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martes , 24 octubre 2017
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Pieza de Guayasamín nacida  en el dolor del pueblo salvadoreño
Una obra de Oswaldo Guayasamín en solidaridad con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) durante la guerra civil. Foto Diario Co Latino.

Pieza de Guayasamín nacida en el dolor del pueblo salvadoreño

Odalys Troya Flores (*)

San Salvador (PL).- La identificación del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín con las causas justas de Latinoamérica y el mundo también lo sensibilizó con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) durante la guerra en El Salvador.

La singular recreación de unas manos en una pintura que decora una sencilla oficina de la sede del FMLN, troche indica que estamos ante una obra de Guayasamín sin necesidad de descubrir la firma del autor.

Y es que así eran las manos que pintaba: siempre decían algo, online provocaban, golpeaban. Estas en particular anunciaban el dolor.

Diputada y candidata Nidia Díaz, quien recibió la obra de Guayasamín. Foto Diario Co Latino.

Diputada y candidata Nidia Díaz, quien recibió la obra de Guayasamín. Foto Diario Co Latino.

¿Quién sabe por dónde anduviera hoy ese lienzo si el Frente lo hubiera vendido en 1989, cuando el conflicto armado se recrudecía más y urgía el dinero para pertrechar a las tropas?

Acerca de cómo llegó la pintura a la sede del partido de izquierda, Nidia Díaz, una paradigmática ex-guerrilla del FMLN, narró a Prensa Latina el recorrido de la obra desde Quito a San Salvador.

“Oswaldo Guayasamín y todos sus hijos siempre han sido solidarios con el FMLN y el pueblo salvadoreño”, recordó esta luchadora que sufrió prisión, torturas y vejámenes del ejército.

Cuando trabajaba en la Comisión Política Diplomática del FMLN visitó muchas veces Ecuador y allí estableció contacto con la familia del pintor, incluso se quedaba en la casa de Guayasamín o en la de su hijo Pablo, donde con todo cariño le ofrecían hospitalidad, recordó.

“Nosotros ejercíamos la diplomacia revolucionaria en aquellos tiempos, y en su casa hicieron un par de recepciones al FMLN”, rememoró.

El pintor estaba muy pendiente de la lucha del Frente por lo que en 1989, cuando la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) ganó las elecciones, se encerró en su cuarto y comenzó a pintar una obra para el FMLN, contó.

Por la fecha de creación corresponde a “La Edad de la Ira”, segunda etapa en su quehacer pictórico, que entre 1961 y 1990 tuvo como temas fundamentales las guerras y la violencia del hombre contra el hombre. Huacayñan o El Camino del Llanto y La Edad de la Ternura fueron la primera y tercera etapas, respectivamente, de una obra que él mismo describió como “tres sinfonías que había diseñado en mi juventud y que estoy cumpliendo día a día”.

Una vez terminada la pintura, Guayasamín le comentó a Nidia Díaz que la había hecho y se la quería entregar en un momento oportuno.

El pintor pensó que debía subastarse y recaudar fondos para el FMLN pues por entonces el ejército salvadoreño recibía un millón de dólares diarios para enfrentar la guerrilla.

Con ese afán también les dio unas litografías con temas similares para imprimir afiches y venderlos, explicó.

El momento preciso llegó en La Habana, en Casa de las Américas, en una reunión en la cual estuvieron notables personalidades, como el poeta uruguayo Mario Benedetti, dijo Díaz.

“Yo estaba en México, me llamaron y apenas con una muda de ropa y el cepillo de dientes, hice un viaje rápido a Cuba”, detalló la luchadora, quien recibió la pieza de manos de Guayasamín.

Angustia, la obra en cuestión, describe las manos y el rostro de alguien en un grito, expresión de su terror al saber que Arena, el partido del fundador de los Escuadrones de la Muerte, había ganado las elecciones.

Nidia llevó la pintura de La Habana a Nicaragua, donde la mostró en una reunión de la Comandancia del FMLN. Sus compañeros observaban el cuadro y le preguntaban si era una buena pintura. “Una total ignorancia de todos nosotros”, admitió, sonriente.

Ante el desconocimiento llamaron a César Martí, pintor salvadoreño que ahora vive en Francia, y tras escuchar su criterio decidieron no vender el cuadro, sino conservarlo y solo reproducir los afiches.

“Luego, los sandinistas perdieron el gobierno (1990) y tuvimos que movernos de Nicaragua. Yo me trasladé a México y dejamos el cuadro con el sacerdote y revolucionario Miguel d’Escoto”, prosiguió Díaz.

En 1992, al culminar la guerra con los Acuerdos de Paz, firmados en el castillo de Chapultepec en México, el FMLN no tenía aún la pintura.

“En 1996 se celebró acá el Foro de Sao Paulo y d’Escoto me trajo la pintura, y la entregué a la dirección del partido con el entendimiento de que nunca la íbamos a vender”, evocó.

Angustia, que en los últimos años de la guerra hubiera servido al FMLN como un aporte financiero, hoy se conserva como un patrimonio de esta guerrilla surgida de la profundización de la pobreza, el aumento de la represión militar y el alza de la exclusión y la desigualdad.

Es una obra representativa de Guayasamín, un artista imprescindible de Nuestra América, quien aseguró que su “pintura es de dos mundos. De piel para adentro es un grito contra el racismo y la pobreza; de piel para fuera es la síntesis del tiempo que me ha tocado vivir”. Y eso hizo Guayasamín: dejar descrito su tiempo, en manos, ojos, rostros y en gritos de pueblos como los de El Salvador donde los escuadrones de la muerte asesinaron a decenas de miles de personas, entre ellas a Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Porque este artista de Latinoamérica siempre fue consecuente y con marcada fidelidad a sus orígenes, convicciones y compromisos sociales, y el dolor del pueblo salvadoreño no le fue ajeno.

(*) La autora es corresponsal de Prensa Latina

en El Salvador

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