Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador<
Cuando en 1973 Henry Kissinger ordenó a sus cipayos militares chilenos el asalto al palacio de la Moneda, en Santiago de Chile, con el consecuente asesinato del presidente Salvador Allende, no solo se cometió un magnicidio, se corrompió la completa institucionalidad chilena, comenzando por el ejército, sometiendo al entero pueblo chileno, como al resto de nuestra región latinoamericana, al mayor experimento social de la historia reciente, el neoliberalismo.
Y conocemos sus consecuencias.
Corrupción, atraso, entreguismo, narco economía, violencia social, matanzas políticas, guerras civiles – que para el caso particular de nuestro país supuso en el decenio de los 80´s, si atendemos la información comúnmente admitida sobre ello, 70,000 víctimas, a las que debemos sumar las que en los diferentes episodios de conflictos civiles, provocados por el actuar oligarca y militar, generara a través de los decenios a nuestro país, y que en su actual edición han supuesto, de acuerdo a las cifras aceptadas por el propio ilegal régimen que se nos impuso, algo más de 500 víctimas, pero de acuerdo a lo afirmado por el alto comisionado de DDHH de la UN, algo más de 3,000, pues como sabemos, ni la oligarquía, ni la partidocracia de derecha, ni el ejército hará o dejará de hacer sin la aprobación de Washington – , concentración de la riqueza en apenas el 1% de la población, pérdida absoluta de soberanía, desinstitucionalización, pérdida de la industria, pérdida de soberanía alimentaria, desempleo, sometimiento, exclusión y marginación, son todos efectos del modelo neoliberal para nuestra región, lo que es innegable, agravado porque también el esquema nos impone a la población, siendo la más deprimida por las medidas que implementa, ser además la que de sustento a los fracasos del mismo, obligándola a marcharse, sumándose a las interminables columnas de inmigrantes ilegales que buscaron bajo cielos ajenos, lo que se les niega en su propio país, sosteniendo por intermedio de las remesas, las invaluables remesas, en muy buenos porcentajes, las economías de sus países.
Lo descrito arriba es apenas un resumen que por supuesto no cubre la totalidad de los males en que degenera el proyecto neoliberal para nuestra región, pues debemos sumar el desarraigo de millones, los que se lanzaron a esos caminos, la desintegración familiar, la desarticulación cultural y la consecuente desnaturalización de nuestra memoria histórica, lo que ha dejado a toda la región, considerando si su identidad es o no propia.
Ese es el legado del neoliberalismo, así como sociedades fallidas, sobre endeudadas y con economías pobres y dependientes, justo lo que el norte deseaba.
Ahora, un nuevo proyecto se nos es presentado como la panacea que resolverá los problemas que la anterior panacea, diseñada por los mismos tipos, dejará, el libertarismo, implementado también ahí, en el cono sur.
Tan efectiva, que, en apenas dos años, acabó con la economía más pujante del sur, la argentina.
Lo mismo que implementan con el resto, en medio de fraudes, golpes militares, y evangelismo a granel.
Para negarnos un futuro y nuestra propia senda.
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