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Cuando la «democracia» Bukeleana se empacha en sus propios simpatizantes

Por David Alfaro

En democracia, el pueblo vota para elegir y, al votar, cede su poder al elegido. Pero la democracia da herramientas para que el votante pueda controlar ese poder entregado. Si el elegido quita esas herramientas, deja de ser democracia y se convierte en totalitarismo.

En El Salvador el pueblo eligió, pero no tiene cómo controlar a los elegidos. Estos se han apropiado de todo el poder. Los votantes no tienen cómo controlarlos, ni como defenderse de este gobierno. Así, por ejemplo, con este régimen de excepción no se tiene derecho a la justicia, de acuerdo a la ley, sino que queda en manos de policías, militares y jueces impuestos por Bukele… incluso por el mismo clan Bukele, tal y como lo afirmara Ibrajim Bukele.

El mejor ejemplo son estos dos ciudadanos, uno maestro y otro minutero, ambos simpatizantes del régimen. El minutero era promotor del desfalco del Bitcoin, y el profesor formó parte de la estructura de Nuevas Ideas. Estos ciudadanos no tienen ninguna herramienta legal para defender su inocencia, quedan en manos, no de la ley, sino del capricho de quienes ellos mismos eligieron.

Al no tener cómo defenderse, acuden a las redes sociales. Se dieron cuenta de que son pueblo y no gobernantes. A la dura empezaron a tomar conciencia de que no es lo mismo ser gobierno que pueblo, y que a quienes ellos eligieron llevan un proyecto político de espalda a su voto. Un proyecto de eternizarse en el poder. De eternizar la injusticia, la miseria, el desempleo, a los desaparecidos, torturados y asesinados…

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