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La epidemia como fantasma

La Epidemia (Kujkukulis) como Fantasma (Kujkul)

 

Rafael Lara-Martínez

Universidad del Ex-Silio

[email protected] /

https://nmt.academia.edu/RafaelLara

Desde Comala siempre…

 

Pese a varios artículos que afirman “muchos científicos advirtieron la epidemia”, las instituciones donde trabajan no previnieron que este semestre, primavera de 2020, terminaría en el aislamiento virtual.  Parecería que existe un divorcio entre la planta de profesores y la administración silenciosa.  Más drástico aún, tal vez las instituciones científicas carecen de científicos que recomienden su política salubre y su guía pedagógica.

 

Más humilde sería reconocer que la alarma higiénica y la crisis económica llegaron inadvertidas y —salvo la ficción— casi nadie predijo la catástrofe.  Empero, esa solicitud de modestia rebasa los objetivos orgullosos de la técnica moderna a pretensión universal.  Ante el descalabro actual —bajo un doble colapso, salubre y financiero— vale la pena rastrear cómo resucita un antiguo concepto de Fantasma.

 

Actualmente, los valores se invierten, ya que lo regional proyecta sus leyes hacia lo global.  Por ello, si hace más de un siglo la ciencia materialista de la historia dicta sus preceptos políticos universales gracias al “Espectro (Gespenst) del comunismo” (K. Marx, 1848), hoy el “Espectro (Kujkul) de la Enfermedad (Kujkutia) reconoce el legado náhuat —lengua indígena de El Salvador.  Lo local y olvidado ofrecen una arista inédita para pensar los problemas en curso.

 

Como lo anticipa el título mismo, la Enfermedad o epidemia y el Espectro o fantasma se vinculan por derivarse de la misma raíz: -kuj-ku-.  Algunos estudios ligan este radical al náhuatl-mexicano cocôlli, “riña, enojo”, y al verbo cocôa, “estar enfermo, escocerme o dolerme una parte del cuerpo”, así como a côlli, “abuelo, ancestro” (F. Karttunen).  Del enfado —la violencia histórica— el sentido transcurre a la enfermedad y a la vejez.  Acaso al cansancio de una idea del mundo.

 

Para el náhuat de El Salvador, esta derivación lo vincularía a ku:kua, “doler”, y kukuya, “enfermarse”.  La aparición del Fantasma (Kujkul) denota un malestar social y personal, el cual correlaciona el Espectro a una teoría de la dolencia que perturba la paz de la comunidad.  El Espanto acarrea el Coronavirus—el temor a morir—, viceversa, y sus consecuencia colaterales como la recesión económica,

 

Kujkul también significa “anciano, viejito”, al igual que “diablo”.  Lo confirma la raíz “anciano, antepasados (ne kujkulwan), abuelo (-kujkul), diablo” (Lyle Campbell y Werner Hernández).  Un significado peregrino enlaza la Enfermedad, al Antecesor, al Espectro y al Demonio bajo un solo término.  Mientras la Infección se propaga como los sueños bajo la sombra, el espanto extiende el temor político a plena luz del día.

 

Por esta lógica universal de una lengua regional —el náhuat de El Salvador— no sólo la ciencia predice el temor actual a la crisis sanitaria y a la recesión económica, “una caída del PIB del 4.6% en América Latina”, según el Banco Mundial.  En cambio, hace siglos, la conciencia lingüística de un idioma desdeñado vaticina lo actual.  El “Espectro” —Kujkul y Gespenst— que recorre el mundo se llama Enfermedad (Kujkukulis). Epidemia imprevisible y achaques financieros.  Ante esta Aparición furtiva en pesadilla, el Fantasma del comunismo hace un doble reclamo universal.  Solicita derecho médico y derecho salarial, ambos mínimos para solventar la crisis.

 

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