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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)

¿Años del Cambio?

Estas pequeñas “comunidades eclesiales de base” son la mejor señal de la verdadera evangelización del pueblo, pues el verdadero fruto del Evangelio es la conversión de los hombres hacia esa nueva manera de ser y vivir juntos que anuncia el Evangelio. En la reciente exhortación del papa Pablo VI sobre la evangelización del mundo actual se ofrecen criterios magníficos para esta nueva modalidad hoy tan en boga. En la página 13 de esta revista diocesana ofrecemos un esquema que puede servir de modelo para esas reuniones. Y quien desee mayores informaciones puede dirigirse a la comisión diocesana de pastoral, por medio de esta revista EL APÓSTOL que seguirá prestando este servicio en sus páginas. Fmdo: El Obispo”.154

Es sumamente interesante también esta otra editorial o La Voz del Pastor, en la que ya no solo insinúa o incita a que los laicos deben hacer pastoral, sino que ya constata algunos frutos o realizaciones pastorales de los laicos en su diócesis:

“La Voz del Pastor

LA SEMANA SANTA DE LOS LAICOS

Se me ocurre llamar así a la semana santa de nuestra diócesis por la excepcional participación que tuvieron los seglares en su celebración. Este ha sido un hecho para mí muy revelador y muy consolador, me atrevería a llamarle “un signo de los tiempos” “una voz del espíritu”, porque creo que abre unas brechas formidables a nuestra pastoral diocesana y nos invita a párrocos y obispos a “no apagar el espíritu” sino a pedirle un exquisito “don de discernimiento” para “probarlo todo” y quitar con prudencia lo inconveniente y aprovechar, con generosidad y hasta con prudente audacia, todo lo bueno de este impulso.

A través de Radio Oromontique y Radio Fides fueron muchos los que siguieron con atención el mensaje de la liturgia y las tradiciones populares de Semana Santa, proclamado por equipos de hombres y mujeres seglares. Los “reportajes” que están llegando de toda la diócesis son muy animadores.

En poblaciones sin sacerdote, en cantones y caseríos, fueron muchas las comunidades que “celebraron” por primera vez una Semana Santa gracias a equipos de catequistas o delegados de la Palabra preparados para ello en el centro de promoción campesina “Los Naranjos” o por su propio párroco, ya que oportunamente la comisión diocesana de pastoral editó adecuados esquemas para la “celebración de la Palabra en Semana Santa y Pascua”. También de estas celebraciones nos están llegando “reportajes” muy optimistas.

No son más que dos botones de muestra de la participación de los seglares en esta Semana Santa y sobre todo una maravillosa demostración de las posibilidades pastorales de nuestro laicado.

Bendito sea Dios. Fmdo: El Obispo”.155

Es interesante constatar cómo Mons. Romero va aceptando esa realidad de su diócesis y cómo va expresando poco a poco su confianza en los laicos y en la obra evangelizadora que están comenzando a realizar; se nota que va caminando y avanzando en una concepción más amplia y universal de la pastoral, según las sugerencias y actitudes propugnadas por el concilio y Medellín, tan diversas y opuestas a las vividas por la Iglesia preconciliar en las que Mons. Romero fuera educado y ejercitado.

2.- ORGANIZACIÓN DE LA PASTORAL DIOCESANA

A penas llegado a la diócesis de Santiago de María, Mons. Romero consciente de su responsabilidad pastoral como pastor y obispo, y ante la inexistencia de aparato alguno o plan diocesano de pastoral, intenta organizar la pastoral de su nueva diócesis. Pero se encuentra con muchas dificultades y limitaciones; son las que ya hemos descrito anteriormente: pocos sacerdotes, mayores, muy conservadores y no acostumbrados a trabajar en equipo; eso por una parte. Por otra parte, la poca pastoral organizada existente en la diócesis no se está realizando de acuerdo a sus criterios pastorales, que como sabemos, son más bien tradicionales. ¿Qué hacer?

Hemos recordado un poco cómo Mons. Romero reaccionó con este segundo obstáculo: el encuentro y enfrentamiento con otras ideas teológicas y pastorales distintas de las suyas, y cómo fue aceptando poco a poco esas nuevas acciones y mentalidad pastorales que nos iban pidiendo la Iglesia postconciliar y latinoamericana. Por otra parte, en cuanto al primer obstáculo, son continuas las referencias, avisos e interpelaciones, que va haciendo a sus sacerdotes, sobre todo a los mayores, ya sea en las reuniones del clero, y en sus conversaciones personales, como en las cartas circulares y pastorales: insistía que tenían que ir abriéndose hacia las nuevas orientaciones pastorales de la Iglesia; sobre todo, insiste en la catequesis, predicación y administración más “perfecta y lógica de los sacramentos”.

Para probar esto voy a transcribir una carta circular de Monseñor con la que quiere “iniciar una práctica gradual” en la administración de los sacramentos de iniciación, sobre todo, en el de la Confirmación; queriendo romper y apartándose definitivamente de la práctica tradicional de la diócesis de confirmar a infantes el mismo día del bautismo, e implementando una catequesis presacramental.

“ORIENTACIONES PASTORALES SOBRE LA CONFIRMACIÓN

Carta Circular del obispo de Santiago de María a los señores sacerdotes, a las religiosas y a todos los fieles.

Nuestro deseo en la próxima celebración litúrgica de Pentecostés es:

-administrar el sacramento de la CONFIRMACIÓN a aquellas personas ya bautizadas y en pleno desarrollo de sus facultades racionales, sobre todo la edad de los jóvenes adolescentes, que aún no han recibido el don del espíritu.

-manifestar y testimoniar así nuestra adhesión a la sana doctrina de la Iglesia dada a conocer en las constituciones siguientes:

+ La Dógmática de “Lumen gentium”

+ La Apostólica de “Divinae consortium naturae”

-iniciar la práctica (gradualmente) en nuestra diócesis de dar, desde hoy en adelante, preferencia a la administración de los tres sacramentos de la iniciación cristiana en una forma más perfecta, lógica y tradicional, o sea:

+ el bautismo; cuanto antes a los infantes.

+ la confirmación y la eucaristía a la edad del uso de razón y hasta donde sea posible juntamente en la celebración de la misa.

Salvaguardando:

-primero, el derecho de cada fiel de pedir la administración de los sacramentos según dicte su conciencia y

-segundo, una adecuada catequesis, previa como posterior, del sacramento.

En tal sentido, exhortamos a nuestros fieles el cumplimiento de sus obligaciones en cuanto a la enseñanza religiosa sobre estos sacramentos y a nuestros sacerdotes y religiosos el hacer conciencia de la misión de cada fiel por ser miembro de la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo.

154. «El Apóstol», 21 de marzo de 1976, nº 28, págs. 3-4.

155. «El Apóstol», 25 de abril de 1976, nº 32, págs. 3-4.

Ver también

«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

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