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Un horror vacío y lleno

Mauricio Vallejo Márquez

coordinador

Suplemento Tres mil

 

Al escuchar el nombre de la exposición Horror Vacui: Arte de la posguerra que se desarrolla en la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué, ed esa frontera entre la guerra y la posguerra me pareció tener mayor sentido que el que le daba, clinic tuve una imagen más clara, gracias a esos siete artistas plásticos que nos muestran un poco de su visión.

Utilizar palabras en latín para describir ese momento nos da una idea simbólica de origen, de venir de algo que puede ser considerado sacro, impuesto, pero sacro. Tal y como es nuestra historia, pero las palabras tienen más sentido al pronunciar horror. ¿Acaso no fue la guerra algo horroroso? Sí que lo fue, mientras que vacío es un poco más complicado de definir, aunque también es justo eso lo que existe en el alma al ver tantas pérdidas y horrores, un vacío que no se llenará con nada. Un nombre muy intenso para esta exposición.

Y es que es eso precisamente, un horror vacío que nos devora aún en la posguerra, porque no podemos negar el pasado, todo lo que sucedió sigue en nosotros y seguirá.

La guerra civil salvadoreña fue cruenta y nos llenó de luto, dolor e insensibilidad. ¿Cómo podríamos no ser violentos tras todos esos horrores? La violencia social en que vivimos es producto de esos años y de todos los que se vivieron antes con la represión militar y las injusticias. Negar eso es estar ciego.

Sin embargo, la muestra de estos artistas plásticos procuran mostrarnos ese traslado de tiempos de guerra a la paz. Curiosamente los horrores de la guerra siguen presente, porque la guerra no ha dejado de ser parte de nuestra idiosincrasia, es inherente a nosotros y siempre estará porque la hemos vivido y es un capítulo más de la historia.

La muestra es de Óscar Soles, Luis Lazo Chaparro, Dagoberto Nolasco, Negra Álvarez, Romeo Galdámez, Mauricio Mejía y Manuel Antonio Bonilla.

Antes de abrir las puertas al público recorrí la muestra junto a Mayra Barraza, Dagoberto Nolasco, Negra Álvarez, Mauricio Mejía y Romeo Galdámez. Esa pequeña camina frente a sus obras hizo que los cuadros cobraran aún más vida y se alimentara de sus crónicas y anécdotas, viendo cada una de las perspectivas, como lo dijo Dagoberto Nolasco: “Cada quien tiene su perspectiva, pero somos parte de una generación”.

Y así es, porque vivieron el antes, durante y después de la guerra logrando narrar su tiempo a través de la imagen, de la pintura y la escultura, para que ahora nosotros podamos apreciar esta muestra.

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