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El poder de las ideas

Ricardo Olmos Guevara
Economista

¿Es clave la formación ideológica e intelectual de la militancia de izquierda en el país? ¿Cuáles son sus limitaciones? A decir verdad, no es un tópico de interés solamente de la izquierda en este país, sino que es un asunto global, de todos aquellos que estamos inmersos e interesados por que en nuestros países exista justicia social y económica para las mayorías sociales.

A lo largo de los últimos años prevaleció la ortodoxia en la izquierda dado que indicaba que la estructura económica es la que determina en última instancia la conciencia social y el desarrollo de la superestructura, y en esta, las ideas políticas, jurídicas, religiosas, etc. Esa expresión se extrapoló a toda circunstancia. La irreflexión y el mecanicismo fue tal que prevaleció el determinismo ya superado en otras áreas del saber. Fue la literatura post marxista la que ignoró la importancia del posibilismo histórico incluida la importancia de las ideas en la historia.

Además, se consideró erróneamente que las sociedades deberían de avanzar conforme a determinadas etapas históricas y que no podían acelerarse los cambios estructurales a partir de la organización y politización de amplios núcleos sociales mayoritarios de los países. Existe el pensamiento de que se debe de manera mecánica transitar por determinadas etapas hasta que el capitalismo madure en sus fuerzas productivas y que sea no solamente el dominante sino que además predominante, y hasta después, emprender los procesos por la construcción del socialismo. Lenin demostró lo equivocado de esa tendencia que ha hecho daño a las revoluciones en el mundo.

En síntesis, lo equivocado es condicionar al desarrollo de un país hasta que las “condiciones objetivas maduren”, y solamente hasta después, emprender los cambios revolucionarios de una sociedad determinada. Eso significó desconocer la experiencia de otros procesos y la genialidad de otros dirigentes históricos que hicieron avanzar la historia en condiciones mucho más difíciles.

Por su parte, en su momento, Mao, conociendo de las condiciones objetivas sobre las cuales actuaba el movimiento de liberación nacional, pudo advertir con genialidad “una sola chispa puede incendiar la pradera”, refiriéndose a que en efecto las capacidades de conducción política del movimiento de liberación sería el disparador, el cual propiciaría las oportunidades de que más contingentes revolucionarios desarrollaran el proceso de liberación en China. En este punto es oportuno indicar cómo la correcta conducción y pensamiento político, y que corresponden al sistema de ideas, puede incidir en la transformación de la misma estructura económica. Esperar el derrumbe del capitalismo por sí solo es una quimera!

Pero, ¿cuál es el papel que ha jugado el sistema de ideas y de valores para el progreso de las sociedades humanas? ¿Son vitales esas ideas en las grandes revoluciones y procesos de independencia nacional? Parece ser que existe un desconocimiento o incomprensión de la importancia de las fuerzas motrices de los procesos de liberación, como son las mismas fuerzas subjetivas claves para desencadenar procesos más prologados.

De manera específica, las ciencias sociales nos han legado importantes enseñanzas. Se conoce, por ejemplo, del papel y el poder que han tenido las ideas en la historia y en las sociedades en cualquier época. Es sabido que las ideas religiosas, en algunos momentos históricos, y en diferentes épocas, particularmente en la Edad Media, redujeron las oportunidades de avance de nuestras sociedades y fueron contrarias al progreso social y son esas ideas y la Iglesia de esa época las responsables de hechos abominables, habiendo justificado el asesinato, la barbarie, la horca y la hoguera e incidiendo para que solamente las élites religiosas tuviesen los privilegios para gobernar, promoviéndose la idea de que son esas élites las únicas que poseen la racionalidad y capacidades para ello. Pero, además, en otros momentos y circunstancias en la Europa moderna han sido las ideas religiosas las que han impulsado el progreso con la puesta en atención que el trabajo no es un castigo, que la vida austera y proba es condición para que las fortunas sean invertidas para generar más riqueza, empleo y progreso, que esas decisiones provocan la gracia divina y la salvación personal a diferencia de los preceptos de la Iglesia Católica de ese tiempo.

También, los principios de libertad, igualdad y fraternidad corresponden al sistema de ideas que impulsaron los procesos tan conocidos como la revolución francesa, el propio suceso de la revolución y proceso de independencia del dominio inglés de las trece colonias en suelo de los EE.UU. y su acta de independencia, la revolución rusa con las oportunidades de desarrollo en todos los ámbitos y que además generó nuevas oportunidades de conquista de la libertad e independencia nacional. Y sin duda las ideas sobre las cuales se montaron todos esos procesos de liberación nacional contribuyeron a posteriores procesos de luchas y conquistas políticas y sociales.

Particularmente en Europa, las ideas de libertad, sufragio universal y democracia viabilizaron nuevas formas y regímenes políticos, pasando de regímenes políticos monárquicos a regímenes monárquico parlamentarios y en otros casos a regímenes parlamentarios, eliminando esas taras de dominio religioso, habiendo separado la Iglesia del Estado.

En América Latina, las ideas de libertades políticas y de democracia impulsaron procesos para alcanzar regímenes políticos democráticos, luego de derrotar en nuestros países los regímenes autoritarios militares despóticos o de regímenes militares de fachada democrática, evolucionando posteriormente a regímenes políticos democráticos, pero aún con dominio oligárquico burgués en las estructuras económicas sociales y con fuerte presencia ideológica burguesa, a través de la carga mediática en la radio, televisión, escuela e Iglesia, las que de manera abierta pregonan que el capitalismo es el sistema económico social sobre el cual hay que edificar el régimen político democrático. Este sistema de ideas asegura además que la democracia representativa existente en nuestros países es la que garantiza el sistema de vida “con libertades” que genera “oportunidades para todos” pero no es más que una justificación de la existencia de estructuras económicas sociales de acumulación capitalista. Realidad de la cual no escapan los países en donde la “izquierda política” organiza y dirige los gobiernos nacionales, regionales o locales en la América Latina actual.

En relación a este punto ¿qué está haciendo la izquierda política en el país para avanzar en el proyecto histórico que establezca las bases de nuevas relaciones sociales de producción, entre ellas, por ejemplo, la constitución de empresas conducidas y administradas por los trabajadores? ¿Cuál es la formación en el sistema de ideas socialistas de las actuales generaciones? ¿Cuántas nuevas empresas cooperativas se han constituido y/o recibido apoyo crediticio para dinamizar y ampliar sus teatros de operaciones comerciales a nivel nacional o regional? Parece que los partidos y organizaciones de izquierda en la sociedad salvadoreña han olvidado las enseñanzas básicas de los clásicos del marxismo sobre la importancia de la preparación de nuevas generaciones de intelectuales orgánicos, de la formación ideológica para desarrollar las tareas políticas y revolucionarias actuales y futuras, y que las reformas sociales deben de estar alineadas a la construcción de las bases del socialismo.

La política económica, con inspiración izquierdista, de los denominados gobiernos “progresistas” en América Latina ha estado al servicio del gran capital nacional o foráneo. La conciencia colectiva, el sistema de ideas y de valores de las actuales generaciones han estado sometidas a los mismos esquemas educativos del pasado. La crítica y la autocrítica han desaparecido de los partidos denominados de izquierda, práctica que se vuelve nociva, olvidando sentar las bases para la construcción de un nuevo modelo económico y de sociedad que esté al servicio de la nación y de los trabajadores.

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