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Orlando de Sola W.

Empresarios somos todos, porque todos emprendemos esa gran empresa que llamamos vida. La mayor parte nos asociamos en familias, nuestra principal empresa, pero a veces lo hacemos en comunidades mas grandes, para obtener beneficios sociales y personales a cambio de ofrecer bienes y servicios que, a juicio de los usuarios y consumidores, satisfacen sus deseos y necesidades. Eso lo hacemos desde el estado, una empresa pública para garantizar el bien común y los derechos fundamentales, y desde el mercado, un orden espontáneo que surgió para ayudarnos a homologar necesidades y posibilidades, muchas veces distorsionadas por la fuerza, el fraude y el engaño. Por eso el estado.

Emprender es actuar. Y todos lo hacemos porque la acción es, para nosotros, natural. Las plantas se reproducen, viven y mueren, pero su ciclo es mas lento. Y el reino mineral  también tiene acción, porque los mares, el clima y las cordilleras también son movidos por la energía del sol.

Emprender es natural para los humanos y es así como nos valemos de lo vivo y lo inerte para satisfacer nuestras necesidades. Nos distinguimos del resto de la naturaleza por nuestra voluntad y raciocinio, que nos permiten decidir sobre nuestra manera de actuar.

La acción humana produce maravillosas aventuras personales y colectivas que a veces disfrazamos con los velos del estado y el mercado. Pero toda empresa, incluido el estado, se compone de individuos que piensan y sienten, de modo que la conducta individual siempre determina la gestión colectiva.

En ese sentido, la Responsabilidad Social Empresarial es solo una estrategia publicitaria para lavar culpas. Es una redundancia, o pleonasmo, porque todos los individuos y empresas, incluido el estado, tenemos esa obligación de responder por nuestras faltas, no solo contra el medio ambiente, sino contra las personas, que somos la razón de ser del estado y el mercado. Hasta las empresas de Responsabilidad Limitada, las de RL, tienen que responder ante sus empleados, clientes y consumidores, siempre.

Resulta, entonces, que la verdadera Responsabilidad Social Empresarial es obtener ganancias a cambio de ofrecer bienes y servicios de calidad, al menor costo posible y en competencia; sin prácticas monopólicas, oligopólicas, o carteles para manipular precios. El estado es el responsable de vigilar que eso no suceda.

El único monopolio que autorizamos al estado es el de la fuerza, no el de la violencia, que es cuando el estado, del que esperamos protección, utiliza el monopolio de la fuerza para fines ilegítimos, como perseguir ciudadanos, violando sus derechos fundamentales a la vida, libertad y propiedad. Eso es una contradicción a la razón de estado original.

La responsabilidad es de todos, individuos y sociedad, no solo de las grandes empresas que con publicidad pretenden lavar conciencias. También es del estado, que con propaganda pretende disimular sus caros y deficientes servicios públicos, como seguridad, salud, educación y otros sucedáneos.

La culpa, o vergüenza, es un importante elemento del subconsciente, pero el daño alegado puede ser real, o aparente, así como la expiación del mismo puede ser real, o publicitaria. La reparación de daños a las víctimas, que no son de piedra, ni de palo, ni publicitarias, debe ser real, porque somos personas las que clamamos justicia, no el medio ambiente. Son familias cuyos ingresos no alcanzan para una vida digna, las que claman. De allí la necesidad de mejorar sus ingresos con mejores salarios, prestaciones y servicios públicos, no por el sudor vertido, sino por dignidad, que no depende de leyes, ni decretos, sino del soplo que nos hizo iguales, pero diferentes.

Nadie se siente despreciado, ignorado, o indignado por la irresponsabilidad de empresarios y funcionarios, sino por su baja autoestima. Pero el daño cultural en nuestra comunidad, dividida por el odio, la envidia, la soberbia, la pereza y la codicia, es grande. Así que, para reducir el afán de venganza, el sufrimiento y la humillación, lo que necesitamos es mas compasión, misericordia y perdón, no mas publicidad comercial y propaganda política.

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