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Ingleses en Centroamérica Belice

Caralvá

Intimissimun

Gaceta del Salvador en la República de Centro-América marzo 14 de 1849

En el número 1608 del Monitor Republicano del México fecha de 7 de octubre[1] último se encuentra la parte del artículo que a continuación insertamos por los datos que contiene acerca de las antiguas miras de la Inglaterra sobre el territorio de Centro-América.

Debemos, pues, instruir ahora sucintamente a nuestros compatriotas, en razón de ser aun oportuno, diciendo: que hace más de un siglo que la Inglaterra pretende establecerse en el Golfo de México, con extremada ansia, y especialmente después de la emancipación de sus antiguas colonias del Norte de América, proclamada en 1776. Con este fin, invadió la Movila y tomó el hermoso puerto de Panzacola en 1780, el cual tuvo que devolver a España al hacer la paz con ella poco después. Nunca la Gran Bretaña ha quitado el dedo en el renglón en esta parte, puesto que en varias ocasiones, y especialmente en 1814, con motivo de la guerra que se suscitó entre ella y Estados Unidos del Norte-América, dirigió una fuerte expedición de 15,000 hombres veteranos, aguerridos  y bien disciplinados, para apoderarse de la Luisiana, tomando primero a Nueva Orleans, lo que se le  frustró habiendo resultado absolutamente vencido el  ejército inglés casi a las puertas de aquella ciudad, por las fuerza anglo americanas, al mando del general Jakson, en fines de 1814 o principios de 1815. No pudiendo los ingleses fijarse en algún punto del seno mexicano, solicitó su gobierno, antes o después de la paz de 1780 que el gabinete de Madrid le permitiese establecer en Río Hondo (Golfo de Honduras)  una ranchería para el corte de maderas, y concedida que le fue esta gracia, con la más pérfida ingratitud en lugar de la tal ranchería, formó el establecimiento de la notable población de Belice que era parte del territorio de Yucatán, fronterizo al que hoy es el Estado de Honduras perteneciente a la república de Centro-América. El punible abuso que acaba de indicarse ocasionó las serias reclamaciones de la España, que en la guerra que tuvo posteriormente con la Inglaterra, dirigió en 1796 una expedición de tres mil hombres que salió de Campeche al mando del capital general, de la que entonces era provincia de Yucatán, D. Arturo O-Ney, con el fin de recobrar aquella parte del territorio usurpado con la más inaudita felonía, más la empresa se desgració por culpa del Sr. O-Ney, según se dijo entonces, y los ingleses consumaron su inicua superchería, y la legitimaron al hacerse la paz den 1801, en que la España les cedió a Belice, algo aumentado ya en territorio en la forma que hoy lo posee, quedando reducida desde entonces a Bacalar la frontera de Yucatán; debiendo advertirse, que desde luego, la Inglaterra en sus mapas, señala que el terreno usurpado y su capital Belice o Walix, con nomenclatura “DE YUCATAN INGLES”.

Ahora bien, después de haber estado los ingleses dando constantemente en más de dos años grandes auxilios de pertrechos y municiones de guerra a los rebeldes y bárbaro indígenas de Yucatán, con mengua y oprobio de la civilización del siglo, para sostener una guerra cruel y destructora como la que aún continúa hace ya cerca de tres años; se asegura por diversos conductos, véase entre ellos el Monitor Republicano de 12 del último agosto[2] que el gobierno de la Gran Bretaña pretende hacer o ha hecho ya al supremo de la Unión mexicana, una proposición de mediación a favor de los bárbaros indios de Yucatán, poco más o menos en los términos indicados por el periódico francés” LE TRAIT D´UNION” que copió el Monitor referido.

En vista pues, de lo que acaba de expresarse ¿será acaso y sin acaso, que la Inglaterra haya pensado en abrirse un camino a la futura posesión de la península yucateca, prevalida de su acción funesta? ¿será igualmente que habiendo protegido abiertamente a los rebeldes salvajes de aquel país, a consecuencia de esa falaz e insidiosa proporción de mediación para terminar a su modo la guerra que sostiene contra esa raza mortífera y brutal, se quiera estrechar ahora con ella las  más íntimas relaciones y darnos más adelante un nuevo rey Mosquito, como indican con  fundamento “Le Trais D´Union¨” y “El Monitor “ ¿será también alguno de la familia de Jacinto Pat de Crecibo Chi u otros de esos tales cabecillas de los rebeldes indígenas, se le forme una jerarquía de descendencia  de los antiguos régulos o grandes caciques soberanos de Yucatán, para que entronizados oportunamente, les ceda a los ingleses  y después (como el Mosquito de Honduras) el derecho de posesión de todo el territorio de aquella infortunada península? ¿será por último, que a las grandes ventajas que por tales medios se adquieran, y ulteriores miras sobre México, que en tal caso podrán realizarse muy fácilmente, se consiga además lo que tanto se ha deseado y desea, de abrirse un camino en el Golfo de México para rivalizar a los Estados Unidos.

Lo repetimos aquí ¡hay de México si a todo trance no impide que dentro de muy poco se le haga desaparecer del mapa político de las naciones!

Sin embargo, de haber escrito lo suficiente para que se ponga el remedio debido a los grandes males en política que nos amenazan y que sospechamos, sin temeridad, por los datos y otras noticias que omitimos ahora por ser más difusos; nos proponemos hacer nuevas reflexiones sobre la materia, en otro artículo en que ampliaremos nuestras ideas respecto a las vitales cuestiones que hemos tocado ligeramente al presente, porque así lo demandan nuestras gravísimas y peligrosas circunstancias. México, septiembre 25 de 1849. Un verdadero político nacional amazon.com/author/csarcaralv

[1] 1848

[2] Yucatán — Del periódico Le Trait d´Union de ayer, tomamos lo que sigue:
“Puesto que hablamos de los indios, vamos a   permitirnos para concluir, (el artículo) de una pequeña digresión con respecto a ellos. Se nos ha dicho, y los creemos bastante positivo, que la Inglaterra, situada en el pequeño rincón de la tierra que se llama Belice, ha propuesto por medio de su agente oficial, mediar entre los indios y los blancos de Yucatán. Pediría al gobierno mexicano ciertas concesiones en beneficio de los indios, la propiedad, por ejemplo, de una porción de territorio en que pudiesen entregarse al trabajo: en cambio de estas concesiones y de otras ventajas estipuladas, la Inglaterra se empeñaría en obtener la cesación de las hostilidades y en que se anudaran de nuevo relaciones amistosas entre las dos razas.

Esta proposición es sin duda muy filantrópica y loable; pero desgraciadamente el continente americano todo, ofrece un ejemplo bastante significativo de lo que cuesta en semejantes circunstancias a los que la aceptan, la mediación desinteresada de la Inglaterra. La sombra del Rey de los Mosquitos y las noches que hacen pasar a los Estados de Honduras y Nicaragua esa monarquía audaz, se presentan a la mente de los tímidos, ellos se preguntan qué nuevo poderoso tiene reservado la blanca Albión para gobernar bajo su dirección el Segundo Mosquito, que acaso se ha imaginado posible crear en la península, y tiene algún temor ¿Se recela con razón o sin ella? Esto no nos concierne”

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