Redacción Nacionales
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Una nueva controversia sacude al boxeo salvadoreño. Samuel “Sam” Contreras Jr., quien durante años fue presentado como “la gran promesa” del pugilismo nacional, rechazó integrar la Selección de El Salvador para los Juegos Deportivos Centroamericanos realizados en Guatemala, a pesar de que su preparación fue financiada con casi $70,000 provenientes del INDES y del Comité Olímpico de El Salvador.
La situación genera indignación, especialmente porque el propio INDES —en un artículo oficial titulado “Sam Contreras sueña con una medalla olímpica para El Salvador”— promovió al boxeador como un proyecto de alto rendimiento que contaba con el respaldo institucional para brillar en el ciclo olímpico. Esa publicación destacaba viajes internacionales, bases de entrenamiento y apoyo económico constante para convertirlo en un referente del país.
Sin embargo, cuando llegó el momento de vestir los colores azul y blanco, Contreras decidió no competir por El Salvador, una decisión que dejó en evidencia la falta de control, supervisión y seguimiento sobre la millonaria inversión que el Estado había destinado a su carrera deportiva.
A ello se suma un punto aún más cuestionado: mientras se destinaban miles de dólares a la preparación de Contreras Jr., otros atletas salvadoreños con mejores resultados y mayor proyección no recibieron un apoyo comparable, afectando la equidad dentro del deporte federado.
La ausencia del púgil en la competencia regional no solo debilitó al equipo nacional, sino que plantea serios cuestionamientos sobre la eficiencia del gasto público, la falta de transparencia y los criterios de selección utilizados por las autoridades deportivas.
Hoy, el contraste entre la promoción institucional y el desenlace final deja un mensaje claro: se invirtió fuerte, se esperaba mucho… y El Salvador no recibió nada a cambio.
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