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¡HABLANDO CON ÉL… HUÍAN LAS HORAS!

Álvaro Darío Lara

El título de esta columna no es más que una paráfrasis de una célebre frase del gran poeta latino Ovidio: “Hablando, huyen las horas”.

Y nada quizás más exacto, para recordar al querido amigo, recientemente ausente: doctor Alfredo Martínez Moreno (1923-2021), un distinguido jurista, maestro, diplomático y amante de las letras, quien honró -primero- con su excelente cordialidad a mi padre, el economista Gilberto Lara (1921-1982), y luego a un servidor.

El doctor Martínez Moreno, Director Emérito de la Academia Salvadoreña de la Lengua, ocupó distintos cargos públicos, entre ellos: Ministro de Relaciones Exteriores y Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Sus alumnos de derecho de distintas generaciones, lo recuerdan como un profesor excepcional, dotado de una erudición, carisma y pedagogía admirables.

Tuve el gran honor de conocerle y tratarle más directamente en las sesiones semanales de la Sociedad Bolivariana de El Salvador y del Instituto Morazánico, celebradas en la residencia del doctor Guillermo Trabanino, también de grata memoria ya, a inicios del presente siglo.

Luego recuerdo que don Alfredo se convirtió en un invitado frecuente en los programas culturales que sostuve en Televisión Cultural Canal 10 y en Radio Clásica. De igual manera, le dedicamos a él y a la Sociedad Bolivariana un número especial del Suplemento Cultural Tres Mil de Co-Latino en aquellos primeros años del siglo XXI.

Los temas de las entrevistas eran variados: desde homenajes a destacados salvadoreños como el doctor Reynaldo Galindo Pohl, Consuelo Suncín, Hugo Lindo, Walter Béneke, hasta episodios célebres de la historia nacional, como su participación en la Constitución Política de 1950, su experiencia diplomática en casos que tuvieron gran relevancia mundial, sus libros de derecho y de literatura, y su difícil trabajo en las administraciones de los presidentes militares.

Fueron los grandes autores clásicos griegos y latinos; así como los españoles y franceses, los predilectos por el doctor Martínez Moreno. Y fue también, la oratoria, un arte, que cultivó con especial distinción. Son famosos sus discursos diplomáticos y fúnebres, dotados de gran sensibilidad, conocimiento y humanismo.

Pero, sobre todo, quedará siempre en mi memoria, la agradable tertulia, el don de la elocuencia, de la conversación maravillosa e inagotable que lo caracterizaba.

Sus anécdotas, ya fueran de su amplia trayectoria como internacionalista, ante famosos personajes del siglo XX (Reyes, papas, emperadores, jefes de estado), o de su relación profesional con los ex mandatarios salvadoreños Osorio, Lemus, Rivera, Sánchez Hernández, Molina… siempre estaban cargadas de mucho brillo, de mucha minucia, de mucho sabroso detalle, que daban a las páginas de nuestra historia, una dimensión personal única, que rara vez se conoce en los fríos documentos académicos.

Su risa, continúa, derribaba inmediatamente cualquier barrera que imagináramos. Su afabilidad, su palabra de aliento, nos hacían sentir cómodos, frente a un hombre que, tras su grandeza física e intelectual, albergaba un alma de gran asombro y nobleza.

Porque don Alfredo, lo digo, con conocimiento de causa, fue un hombre muy próximo, espontáneo y solidario con sus amigos y con muchísimas personas.

Y sí, hablando con él…huían las horas. Con él, también, se fue una época, un estilo, un don de persona, de funcionario público, donde la política, la historia, la diplomacia, se efectuaban con gran respeto, tolerancia e inteligencia. Donde el lenguaje era fino, y las ideas y proyectos se concebían, independientemente de las valoraciones políticas o ideológicas que ahora hagamos, con mucha coherencia y agudeza.

Quede su ejemplo y memoria, como un faro de luz, en esta noche oscura que vive, lamentablemente, hoy por hoy, la Patria.

¡Qué su viaje rumbo al Absoluto, sea dichoso, apreciado doctor Alfredo Martínez Moreno!

 

 

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