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Atrapado por las páginas de un libro

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y coordinador

Suplemento Tres mil

 

Los libros son la garantía para tener un viaje increíble. Viaje que siempre dependerán del autor y el tema, pero imprescindiblemente del lector, que acepta sumarse a esos mundos. Cada uno de ellos nos dejará algo, aunque los conocedores de Programación Neuro Lingüística (PNL) afirmen que solo el 10% nos quedará. Eso siempre dependerá del interés y dedicación con que se tome cada ejemplar.

Los libros me han enseñado mucho, he llegado a conocer tantas cosas que hasta parecería mentira. Unos libros que me obsequió mi amigo Takahiro Kato sobre Judo terminaron llevándome al tatami para practicar el “camino de la suavidad”, la cual no era exactamente como el libro me indicaba, pero que fue suficiente para que tomara cuerpo en mí. Gracias a los libros también aprendí a elaborar bonsais y moldeé mucho de mí. Conocí las monedas y banderas de todos los países gracias a los almanaques que leí en mis tardes de ocio en Tonacatepeque, la lectura se convirtió en un estilo de vida. Los libros continúan siendo mis mejores maestros aunados con la experiencia y sigo leyendo.

Cada vez que ingreso a una librería tengo el riesgo de llevarme al menos un libro que me acompañará en las madrugadas, las noches o en mi tránsito al trabajo. Algunos vendedores ya me conocen y hasta me tienen apartado el ejemplar que podría interesarme, y muchas veces no se equivocan. He ingresado a la tienda para matar un poco el tiempo ojeando libros y termino embarcado en alguna aventura para descubrir al Golem o para aprender de política, filosofía, pedagogía o viajar a leer a Selma Lagerlof. Cualquier cosa puede suceder, de pronto uno quiere profundizar en algún filosofo griego cuando llega la tentación de Phillip Roth o cualquier otro autor. Antes compraba hasta el límite, todo lo que podía. Pero muchos no los leía, así que tuve que ir escogiendo para cumplir con mi promedio de cinco libros al mes.

Con los años he tenido que ser discriminador, no por ver de menos algo sino porque no puedo leer todo lo que quiero. Llegué a creer que lo dicho por el novelista Carlos Fuentes es una realidad absoluta y por lo tanto escojo más mis lecturas de acuerdo a mis intereses y gustos, ya no leo estrictamente todo lo que llega a mis manos, aunque lo querría. Ya no me veo como cuando era niño leyendo manuales de ingeniería mecánica o de medicina.  Ahora tengo mis autores imprescindibles que releo porque los disfruto, poetas y narradores que llenan mis horas. Sin embargo, la filosofía y la pedagogía se han encargado de tomar el lugar de los escritores Nicolas Gogol, Luis Cardoza y Aragón y Augusto Roa Bastos. Y lo mejor del asunto es que lo disfruto.

El jueves me reuní con el poeta Wilfredo Arriola y luego de bebernos a sorbos la tarde con café nos fuimos a terminar seducidos por los libros y terminé como siempre: con un libro bajo el brazo, y seguro que la próxima será igual.

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