web analytics
jueves , 19 octubre 2017
Inicio » Suplemento Tres Mil | 3000 » La última cena de Monseñor Escena de su martirio
La última cena de Monseñor Escena de su martirio

La última cena de Monseñor Escena de su martirio

Alfonso Velis Tobar

Escritor y poeta

Introducción

Aquí se puede usar imágenes de video de fondo en el drama a manera de  teatro documental, shop   experimental, patient   teatro histórico con el fin de reflejar  la situación que se vive en el país inmerso en una cruenta guerra civil hacia los años de 1980. Monseñor en sus homilías trata de parar las matanzas y la represión del gobierno fascista contra el pueblo y contra la iglesia progresista. Esta escena de un drama que vengo trabajando y nunca termino  “Crimen en la parroquia”, help espero seguirla pues nos mantiene ocupado otros trabajos. Esta escena da imagen de las horas antes que Monseñor vivió el mismo 24 de marzo de 1980 día de su  martirio. Esta logra en su acción contrastes con otra escena anterior donde los enemigos planifican con descaro y cinismo su asesinato,  ante la situación delicada que vive el país a principios de marzo de 1980.

El lunes 24 de marzo de 1980 muy tempranito en la pequeña vivienda del hospitalito de la Divina Providencia se encuentra Monseñor junto con dos  hermanas de la caridad que se encargan de cuidar a los enfermos cancerosos. Los teléfonos empiezan a sonar desde muy temprano y en grandes letras en la portada los periódicos anuncian el  titular  “Monseñor llama a las bases del ejercito a la insubordinación”, el Arzobispo comete delito”

Madre Teresa –  ¡Monseñor! ¡Monseñor!  (Dirigiéndose a él con ansiedad) también ha salido en los periódicos anunciando que Ud. celebra esta tarde una misa de difuntos en el hospitalito de cancerosos de nuestra Parroquia la Providencia. Monseñor -si pues y que te exalta gracias por recordármelo, últimamente se me olvidan las cosas.

Madre Luz  – ¡Si,  Monseñor, es bastante extraña ese anuncio grande y tan destacado!

Monseñor Romero  _ ¡y entonces que….! ¿Qué la asusta hermana?

Madre Teresa – Parece como pregonando que es Ud. quien dice la misa.  ¡No vaya Monseñor! ¡No vaya! ¡Se lo suplicamos por amor de Dios! ¡Que vaya otro en su lugar a celebrar la santa misa!

Madre Luz  – Si, no vaya Monseñor, no es prudente en estos momentos (las dos hermanas muy nerviosas ruegan y ruegan a Monseñor mientas toma su rosario entre los dedos y luego hojea rápidamente uno de los periódicos del día lee el titulo y calla) No vaya, Monseñor, no vaya…ya ve tantas cartas anónimas y llamada telefónicas que hemos estado recibiendo de los escuadrones de la muerte, amenazando matarlo. Mire los periódicos están plagados de cochinadas y ofensas a su persona, debido a su homilía de ayer en Catedral, a los militares no les ha gustado, los ricos, lo acusan de estar incitando a las organizaciones a una rebelión popular y de estar llamando a la subversión a las bases del ejercito…Los ricos dicen que sus homilías son culpables de toda esta situación de violencia en el país.

Monseñor Romero (En su aspecto humilde  se excusa con dos palabras,  coloca el periódico en la mesa. Pone cara reflexiva y dice) – pero es mi deber como pastor de esta iglesia. Ni modo yo tengo ya un compromiso con la familia Pinto y voy a celebrar la misa. Estamos en las manos de Dios. ¿Es que ya no tienen fe, mejor hay que orar?

Madre Teresa  (Trata de convencerlo) – Mire Monseñor  fíjese que desde el sábado hasta hoy hemos recibido cinco llamadas de amenazas contra Ud. y después de la homilía de ayer 23 de marzo, mas llamadas y mas llamadas todavía peores, bien feo el modo de las amenazas, con tonos de querer dañarlo. No vaya a celebrar la misa Monseñor, se lo pedimos lo pueden matar peor en este momento.

Monseñor  Romero– Pues queridas hermanas en mala hora me toca esto. Es la voluntad de Dios. Yo solo cumplo con el misterio y el mandamiento con Dios. (Un tanto nervioso Monseñor y se va a su cuarto)

Madre Teresa – (Dice a Monseñor con cariño) ¿Le servimos el desayuno Monseñor? (Pero Monseñor no contesta se va a su cuarto a meditar)

RETABLO FINAL

 

La tragedia

(En la capilla del hospitalito de la Divina Providencia las hermanas que cuidan a los enfermos de cáncer, preparan la misa. Detrás del pequeño altar mayor, se ven blancos manteles bordados, rojo el vino en la vinajera de cristal. En el centro del altar pende Jesucristo crucificado, hay muchas flores y candelas encendidas. Para las seis de la tarde está anunciada la misa de aniversario en sufragio de doña Sarita de Pinto.  Monseñor llega puntual revestido con la casulla y estola morada de cuaresma ya que se avecina la Semana Santa. Monseñor se inclina sobre el altar y lo besa. Se ponen de pie apenas las 20 o 25 personas que asisten a la misa, hijos, familiares, algunos amigos y un fotógrafo que anda cámara en mano para retratar al final al arzobispo y a los parientes de doña Sarita de Pinto.)

Monseñor Romero (Inicia la misa) – En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (La  respuesta es de todos los feligreses  es tenue, apenas algunos susurran)  – ¡Señor, ten piedad, Cristo ten piedad…! Oremos: ¡Señor Dios nuestro, que quisiste que tu hijo se entregara a la muerte! (Los ojos de Monseñor Romero ven hacia la puerta principal que tiene enfrente en su dirección y ya está atardeciendo afuera entre claroscuros. Afuera dominan ya las tinieblas va entrando la noche) Monseñor comienza a leer, todos se sientan, rutinariamente atentos viendo hacia el altar  mayor sigue diciendo) -Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios”. Un viento tibio y fuerte entra por la ancha puerta principal. Después de leer el santo evangelio la parábola del granito de trigo que al caer en la tierra se multiplica, Monseñor comienza su breve homilía del día)

Monseñor Romero – Es necesario no amarse tanto a si mismo que se cuide uno para no meterse en los riesgos de la vida que la historia nos exige…pero si nos alimentamos en la esperanza cristiana nunca fracasaremos. (Exclama Monseñor)

(La misa ya está llegando a su mitad. Por los cristales de la izquierda Monseñor observa un movimiento rápido, parece una sombra entre la capilla, iluminada de candelas más  luz eléctrica. Es hora de poner punto final a la homilía.

Monseñor  -¡Justicia y paz para nuestro pueblo que padece su martirio! (Todos los fieles contestan y se escuchan susurros entre los concurrentes) ¡Amen, así sea!)

Monseñor se vuelve al centro del altar para ofrecer a Dios el Pan y el Vino en su consagración. Ya no le tiembla la mano. Solo mira el blanco lino del corporal que va desdoblando suavemente. Lo extiende y roza el filo dorado de la paterna que se dispone a alzar. Al levantar los ojos por los cristales de la izquierda alcanza a mirar muy rápido el fogonazo hacia la puerta, un segundo de luz, luego ruido y pólvora. Se escucha un disparo, uno solo. Por estar tan cerca del micrófono este suena como el estallido de una bomba. Un solo tiro a la altura del corazón. Se ve caer a Monseñor derribado a los pies del crucifijo. Al instante el suelo se cunde de sangre que vierte del cuerpo de Monseñor derribado sobre el piso. Al instante aquel griterío que se oye entre los feligreses. Madre Teresa que está cercana corre a la puerta pero no mira nada. Solo se escucha de fondo el ruido de un carro que arranca afuera a toda prisa para perderse en la calle)

Madre Teresa – (Grita corriendo) ¡Le dispararon a Monseñor, son unos asesinos! (la mayor parte de concurrentes llorando asustados, no se podía creer  en aquellos segundo y con pánico vuelan todos de las bancas hacia el altar mayor para aliviar a Monseñor, con un hilo de sangre sale de su  boca y ya regada sobre el suelo.

María del Socorro  (Se le tira encima exclamando) ¡Monseñor!! Monseñor! ¡Dios mío! (Monseñor nada responde. María del Socorro  le toma el pulso de su mano, pone su oído en su pecho y no escucha nada)

Madre Teresa (Con las manos empapadas de sangre asiste a Monseñor quien está ya en los brazos de la hermana María del Socorro) ¡Démosle vuelta pronto! (Madre Teresa y Madre Luz  angustiadas ayudan a moverlo, un interminable rio de sangre mana por la boca de Monseñor).

Madre Luz  – ¡Ay Dios Santo! ¡Padre Eterno! ¡(Corre muy desesperada hacia uno de los pasillos de la parroquia) ¡Llamaré al doctor que venga pronto!

María del Socorro – ¡Ya no madre Luz…ya no! ¡Monseñor Romero ya murió! ¡Dios lo reciba en su seno junto con su martirio. ¡Cristo santo! (Todo mundo de los asistentes lloran llenos de pánico y asombro todavía. María del Socorro tiene en sus brazos a Monseñor y aprisionado a su pecho manchado de sangre llora desconsoladamente. La sangre de Monseñor vertida sobre su ropa y el piso. (Se va cerrando el telón) Luego a media luz el ambiente se queda en pleno silencio y oscuridad.

Alfonso Velis Tobar (Escena tomada de mi drama “Crimen en la parroquia”)

A %d blogueros les gusta esto: