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¡ESA LUZ QUE NO CESA!

Álvaro Darío Lara

Escritor y docente

 

En toda mi existencia, es la segunda vez que asisto a una ceremonia fúnebre tan hermosa,  tan llena de esperanza y de fe, como la que viví con ocasión de la transición de nuestro querido y recordado poeta Salvador Juárez.  Y es que, como bien dijo el Padre Rutilio Sánchez, en la misa de cuerpo presente: “Aquí estamos los amigos de Salvador, y estamos alegres, porque él fue alegre, y ahora ya está en la presencia de Jesús”.  El Padre Tilo, ofició de manera tan fraterna y espiritual, que todos y todas, nos sentimos como en casa (¡y vaya que no era cualquier Casa!).

El actor Dimas Castellón, aludió al amigo que conoció en la calle, en las luchas populares, en 1976, y cantó, invitado por el Padre Tilo, una composición de su autoría, que retrata muy bien, el clima político y social de aquellos años, y sobre todo, el carácter profundo, histórico, de la utopía revolucionaria.

Ya en el camposanto, Franklin Quezada, con voz firme y dolorida, lanzó al viento de la tarde su dulce canto, y el poeta Luis Alvarenga, también obsequió a la memoria de Chamba, amistosos versos.

Despedida de familiares y amigos, donde no faltaron las palabras de su esposa e hijas. Y la voz que interpretó tantos poemas de Salvador, Edgardo Cuéllar, también se hizo presente, recordándonos al gran José Martí.

Nada de esto es gratuito, ya que Chamba siempre nos convocó. Nos convocó a la unidad de propósitos sociales, culturales, literarios, desde épocas muy conflictivas. Fue generoso con los más jóvenes, con los marginados, con aquellos en quien nadie repara… Su palabra (¡y esto no es retórica!) siempre estuvo ahí, en el momento justo, escuchándonos, acompañándonos, con su humildad y franqueza. Por ello, en él, al igual que en Matilde Elena López, Ricardo Lindo, Luis Melgar Brizuela, Roberto Armijo, Francisco Andrés Escobar, quien esto escribe, y estoy seguro que muchos, encontramos  a verdaderos amigos y maestros ¡Y eso no tiene precio!

Salvador Juárez fue un poeta culto, un asombrado lector, un conocedor del espíritu y de la política, un amante devoto de la poesía. Su adhesión hacia la causa de los pobres, lo marcó desde siempre, y lo llevó al compromiso político que consideró legítimo. Él representa, mejor que nadie, no a la ortodoxia ideológica, que se vuelve deshumana, monolítica, sino al poeta, al intelectual latinoamericano, para quien la libertad, la identidad, y la lucha de los pueblos por su liberación, fue una agenda cotidiana.

Martí, Vargas Vila, Vallejo, Ezra Pound, Saint John Perse, Blake, Quevedo, Alberti, Dalton, fueron, entre los que recuerdo, poetas de su preferencia. Y su impronta, se advierte en su estro poético, tan conversacional, tan directo, tan desgarrador.

Bendito seas, entonces, Chambita, en tu definitiva epifanía: “Confirmado por el Sol de las cinco de la tarde, /yo soy el padre/y el hijo/ y el espíritu de mi ser…” (Poema Epifanía, de: “En el túnel”) ¡Hasta la poesía siempre, poeta Chamba Juárez!

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