Por David Alfaro
El discurso oficial lo presenta como una obra moderna y emblemática, pero cuando uno revisa con calma los números, la historia cambia.
¡Ha costado 34 millones de dólares!
Según las mismas cifras divulgadas por la dictadura, el costo por metro cuadrado del nuevo mercado supera, de manera absurda, el valor de construcción en centros comerciales de lujo como Multiplaza. Esto no es sólo un contraste llamativo, es una señal de alerta. En infraestructura pública, donde los materiales suelen comprarse a gran escala y los costos deberían ser más bajos, no tiene lógica que el valor final sea más caro que en un complejo comercial privado de clase alta.
Aquí entran las preguntas que el dictador no responde.
🔸Cómo se adjudicaron los contratos?
🔸A quién beneficiaron?
🔸Por qué se ignoraron los procesos de licitación?
🔸Y lo más importante: por qué las cifras finales parecen infladas en un país donde cada dólar mal usado afecta directamente a la gente?
El Mercado San Miguelito es un espacio vital para cientos de comerciantes salvadoreños que sostienen a sus familias con ventas diarias. Era necesario reconstruirlo, pero no convertirlo en otro proyecto donde la corrupción se disfraza de modernización. El retraso de cuatro años significó pérdidas, precariedad y un impacto social que nadie quiso asumir.
Al final, la obra terminada no borra la forma en que se manejó el proyecto. La población está recibiendo un mercado nuevo, sí, pero con un costo económico y social que sigue sin aclararse. Y mientras celebran con propaganda, quedan en el aire las preguntas de fondo sobre el uso de fondos públicos y sobre quién realmente ganó con esta reconstrucción.
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