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Solo hay un presidente Bukele

A ún y cuando no estamos de acuerdo con la forma en el que el presidente Nayib Bukele se dirige hacia la oposición política, empresarial y periodística y de todo aquel que lo critica, al fin y al cabo, decimos, es su estilo y hasta hoy no le ha afectado en su imagen. Es más, da la impresión de que sus seguidores valoran eso del mandatario. Son los que creen que, entre más enfrentamiento, garantizan la gobernabilidad. Habrá que esperar si este estilo durará el quinquenio o en algún momento tendrá que dar giros.

De quienes no estamos de acuerdo que asuman el estilo del presidente Bukele, primero porque no les luce, segundo porque les puede traer consecuencias jurídicas, es a algunos ministros, que seguramente tampoco son de la simpatía de quienes siguen al presidente Bukele. Escuchar a algunos funcionarios de Gobierno queriendo asumir poses del presidente Bukele, incluso, hasta con malcriadeces contra diputados, principalmente, no deja de ser chocante.

Creemos que todo funcionario debe respetar a sus contrincantes, sobre todo a los funcionarios de los otros órganos del Estado. Ser funcionario del presidente Bukele, quien ganó la presidencia de forma abrumadora con respecto a los resultados de los otros contrincantes, no les da derecho a asumir que también ellos tienen ese apoyo popular. Solo vea el ejemplo en el expresidente del FONAES, Jorge Aguilar, quien fue despedido por el presidente Bukele, luego de que se hiciera público un negocio irregular con el Ministerio de Salud, caso que está en investigación en el Tribunal de Ética y del resultado de la investigación, incluso, podría ser tema de la Fiscalía General de la República.

Lo que queremos expresar con este ejemplo, que, por mucho que quiso adoptar el estilo del presidente en su año como funcionario, no le valió para mantenerse después de un desliz. Tampoco los seguidores del presidente salieron a defender al exfuncionario Aguilar, quien, incluso, fue pasado de lado por sus bases en Santa Tecla, que lo habían perfilado como candidato a alcalde por la ciudad de las Colinas.

Todos los funcionarios del Gobierno del presidente Bukele deberían comenzar a verse en esos espejos, pues si aumentan su volumen a sus malcriadeces contra otros funcionarios de otros órganos del Estado, hasta los mismos seguidores del presidente volverán la mirada a un lado si llegaran a entrar en desgracia. Por otro lado, ser funcionario público también debería cumplir un nuevo requisito, más allá de los que estipula la ley o la Constitución: actuar con honorabilidad, con decoro.

Esas dos virtudes les hacen falta a varios de los funcionarios de este Gobierno y denota malacrianza. La población salvadoreña, que por años ha valorado las buenas conductas de las personas, debería exigir eso de los funcionarios de Gobierno. Es cierto que hay funcionarios de gran calidad y decoro, sin lugar a duda, pero hay tres o cuatro que les faltan el respeto a todos.

A estos funcionarios, que la población tiene identificados, por sus mal crianzas, al final le pueden hacer daño a la imagen del presidente Bukele.

Sería bueno, por supuesto, que el presidente Bukele también evitara a sus emuladores, porque no lo hacen bien ni con el estilo que todo buen emulador lo hace, pues, lo hay, pero no en este Gobierno. La censura pública contra funcionarios que atropellan verbalmente a otros, a través de los medios sociales, incluidas las redes sociales, debería ser tema también de la Ética Gubernamental, y de todas aquellas personas y entidades que luchan por un El Salvador tolerante y respetuoso en tanto sociedad democrática.

Nos preguntamos si de estos funcionarios son lo que quieren que aprendan los niños y las niñas, los jóvenes que están siempre en las redes sociales. Si es esto lo que buscan, lo están haciendo muy mal, porque van a crear una nueva generación de jóvenes irrespetuosos e intolerantes. Ojalá y reflexionen, y rectifiquen por su bien y el bien de la convivencia pacífica que tanto hace falta en este país.

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