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Los dos imposibles en El Salvador: que el pueblo exija información y que Bukele la dé

Han pasado ya casi nueve meses desde que el presidente Nayib Bukele, en uno de sus acostumbrados espacios nocturnos “decidió” comprar Bitcoins con fondos públicos. Hasta hoy, no se sabe si fue producto de una estrategia previamente planificada y si fue así, cuidadosamente reservado, como un secreto de Estado, o producto de una revelación, producto de las fantasías que de la virtualidad o del mundo alegórico.

Independientemente de cuáles hayan sido las razones, el mandatario debería tomarse un tiempo de seriedad e informar al pueblo, a los inversores y a los deudores de cuál es la situación del Bitcoin en El Salvador y el mundo, luego de su aparatoso desplome. A la hora de escribir este editorial, el precio del Bitcoin era de 19, 683.00 USD. Si cada uno de los salvadoreños viera el tema desde el puto de vista de los economistas o financieros, las alarmas deberían estar encendidas, lo mismo que el Gobierno, si este fuera más serio y responsable en el manejo de las inversiones públicas, si tomamos la compra del Bitcoin como una inversión.

El presidente Bukele compró los primeros 400 Bitcoin entre precios equivalentes a los 37 mil y 47 mil dólares. Hasta la fecha, el mandatario ha hecho un aproximado de diez compras, por lo que ha “invertido” más de 100 millones de dólares, esto sin contar los 70 millones que utilizó para regalarle a cada uno de los salvadoreños 30 dólares, si bajaban la aplicación de la billetera electrónica conocida como Chivo Wallet. Es decir, el presidente Bukele debería explicar por qué y con tanta facilidad tiró 70 millones de dólares, la misma cantidad de dinero que se necesita para construir el Hospital Rosales, cuyo préstamo, por cierto, quedó aprobado en el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén.

Pero lo que más está obligado a explicar es cómo El Salvador va a mitigar el impacto de la caída estrepitosa de los 2,301 Bitcoins “en poder” del Estado salvadoreño,  ahora que el precio de la cripto moneda sigue en bajada.

El mandatario debe dar confianza a los salvadoreños, en primer lugar, y luego a los deudores, pues al parecer, la caída en los precios del Bitcoin no es producto de un estrategia del gurú que se ha hecho archimillonario con el cripto activo, ni de la volatilidad inherente al mismo, sino producto de otros factores como la inflación mundial, la política monetaria más estricta en Estados Unidos y el riesgo de la recesión económica.

Estos tres factores, en esencia, son los que en realidad deben tener a la base la preocupación de la caída del precio del Bitcoin, pues de mantenerse este y no volver alcanzar el máximo precio que fue de 60 mil dólares por BTC,  significaría que El Salvador habría perdido el 50% de su inversión. Y la retórica de algunos funcionarios de gobierno y de sus seguidores aplaudidores de que El Salvador no ha perdido nada, porque tampoco ha vendido nada, no es válida para una nación que ha adoptado el Bitcoin como moneda de curso legal. Porque, incluso, necesita una explicación, de qué sentido tiene tener el BTC como moneda de curso legal, si no se va a utilizar para el intercambio cotidiano, y que solo es de comprarlo y tenerlo “guardado”, para venderlo cuando este alcance los precios superiores a como se compraron.

Además, el presidente Bukele debería explicar el porqué de las contradicciones entre su discurso y los discursos de sus funcionarios. Por ejemplo, el ministro de Hacienda, Alejandro Zelaya, se contradijo en una misma semana, en declaraciones dadas en la televisión. En la primera ocasión dijo que ante la baja del precio del Bitcoin, El Salvador no ha perdido porque no ha vendido “ni un tan solo Bitcoin”, luego, cuando le preguntaron cómo había obtenido las ganancias para los cuatro millones de dólares invertidos en el Chivo Pets (Hospital veterinario), el ministro Zelaya respondió que producto “de la venta de algunas monedas”.

Bueno, ¿vendieron o no vendieron monedas?

El ministro Zelaya no solo se contradice así mismo, sino también al mismo presidente. Por esta razón el presidente Bukele debería dar una explicación, y es que las arcas del Estado, si bien no deben servir para la corrupción, tampoco deben serlo para el despilfarro.

Todo lo anterior, por supuesto, debería ser de preocupación para cada uno de los salvadoreños, y a partir de allí exigir al gobierno de turno explicaciones, más transparencia, más responsabilidad. Sin embargo, hoy por hoy, es pedirle peras al olmo, pues nuestro pueblo sigue boquiabierto por la retórica del presidente Bukele.

 

 

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