Marlon Chicas
El Tecleño Memorioso
Iniciamos el año recordando a un polifacético personaje de tez morena y cabellos rizados, quien en vida se dedicó a variedad de oficios en Santa Tecla, siendo conocido por muchos como “El Colocho”.
Manuel Antonio Martínez (+) dedicó parte de su vida al oficio de ensamblaje, reparación y alquiler de bicicletas en Santa Tecla; si bien no era originario de esta ciudad, lo fue por adopción, ya que nació en Villa Colón; a temprana edad se trasladó a Sitio del Niño, jurisdicción de San Juan Opico donde cursó sus primeras letras.
Su padre lo enlistó en el ejército con el fin de cumplir con la “Platada” en el Regimiento de Caballería; donde aprendió variados oficios entre ellos la reparación de bicicletas, lo que se convertiría en su fuente de empleo, ostentó el cargo de caballerango (encargado del cuido y ensille de caballos) en dicho destacamento.
Luego de recibir la baja castrense emigró a Santa Tecla, residiendo en un extinto mesón llamado el “Último Adiós” de acuerdo con las memorias de su hijo Luís Montano. Con los conocimientos adquiridos abrió un pequeño taller de reparación de bicicletas junto a sus excompañeros del ejército Pedro y Antonio “El Gamarron” (+), tal sociedad duró poco lo que derivó en la separación de estos.
Don Manuel se dedicó al alquiler de bicicletas con el nombre del “Colocho” en las cercanías al Colegio Belén, su fama se extendió tanto en el municipio que lo calificó para ser contratado por Boscaino y Salandra para ensamblar bicicletas en sus talleres, las que eran vendidas en época navideña, por lo que contrató a sus antiguos compañeros para tal labor, sometiéndose a extenuantes jornadas de trabajo con el fin de cumplir las metas establecidas.
Una de sus muchas anécdotas es cuando conoció a Manuel Rivera “El Científico”, pirotécnico de profesión en su extinto taller de la 12ª avenida norte, que meses después se trasladaría a la finca La Peña, en dicho lugar Rivera convence al Colocho de construir un juego mecánico con viejos barriles, con los que crearon “la voladora” con asientos en forma de bicicletas, la que se popularizó en las fiestas del barrio La Vega, por lo que un exalcalde tecleño los invitó a participar de los festejos decembrinos, dicho aparato fue visto con desconfianza por los ciudadanos, más no por los niños, quienes disfrutaron de vueltas gratis, lo que hizo ganarse la confianza de los adultos a subirse a ella.
Otra remembranza era cuando alguien incumplía el tiempo de alquiler de una bicicleta, debiendo dejar una prenda de valor; entre sus usuarios destacaron alcaldes, buseros, estudiantes y típicos personajes como el inolvidable “Toñito Dame Cinco”, entre otros.

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