A la memoria de su poeta

JAVIER ALVARENGA, 

Escritor y fotoperiodista 

 

El verde de la vegetación inunda todo. Se dibuja desde la carretera, el calor de Ilopango se queda atrás, entre sus casitas apretujadas y espirales de terrenos con árboles rodean todo.

Unos pocos minutos en marcha nos adentra a la ciudad de Tonacatepeque (al noreste de San Salvador). Hermoso pueblo cultivador de la jícama, donde el tiempo parece detenerse, los pobladores sonríen y saludan sin ningún tipo de discriminación con evidente nobleza, corteses y acogedores. Es una dicha convivir con ellos, como si fueramos parte de la tribu. Me hace pensar en lo que hemos llegado, a homenajear la memoria de un poeta, escritor, cantautor y un gran luchador social que habitó en estas tierras: Edgar Mauricio Vallejo Marroquín, nacido de las entrañas de ese admirable pueblo lleno de bondad, lo que explica de donde surgió su compromiso humano, de escribir con fuerza para denunciar la injusticia que siempre ha apretado al de pies descalzos. Tanto fue su eco y resonancia juvenil unido a su participación organizativa, que la única alternativa para callarlo fue secuestrarlo un sábado 4 de julio de 1981 en Antiguo Cuscatlán, desconociendo hasta el día de hoy su paradero.

Lo hermoso de la historia es que nunca fue considerado por los autores del hecho, que hasta el día de hoy Sábado siete de julio del corriente año, su familia, amigos, vecinos, conocidos y muchos otros artistas escritores recuerdan su memoria.  Y que poco a poco, a pesar de los intentos por silenciarlo, su voz va tomando el lugar que debe tener en las letras nacionales.

El punto de encuentro es el Centro Cultural El Mesón, bonita peña rodeada de libros en su biblioteca comunal nombrada en honor al poeta, arte plástica representada en murales, pinturas y esculturas, y sobre todo muchas flores, sobre las que en sus jardines revolotean las mariposas, y además se disfruta de ricas pupusas cocinadas en comal de barro y leña.

La luz entra con suavidad por la ventana colonial que emula dos puertas de madera color turquesa, lugar en el que al frente se leen versos, se recita el recuerdo, uno a uno se manifiesta, cada escritor a su estilo propio, donde lo más importante, es no lidiar con el olvido y exiliarlo para dar a luz la verdad y la vida, no darle paso a esa amnesia colectiva que todo lo destruye.

La suegra del escritor observa con alegría, su esposa sonríe, su hijo (como una ironía del destino ahora escritor) disfruta del homenaje, como él mismo lo dice:

“No lo recuerdo con tristeza ni con deseo de venganza. Recuerdo a mi padre con las lecciones que dejo a través de sus años de vida”.

Lo que concuerda con esa tarde en Tonacatepeque, ciudad donde se gestó la independencia centroamericana en 1811, tierra de hombres valientes como Nicolás Aguilar.

Los que se hicieron presentes, lo hicieron por amor, por solidaridad y por la aceptación de honor por su buen trabajo de escritores, forjadores de la palabra unida a la lucha, a la lucha de un pueblo que solo desea lo mejor para su gente.

César Ramírez Caralvá presentó dos escritos de su libro Intimissimun en los que habla del poeta de Tonacatepeque.

Se desarrolló la lectura de poesía en la voz de Aristarco Azul, José Antonio Calderón, Héctor Dennis López, José Roberto Ramírez, Mercedes Pineda, Margarita Renderos, Javier Alvarenga y Kerin Díaz.

La danza estuvo a cargo de Marielos Juárez. Y el teatro con una genial intervención de Efraín Dalton conocido también como Poesía Clandestina.

Su lucha no fue vana, ni su esfuerzo, ni su sacrificio, desde la concepción de su familia que aun resiste, se puede decir. Y se vio representada en los vitrales de los faroles que permanecían encendidos en las cuatro esquinas del lugar, su viuda Patricia Márquez los elaboró con sus manos.

La actividad fue organizada por el Gremio de Artistas de Tonacatepeque (Gratos), Sociedad la noche de Vallejo y Ediciones La Fragua.

Mauricio Vallejo Marroquín nunca te fuiste, porque nunca te pudieron alejar, habitas no solo en el recuerdo sino en cada uno de los escritos, que hoy hace tú hijo, otro gran escritor. Estás presente en ese hermoso poemario que le dejaste a tu viuda: “Cosita linda que sos”.

Tres Mil :