web analytics

Cachito

CACHITO

Marlon Chicas El Tecleño Memorioso

“Cachito, cachito, cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio. Te miro y te miro y al fin bendigo, bendigo la suerte de ser tu amor” (Nat King Cole)

El anterior estribillo es perfecto para contar a ustedes la historia de un simpático personaje de mi dorada infancia, mi gran amigo Manuel conocido como “Cachito” diminuto en estura y actuar maquiavélico, ojos avispados, pelo crespo, tez oscura, nariz chata y labios gruesos, con su popular frase “Usted der le, no tiene que hacer”, hijo de don Cristóbal veterano trabajador de la extinta fábrica La Favorita, apodado “Cristo de lata” por lo oscuro de su piel, heredado por su hijo Manuel.

Cachito era un “Macho sin dueño”, lo que le provocaba constantes peleas, con la consecuencia de perdida de dientes o el ojo morado, por su indisciplina era la cruz de su abuelita con quien compartía tiempo en casa, la que más de alguna vez lo correteó escoba en mano dándole en la cabeza.

A pesar de todo Manuel era habilidoso en algunas tareas que trajera algunas monedas a sus bolsillos como: mandados, limpiar botas, vender periódicos, cargar bultos entre otras cosas, invirtiéndolo en su alimentación, asiduo comensal en nuestra casa, en la que mi madre ofrecía lo que teníamos a disposición con estas palabras, – ¡Cachito, hoy solo hay sopita! de inmediato respondía – “Usted der le, no tiene que hacer”, quedando satisfecho con tan suculento plato de pobres.

En cierta ocasión yendo con su progenitor por las céntricas calles de la ciudad, Cachito divisó a un galante caballero de rubios cabellos, tez blanca, ojos azules y elegante vestir, de ascendencia inglesa, el padre de Manuel, pidió a su hijo abordar al extranjero con una pregunta en su idioma natal, ya que Manuel juraba a don Cristóbal dominar la lengua anglosajona. Cachito se acercó con cautela al ilustre caballero pidiendo un cigarrillo, con la siguiente petición – ¿Dime wan cigarrette? A lo que su interlocutor responde asombrado “I am sorry, I do not understand”, regresando Manuel hacía su padre quien pregunta con emoción – ¿Qué te dijo hijo? – ¡Ahí hay sorry, y no sabe dónde están?, provocando en don Cristóbal su satisfacción a los transeúntes diciendo – “Mi hijo sabe inglés”.

Otra inolvidable travesura, fue vestirse con ropas de su difunta abuela, para dar una lección a su hermana Emelina, quien en vida también hizo la vida imposible a la anciana, en una noche de luna llena, cerca de los lavaderos del mesón, se colocó con esfuerzo  dichos ropajes, se acomodó  en una vieja silla, aprovechando las sombras de la noche, esperó a su hermana salir del baño, cuando está lo vio soltó un grito despavorido, huyendo a la pieza de don Chepe, un anciano discapacitado que yacía en cama, cayendo sobre su pobre humanidad, del susto el ochentón, la empujó con fuerza y colmándola de improperios dijo – ¡Y esta @%&#*/@ que le pasa!, saliendo Emelina muerta en llanto, en tanto Manuel el Cachito explotaba en carcajadas.

Las vivencias de Cachito y otras aquí contadas tuvo lugar en el extinto mesón La Medalla Milagrosa o la Mansión, como le conocíamos con cariño por mi querida madre y hermanos, en esa época que cada experiencia de vida, está escrita en las páginas de oro de mi existencia.

Ver también

Mirada de Gavilán

por Wilfredo Díaz