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La liberación de Tony Saca vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para el poder: ¿Qué conexiones unen al expresidente condenado por corrupción con el gobierno de Nayib Bukele y el proyecto bukelista? En declaraciones brindadas en el programa #BarcitoFM, el periodista Leonel Herrera sostiene que no se trata de una coincidencia ni de un simple episodio judicial.
Hay continuidades en el modelo de propaganda, vínculos con personas del entorno saquista que llegaron al actual gobierno y un trato que contrasta radicalmente con la dureza aplicada contra los sectores más pobres.
El periodista Leonel Herrera también advierte que la salida de Saca ocurre en un momento políticamente conveniente: cuando la atención pública está concentrada en la operación gubernamental en Haití. Tres conexiones permiten entender por qué, a su juicio, el saquismo y el bukelismo están mucho más cerca de lo que el discurso oficial pretende admitir.
Los tres grandes vínculos entre Toni Saca y Nayib Bukele
GANA: el partido de Tony Saca que llevó a Bukele a la Presidencia
La principal conexión entre Tony Saca y Nayib Bukele es partidaria y tiene un peso político fundamental: GANA, el partido que llevó a Bukele a la Presidencia de la República en 2019, nació de una fractura interna de ARENA vinculada al expresidente Tony Saca.
GANA fue fundada en 2009 y formalizada como partido en 2010, después de que doce diputados abandonaran ARENA tras la derrota electoral de 2009. La ruptura estuvo vinculada al enfrentamiento entre Saca y la dirigencia arenera, que posteriormente lo expulsó del partido. No fue, por tanto, una organización ajena al saquismo: nació de aquella disputa por el control político de la derecha salvadoreña.
Pero hay una conexión todavía más directa: Herbert Saca, primo de Tony Saca y uno de sus principales operadores políticos, fue uno de los gestores de GANA y participó en los movimientos que terminaron llevando a Bukele a convertirse en candidato presidencial de ese partido. Así lo documentó una investigación de Revista FACTUM publicada en agosto de 2018.
La historia tiene una secuencia reveladora: GANA nace de la ruptura de ARENA asociada al entorno de Saca; posteriormente, sirve como vehículo para la candidatura presidencial del propio Tony Saca en 2014, mediante la coalición UNIDAD; y, en 2018, se convierte en la plataforma electoral que une los proyectos de Saca y Nayib Bukele para competir y ganar la Presidencia en febrero de 2019.
Es decir, Bukele llegó al poder utilizando un partido fundado por antiguos diputados de ARENA vinculados al saquismo, cuyo fundador político más emblemático, Tony Saca, terminó condenado a diez años de prisión por corrupción tras admitir su participación en el desvío de aproximadamente 300 millones de dólares de fondos públicos.
Esta trayectoria plantea una contradicción política que Leonel Herrera pone sobre la mesa: ¿Cómo se explica que Bukele construyera su discurso de ruptura contra la corrupción de los gobiernos anteriores mientras su candidatura presidencial fue posible gracias a la estructura partidaria surgida del entorno político de Tony Saca?
La conexión entre ambos no comienza con la liberación de Saca ni con los funcionarios que hoy comparten espacio en el Gobierno. Comienza en el partido que hizo posible la llegada de Bukele a la Presidencia.
La propaganda: los operadores de Saca que hoy manejan la comunicación de Bukele
Una segunda conexión entre Tony Saca y Nayib Bukele está en los operadores que manejaron la comunicación política del expresidente y que hoy están al frente del aparato propagandístico del actual gobierno. Entre ellos destacan Ernesto Sanabria y Porfirio Chica, personajes oscuros de la política salvadoreña que han tenido presencia en ambos proyectos de poder.
Para el periodista Leonel Herrera, la continuidad no se limita a los nombres: también se refleja en el modelo de comunicación. Saca convirtió la propaganda en una herramienta permanente de gobierno, utilizando principalmente la radio y la televisión para construir una imagen favorable de su administración. Bukele, por su parte, reproduce esa lógica y la adapta al nuevo ecosistema digital, donde las redes sociales, los contenidos audiovisuales y los aparatos de troles tienen un protagonismo determinante.
Cambian las plataformas, pero permanecen los operadores y la lógica propagandística. Esta continuidad cuestiona el discurso de ruptura de Bukele con los gobiernos anteriores y abre una interrogante: ¿Qué tan nuevo es realmente el modelo de comunicación del bukelismo si algunos de sus protagonistas vienen del saquismo?
La justicia selectiva: Un aparato del saquismo que dirige la política de seguridad y justicia de la gestión Bukele
La tercera conexión que expone Leonel Herrera tiene que ver con la permanencia de figuras procedentes del gobierno de Tony Saca en posiciones estratégicas de la administración de Nayib Bukele. Uno de los casos más relevantes es el del actual ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Villatoro, quien fue director general de Aduanas durante la presidencia de Saca, entre 2004 y 2009, y posteriormente volvió a ocupar esa misma institución al inicio del gobierno de Bukele.
Su trayectoria también ha sido objeto de cuestionamientos por sus presuntos vínculos con Herbert Saca, primo del expresidente y operador político señalado en investigaciones periodísticas por sus relaciones con estructuras de narcotráfico y corrupción.
Investigaciones de InSight Crime e Infobae han documentado señalamientos sobre la cercanía entre Villatoro y Herbert Saca, así como referencias a posibles conexiones de este último con la estructura de narcotráfico conocida como Los Perrones, cuya expansión coincidió con los años del gobierno de Tony Saca. Villatoro ha rechazado tener vínculos con Herbert Saca y ha calificado los señalamientos sobre narcotráfico como parte de agendas políticas.
El caso de Herbert Saca también merece atención: investigaciones periodísticas han señalado sus relaciones con figuras vinculadas a Los Perrones y han documentado que el gobierno de Bukele le proporcionó protección policial entre 2020 y 2021, según documentos de la PNC divulgados por la prensa.
Pero los cuestionamientos a Gustavo Villatoro no terminan ahí. En julio de 2024, Socorro Jurídico Humanitario presentó avisos ante la Fiscalía para que se investigara a Villatoro y otros funcionarios por presuntos delitos, incluidos crímenes de lesa humanidad, en el contexto del régimen de excepción. Se trata de denuncias que requieren investigación y determinación judicial.
Así, la pregunta que plantea esta conexión es inevitable: ¿Cómo puede presentarse el bukelismo como una ruptura absoluta con el pasado cuando funcionarios de la administración Saca ocupan posiciones centrales en el actual gobierno y algunos de sus antiguos operadores continúan apareciendo en investigaciones sobre redes de poder y corrupción?
La discusión ya no es solamente por qué Tony Saca recuperó su libertad. Es también qué relaciones, operadores y estructuras de poder conectan a su antiguo gobierno con el de Bukele.
Haití la cortina de humo: ¿Quién quería que miráramos hacia otro lado?
Hay un último elemento que Leonel Herrera considera políticamente significativo: el momento escogido para la salida de Tony Saca.
Mientras la atención pública se concentra en Haití, en el despliegue militar salvadoreño y en la crisis que rodea a los cuatro militares salvadoreños, la liberación del expresidente aparece en medio de una coyuntura de enorme exposición mediática.
Herrera interpreta esa coincidencia como una posible maniobra para reducir el costo político de la noticia: aprovechar que la mirada ciudadana está puesta en otro escenario y, al mismo tiempo, activar al aparato digital de propaganda para defender a Saca y desplazar las críticas.
La pregunta no es solamente por qué salió Tony Saca. También es por qué su libertad no viene acompañada de una discusión pública sobre el dinero que debía recuperarse, las responsabilidades por el saqueo del Estado y las conexiones políticas que sobreviven entre administraciones.
Bukele llegó al poder prometiendo combatir a los corruptos del pasado. Hoy, la libertad de Saca obliga a preguntarse si aquella ruptura fue real o si, detrás de la propaganda, las viejas conexiones del poder siguen intactas.
El aparato de desinformación del bukelismo sale al rescate de Saca
Tras la liberación de Tony Saca, el ecosistema digital del bukelismo ha activado una ofensiva de mensajes para defender su salida, minimizar el escándalo y presentar el hecho como un procedimiento judicial ordinario. La estrategia busca normalizar la liberación, desplazar la discusión sobre el dinero público que nunca fue recuperado y, sobre todo, desdibujar las conexiones políticas que unen al saquismo con el bukelismo.
El contraste es evidente: mientras se intenta presentar a Saca como un asunto del pasado, se evita discutir que GANA fue el vehículo partidario que llevó a Bukele al poder y que figuras del entorno saquista siguen ocupando posiciones determinantes dentro de la cúpula política del bukelismo y de su gobierno.
La propaganda intenta blanquear la historia, pero hay una pregunta que no consigue borrar: si Bukele rompió con el pasado, ¿por qué tantas conexiones del saquismo siguen presentes en su proyecto de poder?
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