Erick Zelaya*
Durante casi tres años, una batalla sindical iniciada por un grupo relativamente pequeño de trabajadores puso frente a frente dos fuerzas enormemente desiguales: de un lado Tesla, una de las multinacionales más poderosas del mundo, y del otro trabajadores industriales organizados en IF Metall y respaldados progresivamente por una extraordinaria red de solidaridad sindical dentro y fuera de Suecia.
El conflicto comenzó el 27 de octubre de 2023. IF Metall, uno de los principales sindicatos industriales de Suecia y afiliado a LO (Landsorganisationen i Sverige), la principal confederación sindical de trabajadores del país, llevaba años intentando conseguir que Tesla firmara un convenio colectivo para sus trabajadores en Suecia. La empresa se negó y los trabajadores afiliados a IF Metall respondieron iniciando la huelga en los talleres de Tesla.
No se trataba solamente de salarios. En Suecia, los convenios colectivos constituyen la columna vertebral de las relaciones laborales. Cerca del 90 % de los trabajadores están cubiertos por ellos y mediante la negociación colectiva se regulan salarios, incrementos salariales, jornada, pensiones ocupacionales, seguros y otras condiciones laborales. Para IF Metall, permitir que una multinacional del tamaño de Tesla pudiera mantenerse permanentemente al margen de este sistema significaba abrir un precedente peligroso para el conjunto del movimiento sindical sueco.
Lo que inicialmente parecía una huelga localizada comenzó entonces a transformarse en algo mucho mayor.
De los talleres de Tesla a una batalla de solidaridad obrera
La primera gran característica del conflicto fue que IF Metall no limitó la lucha exclusivamente a los trabajadores que inicialmente habían salido a huelga. El sindicato fue ampliando las medidas hacia actividades relacionadas con Tesla y, paralelamente, otros sindicatos suecos comenzaron a utilizar su propio poder dentro de diferentes ramas de la economía.
Las medidas llegaron a constituir una verdadera red de presión alrededor de la empresa. Trabajadores portuarios bloquearon la carga y descarga de automóviles Tesla, electricistas dejaron de realizar determinadas instalaciones, reparaciones y mantenimiento en talleres y estaciones de carga, trabajadores postales bloquearon cartas, paquetes, pallets y posteriormente operaciones relacionadas con placas de matrícula, trabajadores de la construcción bloquearon trabajos de servicio y construcción en instalaciones Tesla, pintores bloquearon trabajos sobre automóviles de la compañía, trabajadores de limpieza y servicios dejaron de realizar determinadas labores, trabajadores del transporte bloquearon la recolección de residuos de talleres Tesla y otros sindicatos afectaron inspecciones técnicas, telecomunicaciones, mantenimiento, ascensores, aire acondicionado y otros servicios.
La dimensión de la solidaridad puede comprenderse mejor con algunos ejemplos concretos. Transportarbetareförbundet, el sindicato de trabajadores del transporte, bloqueó desde noviembre de 2023 la carga y descarga de automóviles Tesla en puertos suecos y posteriormente extendió la medida a todos los puertos del país; Seko y ST bloquearon en PostNord y CityMail la entrega y recogida de cartas, paquetes y pallets dirigidos a Tesla, incluyendo acciones destinadas a impedir que la empresa recibiera placas de matrícula; Elektrikerna, el sindicato de electricistas, bloqueó trabajos de servicio y reparación de instalaciones eléctricas en talleres y estaciones de carga; Byggnads bloqueó trabajos de construcción y servicio en instalaciones Tesla; Målarna, el sindicato de pintores, bloqueó trabajos sobre automóviles Tesla en decenas de talleres de pintura; Fastighets bloqueó trabajos relacionados con Tesla en determinadas instalaciones; Unionen y Vision incorporaron bloqueos sobre distintos servicios técnicos y energéticos.
Incluso los piquetes mostraron esta concepción de solidaridad. Trabajadores de otras empresas con convenios colectivos con IF Metall, entre ellos trabajadores de Volvo Trucks, participaron en los piquetes frente a talleres Tesla. IF Metall organizó turnos para sostenerlos durante largas jornadas, mostrando que la huelga había dejado de ser únicamente responsabilidad de los trabajadores directamente involucrados.
La solidaridad siguió ampliándose en 2026
Lejos de disminuir, todavía en 2026 la solidaridad sindical continuó buscando nuevos puntos para presionar a Tesla y cerrar las vías utilizadas por la empresa para sortear los bloqueos. ST amplió reiteradamente el bloqueo postal a nuevas direcciones que Tesla utilizaba para recibir correspondencia y paquetes, Elektrikerna anunció en abril un nuevo bloqueo sobre trabajos de planificación, nuevas conexiones, servicio y otras actividades relacionadas con cargadores y estaciones Tesla operadas por otras empresas, Transportarbetareförbundet amplió en mayo su bloqueo sobre la gestión de residuos a otra instalación de Tesla.
La lógica era especialmente importante: cuando Tesla encontraba una nueva dirección, un proveedor o una empresa externa para intentar eludir una medida, los sindicatos trataban de extender el bloqueo hacia ese nuevo punto. Algunas medidas establecieron expresamente que la acción continuaría incluso si otra empresa asumía el trabajo bloqueado. La estrategia sindical intentaba seguir a Tesla a través de su propia cadena económica.
Aquí encontramos una de las mayores enseñanzas de esta experiencia: una empresa no termina en las paredes de su fábrica o de sus talleres. Para funcionar necesita energía, transporte, mantenimiento, telecomunicaciones, materias primas, logística, distribución, proveedores y empresas auxiliares. La solidaridad dejó así de ser simplemente una declaración y se convirtió en solidaridad material de clase. El trabajador de otro sector no decía solamente “apoyo a los compañeros de Tesla”, utilizaba la posición que ocupaba dentro de la economía para fortalecer su lucha.
Cuando la solidaridad cruzó las fronteras
La lucha adquirió además una dimensión internacional. El sindicato danés 3F Transport anunció un bloqueo total de automóviles Tesla en los puertos daneses, el sindicato noruego Fellesforbundet anunció un bloqueo similar en los puertos de Noruega y el sindicato finlandés de transportes AKT decidió que sus trabajadores no cargarían ni descargarían automóviles Tesla o componentes destinados a Suecia. Las medidas entraron en vigor durante diciembre de 2023.
Esto tenía una lógica muy concreta. Si Tesla intentaba introducir vehículos hacia Suecia utilizando puertos de países vecinos para evitar los bloqueos suecos, los trabajadores de esos países intentarían cerrar también esa ruta. La solidaridad comenzó así a acompañar internacionalmente el movimiento de las mercancías.
A esta solidaridad material se sumó el respaldo internacional de IndustriALL Global Union y de la Confederación Sindical Internacional. Representantes de ambas organizaciones visitaron a los huelguistas en Gotemburgo, mientras IndustriALL expresó el respaldo de sus millones de afiliados a la lucha de IF Metall.
Esta experiencia nos hace recordar una verdad elemental: frente a empresas multinacionales, la solidaridad obrera también necesita atravesar las fronteras nacionales.
1,021 días después: una batalla que también mostró límites
Pero la historia no terminó con la firma del convenio colectivo. Después de 1,021 días de conflicto, IF Metall anunció el fin de las medidas. Tesla había conseguido resistir sin firmar el convenio. La empresa recurrió durante el conflicto a trabajadores no huelguistas y diferentes mecanismos para mantener sus operaciones. IF Metall denunció reiteradamente un sistema organizado de rompehuelgas y, finalmente, la empresa fue debilitando la base interna capaz de sostener el conflicto.
No debemos romantizar el resultado. El objetivo fundamental no se consiguió. Tesla ganó esa batalla concreta.
Pero sería igualmente equivocado concluir que los 1,021 días fueron inútiles. La experiencia demostró hasta dónde puede llegar la solidaridad organizada de los trabajadores y reveló también uno de sus límites: la solidaridad externa puede multiplicar la fuerza de los trabajadores organizados dentro de una empresa, pero difícilmente puede sustituirlos. Sin organización interna suficiente, incluso una extraordinaria red de solidaridad encuentra límites. Y precisamente ahí comienzan las grandes enseñanzas para El Salvador.
Primera lección: organizar antes de confrontar
En nuestras condiciones no basta proclamar la necesidad de luchar. Una huelga debería ser la expresión de una fuerza previamente acumulada. Antes debemos conocer cuántos trabajadores están realmente organizados, cuántos están dispuestos a luchar, quiénes son los dirigentes naturales, qué áreas son indispensables para la producción, qué capacidad tiene la empresa para sustituir trabajadores, qué empresas tercerizadas participan, cuánto tiempo podemos sostener económicamente un conflicto, qué otros sindicatos pueden apoyarnos y cómo responderemos frente a despidos y persecución.
Esto adquiere todavía mayor importancia bajo las actuales condiciones salvadoreñas. Habrá lugares donde podamos organizar abiertamente y otros donde será necesario comenzar con pequeños núcleos de confianza, formación y organización discreta. Primero acumular fuerzas, después decidir cómo utilizarlas.
Segunda lección: necesitamos fondos de resistencia
Una lucha prolongada necesita recursos. Un sindicato que utiliza prácticamente todos sus ingresos en funcionamiento administrativo puede mantener oficinas y dirigentes, pero tendrá enormes dificultades cuando llegue una confrontación.
Necesitamos construir fondos de resistencia para huelgas, trabajadores despedidos o perseguidos, defensa jurídica y apoyo a las familias de quienes sufren represalias. La caja de resistencia no es simplemente dinero guardado, es poder obrero acumulado para el momento de la lucha.
Tercera lección: recuperar la centralidad de la clase obrera industrial
La batalla contra Tesla fue iniciada por IF Metall, un sindicato de trabajadores industriales integrado en LO Suecia. Este hecho nos obliga a recuperar una discusión que durante años ha sido relegada: la importancia estratégica de la clase obrera industrial. Se nos ha repetido muchas veces que la clase obrera industrial está desapareciendo. El capitalismo ciertamente ha cambiado, existen automatización, digitalización, tercerización y cadenas internacionales de producción. Pero alguien continúa fabricando los medicamentos, alguien produce el cemento, alguien fabrica alimentos y bebidas, alguien ensambla componentes, alguien mantiene las máquinas, alguien genera energía, alguien mueve materias primas y alguien transporta mercancías. Y aun en El Salvador existe Clase Obrera.
La producción material no desapareció.
Por mucho que el capital financiero tenga cada vez mayor peso y la economía se digitalice, la producción continúa descansando sobre el trabajo humano. La importancia de la clase obrera industrial no debe medirse únicamente por su número, sino también por la posición estratégica que ocupa dentro del proceso productivo.
El Sindicalismo Clasista Salvadoreño necesita volver a las fábricas
En El Salvador existe una clase obrera industrial importante: trabajadores de la maquila textil y confección, alimentos y bebidas, industria farmacéutica, cemento y materiales de construcción, plásticos, metalmecánica, industria química y otras ramas manufactureras. A ellos debemos sumar sectores directamente relacionados con la producción como energía, transporte, puertos, almacenamiento, mantenimiento, telecomunicaciones y logística.
El problema es que una parte importante de esa clase obrera permanece desorganizada y, donde existe organización, encontramos en determinados sectores otro obstáculo: estructuras burocráticas y formas de sindicalismo amarillo que durante años han limitado la organización independiente de los trabajadores, particularmente en áreas como la maquila y determinadas ramas de la construcción.
No necesitamos simplemente más sindicatos. Necesitamos sindicatos dirigidos realmente por los trabajadores, con asambleas, democracia obrera, rendición de cuentas, dirigentes elegibles y revocables, independencia frente al gobierno y los patronos, formación sindical y política y organización desde las bases.
La lucha contra la burocracia sindical debe significar devolver los sindicatos a los trabajadores.
Al mismo tiempo debemos romper las barreras existentes en sectores donde la organización sindical independiente sigue siendo extremadamente débil: industria farmacéutica, industria cementera, alimentos y bebidas, metalmecánica, logística y otras grandes empresas manufactureras.
Volver a confiar en nuestra propia fuerza
Desde el exilio observamos la experiencia de IF Metall pensando inevitablemente en nuestra clase trabajadora salvadoreña, en nuestros compañeros despedidos, en sindicatos destruidos o debilitados, en dirigentes perseguidos y en trabajadores que todavía tienen miedo de organizarse. Pero también pensamos en los miles de trabajadores que cada mañana entran a fábricas, plantas, talleres, puertos, centros logísticos y empresas de nuestro país. Ellos producen, transportan, transforman materias primas, mantienen máquinas y mueven mercancías. Sin ellos la economía no funciona. Nuestra debilidad no proviene de que los trabajadores carezcamos de poder. Proviene de que ese poder se encuentra fragmentado, desorganizado o, en determinados sectores, atrapado bajo estructuras sindicales burocráticas que han perdido capacidad o voluntad de lucha.
La tarea es transformar nuevamente ese poder potencial en fuerza organizada: organizar donde no existen sindicatos, recuperar desde las bases aquellos donde domina la burocracia, volver a las fábricas, construir organización en la industria farmacéutica, cementera, alimentaria y metalmecánica, reconstruir la organización clasista en la maquila y vincular trabajadores industriales con transporte, puertos, energía, telecomunicaciones y logística.
Y hacerlo pacientemente: fábrica por fábrica, turno por turno, trabajador por trabajador.
IF Metall Tesla pudo resistir 1,021 días gracias a sus enormes recursos. IF Metall y los trabajadores pudieron sostener una batalla histórica porque tenían algo diferente: organización y solidaridad de clase.
Pero quizá la imagen más poderosa que deja esta lucha sea otra: trabajadores metalúrgicos, electricistas, portuarios, transportistas, carteros, trabajadores de la construcción y de otros sectores, dentro y fuera de Suecia, utilizando el lugar que cada uno ocupa en la economía para defender una misma causa.
Ésta es la enseñanza que nos deja al sindicalismo Clasista de El Salvador: La clase obrera no descubre su verdadera fuerza cuando cada sindicato lucha solo, sino cuando los trabajadores comprenden el lugar estratégico que ocupan en la producción y aprenden a utilizar colectivamente ese poder. Reconstruir la organización de la clase obrera industrial salvadoreña es, por eso, una tarea estratégica para reconstruir el poder del conjunto de la clase trabajadora.
*Luchador social, Sindicalista en El Exilio y Columnista
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