Redacción Nacionales
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Los analistas Ángel Madrid y Franklin Martínez sostienen que el actual esquema comunicacional del oficialismo se apoya en una narrativa centrada en la figura heroica del presidente y en la constante reactivación de los “enemigos del pasado” como mecanismo para sostener respaldo popular.
Tanto Madrid como Martínez sostienen que el modelo propagandístico fortalece la imagen presidencial de Nayib Bukele, cada vez que se reaviva el rechazo ciudadano hacia los partidos tradicionales, especialmente ARENA y el FMLN, así como sus figuras históricas, por eso el secretario general del FMLN, Manuel “El Chino” Flores es de los más atacados, al igual que Marcela Villatoro y Claudia Ortiz. La lógica sería simple: mientras existan “villanos” identificables, la figura del “héroe” se consolida, dijo Madrid.
“El esquema funciona recordándole constantemente a la población quiénes fueron los responsables del pasado”, explican los analistas. Bajo esta dinámica, cada cuestionamiento al gobierno o cada coyuntura adversa reabre el debate sobre corrupción histórica y antiguos actores políticos, desplazando la atención del problema actual.
Reformas fiscales y reacción ciudadana
Los analistas también hicieron críticas por decisiones legislativas recientes, como la aprobación de eliminación o reducción de impuestos a bebidas alcohólicas, mientras productos básicos como frijoles, arroz, lácteos o carnes mantienen su carga tributaria.
Para los críticos, este tipo de medidas podría generar cuestionamientos sociales, especialmente en un contexto donde la población demanda alivio económico.
“La seguridad también implica empleo y comida en la mesa”, señaló Martínez, apuntando a que la ciudadanía reclama oportunidades laborales y estabilidad económica más allá del discurso de seguridad pública.
Ante ese tipo de críticas, sostienen que el aparato comunicacional oficial reacciona reposicionando la narrativa del peligro: el regreso de las pandillas, el retorno de la corrupción o el avance de la oposición como amenaza.
“El miedo y el pasado” como herramientas políticas
De acuerdo Franklin Martínez, de cara a los próximos procesos electorales, la estrategia del partido oficial y del bukelismo se desarrollará en dos ejes fundamentales:
- El miedo (principalmente vinculado al posible retorno de la violencia pandilleril).
- El pasado (asociado a los gobiernos anteriores y sus casos de corrupción).
Los analistas argumentan que este recurso surge cuando un gobierno, pese a concentrar poder institucional —legislativo, territorial y judicial— enfrenta dificultades para mostrar resultados en áreas económicas o sociales.
“Cuando se tiene control político amplio y aún así persisten problemas estructurales, el recurso narrativo tiende a trasladar la discusión hacia amenazas externas”, señalaron.
“Esta esa es la excusa del incapaz, es la excusa del incapaz, y traten de retratarlo, véanlo a la vivencia real a su día a día, el incapaz, que usted le da control, el poder, recursos, logística, él siempre va a buscar a dónde limpiarse y lavarse la mano porque nunca le va a dar los resultados que promete, siempre va a buscar cómo justificar su incapacidad, sus fracasos”, insistió Martínez.
Control institucional y reserva de información
También se cuestionó el manejo de la información pública bajo criterios de reserva, lo que, según los críticos, limita la fiscalización ciudadana sobre el uso de recursos y decisiones estratégicas.
De acuerdo con el también analista político, Marvin Aguilar, la popularidad de Bukele se sostiene en los logros en la seguridad, que son inobjetables, y en la reserva de la información.
El argumento central plantea que un aparato comunicacional fuerte y financiado con amplios recursos puede instalar marcos interpretativos que condicionen la percepción pública, particularmente en redes sociales.
Un escenario de tensión política
El momento actual es descrito por Martínez como una fase de “tensión y ruptura”, donde la polarización podría intensificarse a medida que se acerquen nuevos procesos electorales. Según esta lectura, el oficialismo buscaría consolidar su base apelando al recuerdo del conflicto pasado y al temor de retrocesos en materia de seguridad.
No obstante, los analistas advierten que el desgaste podría aparecer si las demandas económicas —empleo, costo de vida, acceso a productos básicos— no encuentran respuesta concreta.
El debate, por tanto, se traslada a una pregunta clave: ¿podrá sostenerse indefinidamente una narrativa basada en la confrontación simbólica, o la ciudadanía comenzará a priorizar resultados económicos tangibles? Desde la óptica de Martínez, la narrativa gubernamental será insostenible.
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