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Boris Johnson ya es el primer mandatario en ser multado por violar sus propias leyes. ¿Podrá sobrevivir?

Isaac Bigio
Politólogo economista e historiador
Quien quiere perfilarse como el líder que unifica a Occidente contra Rusia, ahora acaba de convertirse en el primer gobernante británico en ejercicio en haber desobecido la ley. Su futuro y el de su número dos y posible remplazo, Rishi Sunak, está en juego. Todo ello pasa cuando se anuncia la gran batalla decisiva por el sudeste de Ucrania y el 5 de mayo hay importantes elecciones municipales en todos los distritos de Londres y en muchos otros del país
Sanciones
Desde que el Reino Unido se conformó hace 315 años, nunca antes un Primer Ministro en ejercicio había sido amonestado por la Policía Metropolitana por desacatar la ley. Esto último acaba de acontecer el martes 12 de abril con Boris Johnson, pero también su esposa Carrie y su número dos, el canciller del Tesoro Rishi Sunak. Para estas 3 figuras centrales del poder británico este puede haber sido el equivalente de un devastador «martes 13». Todos ellos, además de al menos unos 50 directivos y empleados de la sede del Premierato y del Tesorero, han sido sancionados y multados por la Policía Metropolitana al haber sido encontrados culpables de haber desobedecido las reglas que ellos mismos impusieron para el resto de la población durante la cuarenta.
Los Johnson y Sunak inmediatamente pagaron su multa y pidieron perdón. Para ellos el monto a abonar no es mucho en términos monetarios, pero el solo hecho de habérseles castigado por infringir la ley, es algo que puede producir eventualmente su caída.
Pese a ser una monarquía, el Reino Unido se precia de basarse en la vigencia y el respeto de la ley, la cual no se basa en códigos sino en precedentes. Si se permitiese que gobernantes pasasen por encima de esta, se generaría un peligroso antecedente. Ese es uno de los argumentos que esgrimen quienes demandan que todos los multados dejen sus cargos.
Los líderes de los 3 principales partidos de oposición (laborista, nacional de Escocia y liberal-demócrata) demandan que el parlamento sea convocado de urgencia y que Johnson deje el premierato. También aducen que él, además, habría mentido a la cámara de los comunes (pues dijo que él no participó en ninguna fiesta o reunión social durante la cuarentena en su residencia y despacho oficiales, y que nunca había violado las normas), por lo que ha trasgredido el código ministerial.
Astucia
Desde que se destaparon las primeras revelaciones en sentido de que Johnson había estado en alrededor de una docena de eventos sociales – algunos con licor – en la sede y residencia del jefe del Gobierno, a él se le bombardeaba con exigencias para que renuncie o le hagan renunciar. Esto se daba con especial fuerza en cada sesión semanal de la cámara de los comunes, en las que él venía a responder preguntas a los jefes de la oposición y a otros parlamentarios.
Sin embargo, Johnson lograba constante y habilmente torear al toro. Primero dijo que había que esperar el informe final de Sue Gray, una funcionaria que había sido comisionada para investigar. Luego, cuando esta iba a producirse, apareció la Scotland Yard involucrada en esas pesquisas, la misma que le pidió a Gray no revelar todos sus datos para no perjudicar sus propias recolecciones de datos. Esto último sirvió para darle otro pretexto al Gobierno para dilatar el caso.
Finalmente, el 24 de febrero las tropas rusas entraron en Ucrania y el Reino Unido decidió transformarse en el principal sostén europeo de Kiev. Hoy, en las islas británicas se ven por doquier más banderas azul-amarillas de Ucrania que las propias nacionales de 3 cruces y de 3 colores. Con la guerra, el asunto de las trasgresiones de Johnson dejó de ser noticia y de tema en los debates parlamentarios. Es más, Johnson trató de volver a ganar prestigio y protagonismo, apareciendo como el unificador del campo occidental y el paladín de una ofensiva anti-rusa.
Nuevamente, al igual que hace 40 años atrás, un Gobierno conservador cuestionado por políticas de ajuste social buscaba revitalizarse en torno a una guerra. Cuando del 2 de abril al 14 de junio de 1982 se produjo el conflicto bélico con Argentina en torno a las islas Malvinas y del Atlántico sur, Margaret Thatcher pudo salir victoriosa y con ello pasar a implementar luego sus ataques contra los sindicatos y la izquierda e ir para consolidar su nuevo modelo neoliberal de privatizaciones. Este, a la postre, ayudó a arrinconar y a desintegrar al «bloque socialista» en 1989-91.
Ucrania
Esta vez, Londres no lidera una guerra ni envía soldados al frente. Sin embargo, Johnson ha venido viajando a distintas capitales del este europeo (e incluso a Ucrania en más de una oportunidad) para proponer dar más armas, dinero y entrenadores a Kiev. Y, precisamente, a esta última urbe viajó Johnson.
El último fin de semana aparecieron imágenes del Primer Ministro británico y del Presidente ucraniano Volodímir Zelenski paseándose al aire libre, y como si no pasara nada o hubiese una guerra, en las calles y plaza principal de Kiev. Johnson fue a brindarle 120 vehículos blindados y más misiles contra navíos, tanques y aviones, además de darle un espaldarazo a Zelenski, quien tiene muchos detractores en casa. Aunque la media occidental no habla de ello, en Ucrania el
Gobierno mantiene ilegalizados a numerosos partidos de oposición y de izquierda.
Poco después del tour de Johnson a Ucrania vía un tren que salió de Polonia, apareció Zelenski expresando su agrado porque su policía secreta (sucesora de la KGB local) había apresado a Viktor Medvedchuk, líder de «Plataforma de la Oposición – Por la Vida», el segundo mayor partido en el parlamento ucraniano, quien anteriormente llegó a estar bajo arresto domiciliario.
Medvedchuk, fue el jefe de staff del anterior Presidente ucraniano Leonid Kuchma. La media, igualmente, sigue sin darle importancia al hecho de que Ucrania es el único país del mundo que tiene un regimiento (el de Azov, que opera en Mariúpol, la ciudad centro de las peores matanzas) y varios destacamentos armados que abiertamente usan insignias de las SS nazis de Adolfo Hitler.
La BBC misma reconoce que en la batalla por el Dombás, la región sudeste de Ucrania que Moscú sostiene que busca liberar (aduciendo que la mayoría de sus habitantes habla ruso y votaron a favor de la independencia en el 2014), la policía secreta ucraniana anda muy activa buscando apresar muchos pobladores locales acusados de tener simpatías con Putin.
Toda la prensa y la partidocracia británicas siguen planteando que hay que defender a Ucrania, a la que presentan como una democracia cuya existencia y soberanía viene siendo pisoteada por Rusia, una potencia a la que es correcto aplicarle las peores sanciones financieras de la postguerra y excluirla de cualquier competencia deportiva, así como de organismos de Naciones Unidas.
Futuro
Mientras escribo esta nota acaba de aparecer en el noticiero de la BBC una persona que tuvo parientes muertos por el COVID-19, el mismo que dice que no es posible que un «charlatán» y «mentiroso» como Johnson sigan en el poder tras que ellos obligaron al resto de los ingleses a permanecer encerrados en sus casas, mientras ellos mismos violaban sus propias normas.
Incluso, él llegó a sugerir que le parecía muy extraño que la Scotland Yard haya impuesto sus multas justo cuando el Parlamento está en receso por pascuas y semana santa. Para él, si ello se hubiera dado en un martes normal, en víspera de la sesión semanal de preguntas y respuestas donde debe aparecer el Premier cada miércoles al mediodía, esto hubiese sido devastador para Johnson.
La presentadora de la BBC le retrucó diciendo que no se puede insinuar nada, sobre todo contra una institución tan seria como es la Policía Metropolitana. Lo cierto, es que, si bien Johnson no fue víctima de ningún bombardeo mientras hizo su tour a Kiev, la multa de la Scotland Yard es el peor bombazo para su futuro político.
Varias encuestas, incluso una publicada en el «Daily Telegraph», el matutino conservador en el cual Johnson fue columnista, revela que alrededor de 3 de cada 5 británicos cree que el Primer Ministro debe renunciar.
El problema está en quien le puede remplazar. El aspirante más voceado para relevarlo en el puesto había sido su número dos, Rishi Sunak, el cual ha contado con mucho respaldo debido a los subsidios que hizo a los negocios que debían estar cerrados o a los trabajadores que no podían ir a laborar durante las cuarentenas y luego al empuje que hizo a los restaurantes, bares y hoteles al ofrecer que el gobierno iba a pagar parte de la cuenta de los comensales tras el fin de una primera encerrona.
Sin embargo, Sunak también ha sido multado y en los días previos se destaparon revelaciones debido a que su multimillonaria esposa británica no pagaba impuestos en el país al haber adquirido el status de no domiciliada.
Varios conservadores, incluso críticos a Johnson, no piensan que «se deba cambiar de caballo mientras se cruza el río». Sostienen que mientras dure la guerra ucraniana no se debe remplazar al Primer Ministro. Empero, eso antes ha pasado durante la II Guerra Mundial (cuando Winston Churchill sustituyó a Neville Chamberlain) o durante las guerras de Afganistán e Irak (cuando Gordon Brown remplazó a Tony Blair). Ni Francia ni Hungría han postergado sus elecciones generales durante el actual conflicto de Ucrania, pese a que ambas se ha podido o puede producir un cambio de Gobierno.
Otro problema adicional es que el 5 de mayo son las elecciones locales en todos los distritos de Londres, y en muchos del Reino Unido. Para los «tories» sería difícil confrontar estos en medio de una renuncia de su líder y Premier. Según las normas, el Primer Ministro debe representar a la fuerza que logre la mayoría absoluta de los 650 miembros de la cámara de los comunes. Como los conservadores controlan 360 bancas (cerca del 55% de esta), son ellos los que deben proponer a la reina, a quien ella debe nombrar con su Premier.
Para dirimir quién debiera ser el líder del conservadurismo hay todo un proceso de selección que implica una ronda inicial en la cual la bancada tory debe ir eliminando votación tras votación a los que reciben menos respaldo, hasta que finalmente los dos candidatos mejor posicionados deben ir a las bases para realizar una serie de debates en distintas regiones y competir por el voto de sus 150 mil afiliados. Esta última cifra apenas representa menos del 0.2% de los 66 millones de británicos, pero esta minoría (que en su gran parte está compuesta por pensionistas, varones y anglosajones blancos), termina decidiendo quien es la persona que deba gobernar al país.
Si ahora se desencadena ese proceso, ello implicaría chocar con las campañas que se deben puerta a puerta en las elecciones municipales. Para muchos tories va a ser una gran desventaja ir a estos comicios con un líder tan cuestionado, pero peor puede ser ir a estas con un proceso de elección interna. De allí que, posiblemente, el proceso para que los tories cambien de jefatura vaya a demorar.
Otra norma que tienen los conservadores es que para poder remover a Johnson, la mayoría de sus 360 parlamentarios debe aprobar ello en una votación interna. Por el momento, no se han asegurado el número suficiente para pedir, desencadenar ese proceso y, menos aún, para removerlo. Y ese proceso solamente se puede dar una única vez durante 12 meses. Quienes hoy complotan contra Johnson deben estar esperando a que aparezcan aún más multas de la policía, que se presente el informe final de Sue Gray y que el partido reciba una paliza electoral.
Ojo, la Scotland Yard solamente ha multado a Johnson en uno de los tantos casos que esta viene investigando. Se trata de un hecho que sucedió el 19 de junio del 2020, cuando Johnson celebró su primer cumpleaños en la residencia del Primer Ministro. Muy caro le debe haber costado a él haber recibido una torta y cantos de «happy birthday», pese a haber estado con miembros de su staff solo 8 a 9 minutos. Hay denuncias más graves que se vienen procesando.
Johnson no quiere renunciar y él quiere seguir gobernando hasta culminar su quinquenio en diciembre 2024, y luego volver a liderar a su partido en las elecciones generales. Boris, como le gusta que le llamen, es, posiblemente, el político más astuto del país. Él ha logrado sobrevivir previas crisis, ha ganado en todas las votaciones en las que se ha presentado (para parlamentario, para ser el único tory que haya derrotado a la izquierda laborista 2 veces para ser alcalde de Londres y luego para ser Premier, y fue el artífice el triunfo del sí a la ruptura con la Unión Europea en el referéndum del 2016, en el cual fueron derrotados todos los líderes partidarios y primeros ministros en ejercicio o pasados del país).
En todo caso, la marca Johnson ha quedado muy afectada. Si sobrevive, no se sabe por cuanto tiempo lo hará. El golpe que él ha venido recibiendo va a querer ser utilizado por los laboristas, liberales y separatistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte para revitalizarse, y también por Moscú para debilitar a su principal rival en el continente.

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