen de nuevo un recorrido

y una lágrima

y un consuelo

y todas las cosas que callamos

que callamos mientras secretamente

habitamos nuestros cuerpos

Cuerpos tejidos de historias

de pasos perdurables que borrará el tiempo

Tal vez sea hoy

Mañana

Siempre

Quién sabe

No lo recuerdo.

Sobre el Dolor.

Dolores que bajan del útero al parto,

dolores que saben a parto natural,

otros cesáricos y otros más abortados al azar.

Hay dolores que callan al silencio con un grito,

hay dolores que matan con un beso al olvido,

hay dolores de cuna, de niños huérfanos y dormidos,

hay dolores de anciano, de recuerdos no cumplidos,

de luces que se pierden a las orillas del ya lejano mar.

Hay dolores que mueren sin morir,

que golpean al pecho sin herir,

que caen como un disparo en la cabeza,

sin sangre ni suicida,

sin deudos ni dolor.

 

Matices del crepúsculo.

A José García Nieto.

Hay un ilimitado paraíso,

en el cuadro de mi ventana

donde encuentro silencio y muerte

mientras los pájaros atisban las luces del atardecer,

mientras el viento danza su natural paso en el tiempo,

llevándolo todo,

extraviándolo todo,

enterrándolo todo

en la tranquilidad del suelo

Y los pájaros?

Ah! Los pájaros…

No saben más que llorar.

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