Christian Marxism: «The Great Martyrdom» of «Father» Aquino According to Roque Dalton (García) https://argus-a.org/publicacion/1906-marxismo-cristiano-el-gran-martirio-del-padre-aquino-segun-roque-dalton-garcia.html
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
A la memoria de Víctor Eguizábal (1952-2021), amigo y arquitecto de ideas…
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A Jean-Marie Foubert (1948-2025), quien hospeda la amistad…
II. Ventana sacrificial
Dalton le dedica «a Jorge Arias Gómez» los «Cantos a Anastasio Aquino», cuya restitución poética eleva al líder nonualco a símbolo cristiano en el combate contra la injusticia.[1] Durante esa época de efervescencia comprometida, la búsqueda del «Padre» ancestral de la lucha de clases la prosigue también el arte dramático con las obras Anastasio rey (1970) de Napoleón Rodríguez Ruiz y La balada del indio Aquino (1978) de Matilde Elena López.[2] En esa consciencia política, el sino sacrificial de Aquino adquiere un valor esencial. El «Padre» fundador es un mártir quien calca la Imago Christi al ofrendar su «sangre» por los oprimidos: «bienaventurados los pobres».[3] Sólo ese martirio y sacrificio en el combate lo califican como emblema marxista en la literatura de El Salvador, durante esa mitad del siglo XX. La ópera de Verdi sigue resonando en el trasfondo. «Ah, la mano paterna (de Aquino), (sin ella) no hay escudos, queridos, contra el pérfido sicario, que a muerte os lastimará» (Acto IV, escena I).
Por el atributo religioso, de su «gran martirio…tus rosas renacieron» (84). Con igual evidencia que la «pausa» nerudiana, la flor (Anthos, Xóchitl, Xúchit) nombra «las muertes vivas» de todos los «caídos» en combate contra las dictaduras. La escritura poética arraiga su vocación histórica en los Muertos que resucitan en letras durante el réquiem o misa de difuntos. Como eterno retorno de la mística guerrillera, la revolución actualiza a Aquino «en la esperanza como una hostia» fértil luego de la siembra del cadáver martirizado. Ese cuerpo (re)viviente convoca la «plegaria» a «encarn(ar) en nosotros tu figura antigua» (86-87), después de la comunión. El poema a Aquino exhibe una eucaristía palpitante que se eleva antes de concluir la letanía. El «gran mañana» lo anticipa el ayer, «que (ojalá) aparezca de nuevo» tal cual lo vaticina la segunda venida del Salvador.
Las referencias católicas del Dalton marxista se extienden a lo largo del poemario, cuya apertura o «ventana» materialista la edifica la fe religiosa (véase VI. Nonohualcayotl/Nunuwalcayut comprometido). Si sus propios «pasos», el poeta los «encuentra…crucificados en la mayoría de los árboles» («Días»), este hallazgo lo motiva el ideal de «meterse en política…guiado por el profesor de Religión» («…….»). Gracias a esa tutela espiritual, el joven poeta se identifica con los pobres en quienes percibe «la miseria clavando la cristiana bandera» («Mientras tanto»). Aquino cumple ese mismo requisito de inaugurar el «martirologio» revolucionario de la patria («Cuando cantarte, patria…»). «El gran martirio» lo santifica («Anastasio Aquino, tu vida…»).
De juzgar este enfoque de marxismo —materialismo histórico y dialéctico— las alusiones al sacrificio de Cristo en la Cruz son tan numerosas que vuelcan la materia en sí hacia la historia religiosa de El Salvador. La fe católica en la redención del pueblo recubre el compromiso político del autor. Sólo si sus poemas siguen encerrados en «la quinta bartolina», la crítica actual reitera «ya ni me acuerdo de acordarme» que Dalton identifica el cristianismo y el marxismo en la utopía de la salvación popular («Coro menor de la quinta bartolina»). Desde ese primer poemario, el autor sabe con certeza que «el sacrificio que transcurro» en la cárcel vaticina su destino de muerte y consagración posterior («Dos condenados»).
II. I. Primer puño por la tierra
Un problema serio para los estudios culturales lo exhibe la falta de rigor historiográfico. Si la sección «I. Archivos prohibidos» señaló el desdén por identificar los documentos originales que Dalton García re-cita sin cita en su obra con mayores elogios —Historias prohibidas (1974)— igualmente sucede con el antecesor de «Cantos a Anastasio Aquino». El mecanografiado original se intitula «Dos puños por la tierra», Roque Dalton García – Otto René Castillo. Se compone de «Primer puño por la tierra»: Anastasio Aquino» (Agosto de 1955) y «Segundo puño por la tierra: Atanasio Tzul» (Agosto de 1955 – Abril de 1956). No se comenta que Dalton García aún firma con el apellido materno final: Roque Dalton García (1955-1956; 1962, véase IV.II) -> Roque Dalton G. (1962, véase VI) -> Roque Dalton (1961, véase II).
A continuación, se comenta este libro inédito cuyo primer puño antecede a «La ventana en el rostro» (1961). Claramente, establece una axioma fundacional de la nueva historiografía que, al proseguir los dictados poéticos de Dalton García, adapta las figuras notables del pasado a los anhelos políticos del presente. O, simplemente, sus palabras se recitan para declarar la vigencia de una experiencia difunta, difícil de resucitar en el presente.
Dos puños por la tierra, Roque Dalton García – Otto René Castillo
Primer puño por la tierra: Anastasio Aquino (nueve (9) poemas)
El inicio consta de seis (6) párrafos —dos corregidos (primero y tercero) y cuatro tachados (segundo, cuarto, quinto («Venimos a cantarle a Aquino») y sexto («y en él a la definitiva aurora vislumbrada»), últimos dos de una sola oración). También, en 1961, se borra la fecha inicial: «Agosto de 1955» (véase ilustración). La adición más importante señala el «siglo» que media entre «la encarnación del más antiguo ideal» de Aquino («1832») y «la dolorosa epopeya de Feliciano Ama y Farabundo Martí». Es posible que este suplemento implique datar la consciencia de Dalton García sobre 1932, entre esos cinco años de 1955-6 a 1961. Para subrayar el giro centenario de la «lucha» armada, Dalton le resta un año al alzamiento: «enero de 1833», pero «1882» en el tercer párrafo original, el segundo revisado que alude a 1932. Parece que intenta establecer un milenarismo revolucionario.
Asimismo, en ambas versiones, Dalton (García) cambia el nombre del pueblo de Santiago por «San Pedro Nonualco». Este doble traslado espacio-temporal contrasta con la perspectiva antropológica de Alejandro Dagoberto Marroquín. En su libro «San Pedro Nonualco» subraya la tajante enemistad entre San Pedro y Santiago Nonualco, unido a San Juan, desde «el siglo XVII».[4] Hay una falta de unidad de los tres pueblos nonualcos, desde 1759 hasta 1849, debido a pleitos por las tierras ejidales. Incluso, Marroquín asevera que existe una duda si San Pedro verdaderamente se apellida «Nonualco», o bien «Ostuma» (52). Más importante que determinar los hechos y la mito-poética, la voz poética de Dalton García denuncia la «mentira» de quienes «insultan a la historia del pueblo», en su deber de «acusa(rl)os». Sin documentar el idioma materno ni coloquial de Aquino, su recreación imagina el retorno de su «altísima figura». Es la «piedra motora de su pueblo oprimido». A continuación, se describe cada uno de los diez (10) apartados originales: introducción y nueve (9) poemas. Se reproducen los párrafos introductorios debido a las correcciones múltiples, así como para reiterar que la cronología «1832» -> 1932 -> 1961 aún no permea la consciencia histórica de Dalton García.[5]
Salve tierra (I)
Este primer poema no aparece en La ventana en el rostro (1961). Semeja una «plegaria» u oración poética por «América, madre nuestra…» la cual concreta el reconocido «Salve Regina/Reina» en el continente durante la antesala «de la lucha gigante». La «Tierra de América» refiere el único chispazo explícito de la presencia de la mujer-madre, ya que la teoría de género aún no influye en la poética para otorgarle la voz a la compañera.[6] Ella se caracteriza por «tu altivo vientre móvil» —origen de la vida y «del pan», el alimento— así como por «el embarazo» de la «esperanza» redentora, «sin cadenas». Al final, el poeta parece rezar el «Ave María» —»Bendita (tú) eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre…»— que lo proyecta hacia el terruño: Virgen-Madre-Tierra. «Bendita eres entre todas las tierras de la tierra/Bendito sea el surco/y la semilla./Bendito el embarazo mineral…Bendito sea el pan.». Se juzgaría que Dalton García interpreta a la letra el doble sentido del verbo castellano «orar», a saber: hacer-oraciones, prayers (rezos) and sentences (sentencia, cuyo sentido inglés es judicial y disímil). Por último, queda la interrogante siguiente. No se sabe si «la patria permanece intacta/desde el raudal de sangre con que nos parieron», dado que el poemario definitivo oculta la presencia de la «Salve tierra». De Ella proviene el ser humano —vestido de placenta y atado al cordón umbilical— así como florece el retoño de la semilla, la vegetación con sus flores y frutos.
Origen (II)
El poemario (1961) pluraliza el título inicial, a la vez que borra una gran sección del principio antes del primer verso «tu pie descalzo…». El tachón conlleva una estrofa de ocho versos, «nos esperaba sumergida tu tormenta…en medio de la Historia», otra segunda de diecinueve versos, «Navegando en carretas luminosas…has nacido», y la tercera estrofa transfiere veintiún versos, «Has nacido…la esperanza!», antes de comenzar la sección «I», sin número en la primera versión. En 1961, Dalton traslada esta sección a la sección II, la contrae en diecisiete poemas con varios cambios mínimos. Así, el poeta demuestra el carácter fluido de su poesía sin un orden lineal fijo.
Manifiesto del dolor antiguo (III)
Los tres versos definitivos se unen en un solo caudal con puntuación disímil y cambios en versos que confluyen en uno solo. «Dolor en las lagunas y de los pájaros = dolor / en las lagunas y los pájaros». El título corregido tacha las dos primeras palabras. Para insistir en la ausencia de un solo «manifiesto…antiguo» en el idioma materno y coloquial, se subraya que el presente escribe por el pasado.
Contra Manifiesto al dolor antiguo (IV)
De nuevo el título borra la idea de un «manifiesto» para insistir en «el dolor». Las dos estrofas —corta la primera, larga la segunda— se dividen en cuatro. «Anastasio Aquino: …del corazón del indio» (1); «Contra el dolor, total…que sólo se alejaba el dolor con los machetes» (2). Los cambios más notables son los siguientes: «del trabajo sin eco de palomas = del trabajo sin pan como respuesta»; «el dolor no se alejaba, pero un día = el dolor no se alejaba, pero un día, Anastasio»; «llegaste a la montaña elemental = llegaste, nuevamente, a la montaña elemental». Se subraya esta última variación la cual insiste en percibir la revolución en su giro cíclico constante, gracias al retorno del símbolo guerrillero.
Pausa para el machete (V)
Los veintiún versos originales se reducen a doce. Se añade el epígrafe de Pablo Neruda —»bastión perdido, cimitarra ciega». También, se cambian varias palabras: «río de libertad endurecido» = «río de libertad, hierro insurgente»; «hoja de piedra, primavera eléctrica» = «palma de piedra, primavera eléctrica» y «aurora detenida, sable agrario» = «saeta detenida, sable agrario». Además, el poema prosigue el axioma que el orden de los versos no altera la estrofa, al invertir la secuencia de «cuerpoamor…» y «ala llena…/hielo sexual…».
Los nueve versos tachados se anotan a continuación. Los primeros dos luego del cambio «…hierro insurgente» son:
«Prolongación de un brazo con tormenta.
Pieza de luna, colección de estrellas».
El siguiente reza: «lágrima mineral brillando prolongada.». Y los últimos seis proseguirían «…galvanizado grito», antes de los dos versos finales:
«Se desnuda mi voz para cantarte,
desde este mi sonoro y dulce cuerpo,
cuadriculado de ojos amplios enlutados
en medio de esta noche universal
entrometida en todo,
a ti (con acento en el manuscrito), forma gigante,».
El poema recalca el enlace entre el arma del «machete» —la lucha armada— y «la virilidad de acero/endurecida» como «miembro vertiginoso» de lo masculino.
(Continuará)
[1]. Dalton, 1961, 75-87; la dedicatoria no aparece en la versión original de 1955 a comentar en II. I.
[2]. Napoleón Rodríguez, 1970. Matilde Elena López, 1978. Al citar las investigaciones más recientes, siempre certifican la ausencia de voz de Aquino, sin lengua materna ni idioma coloquial. Más que una personalidad histórica definida, representa un ícono o símbolo ético de la utopía. Puede leerse José Alfredo Ramírez Fuentes, julio-diciembre de 2016: 89-122, quien endosa la inexistencia de la voz de Aquino en su idioma materno y coloquial, más allá de los documentos de Cevallos. El personaje histórico real carece de lengua y de una mito-poética, que sólo la ilusión socio-política pretende desglosar a partir del silencio del agente histórico. Así lo confirma Carlos Gregorio López Bernal, para quien «Aquino, el personaje histórico…ced(e) a Aquino, el mito», al igual que confirma la ausencia de manifiestos en idiomas maternos y coloquiales para las revueltas indígenas (S/fecha: 52-71). file:///Users/rafael/Downloads/El-levantamiento-indgena-de-1846-en-santiago-nonualco-iv-epoca_no.1_a%C3%B1o_2002_art_8.pdf.
[3]. Mateo 5: 3-12 y Lucas 6: 20-23, como antecedentes marxistas.
[4]. Marroquín, 1974, 61 y ss.
[5]. Dalton, 1963b, 39 confirma la falta de esta cronología milenarista: «en 1833…se llevó a cabo el levantamiento indígena».
[6]. Dalton, 1977: 6 y 9: «los oficios domésticos de la mujer»; ella está «en la retaguardia de los oficios domésticos». Estas declaraciones las efectúa «Vilma Flores», el primer pseudónimo o testimonio fiel «en la organización de la clase obrera» (4).
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