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Revelaciones genéticas de la COVID-19 en Cuba

Claudia Dupeirón*
Foto: José “Tito” Meriño

Prensa Latina

¿Desarrollar formas severas de la COVID-19 puede explicarse a partir de algunos factores genéticos? 

La llegada de este coronavirus también impulsó a la comunidad científica de Cuba a llevar a cabo un estudio que detallara cuán implicada está la genética en llegar a estados graves o no.
En diálogo con Prensa Latina, la directora del Centro Nacional de Genética Médica, doctora Beatriz Marcheco, explicó los resultados preliminares de un análisis que incluyó a 1,082 pacientes de todas las regiones de la isla caribeña.

Aunque la investigación aún no concluye, ya se evidencian hallazgos que contribuyen a una mejor comprensión de la COVID-19 e incluso en el desarrollo de los fármacos para su tratamiento y de las futuras vacunas de fabricación propia como los candidatos Soberana 01 02, señaló la experta.
Marcheco detalló que la indagación se centra en personas que tuvieron el nuevo coronavirus y se recuperaron durante la primera etapa de la pandemia en el país, iniciada en el mes de marzo.
La muestra abarca pacientes de todas las edades y provincias que se encontraban de alta epidemiológica, pero estuvieron con la enfermedad en el período comprendido del 11 de marzo al 11 de junio de 2020.
“Es un examen grande, incluye a 137 menores de 19 años y tiene una entrevista clínica para indagar en el historial de salud personal, familiar y de elementos socioculturales de los individuos”, indicó la doctora.
Entre los objetivos de la indagación, los investigadores se plantearon constatar los títulos de anticuerpos contra algunas vacunas que tiene el país en el programa de inmunización.
Con ello, se puede abordar y conocer las respuestas inmunes específicas de las personas ante antígenos determinados de dichas vacunas y si tiene títulos confiables de protección contra esos fármacos o no los tiene a pesar de estar vacunados, resaltó Marcheco.

El Centro de Genética también desarrolló en conjunto con el Centro de Inmunología Molecular de Cuba (CIM) un estudio sobre los anticuerpos totales para las respuestas el SARS-CoV-2 que incluye la revisión de la inmunoglobulina T y G.
“Esta era una de las preocupaciones del equipo, pues es una vez que el individuo está expuesto al virus y desarrolla anticuerpos, es necesario saber por qué tiempo son capaces de protegerlo”, declaró.

Luces de un  estudio indetenible

Tras meses de trabajo imparable, el estudio de los “Factores de riesgo genético asociados a la severidad clínica de la COVID-19 en pacientes cubanos”, el equipo encontró que, en la medida en la cual los análisis se alejan del momento de exposición del individuo a la enfermedad, sus anticuerpos contra el virus van disminuyendo.

Analizamos muestras de personas que habían pasado la enfermedad hacía 30 días, pero otros más de 100 días; y descubrimos que la cantidad de anticuerpos también está en función de la severidad con la cual la persona padeció la enfermedad, refirió Marcheco.

Esto se explica de la siguiente forma: aquellos que experimentaron la enfermedad de manera asintomática, tienen menores títulos de anticuerpos que quienes lo hicieron en un estado severo o grave.
Es decir, desarrollan más anticuerpos quienes experimentaron más complicaciones.
La afirmación puede tener probablemente dos explicaciones. Una posibilidad es que las personas que pasaron por el estado de grave y crítico y se recuperaron, su sistema inmune se vio forzado a responder de manera más aguda para librar la batalla contra el virus.
Otra razón de esa evidencia es que dichos pacientes son expuestos a terapias o tratamientos más intensos a fin de ayudarlos a sobrevivir.
Por otro lado, se encontró que los pacientes asintomáticos, tienen menores títulos de anticuerpos.
Ante esta situación, el Centro se dio a la tarea, junto al CIM de estudiar la capacidad de los asintomáticos de neutralizar el virus con esos anticuerpos, es decir, ellos pueden defenderte de la enfermedad, pero no anular o evitar la unión entre el virus y la célula humana.

Aún en desarrollo, este estudio descubrirá la capacidad de inhibición y neutralización de los anticuerpos, de acuerdo con la forma clínica severa o grave con la que transcurrió el paciente.
La edad, el color de piel, los tipos de sangre y la región de Cuba, ¿influyen en los riesgos de COVID-19?
Cuando se analiza Cuba y la muestra del estudio según su color de piel, el 64 % de los participantes fueron de tez blanca, y es el mismo porcentaje que arrojó el censo de población y vivienda realizado en el 2012.
Por ello afirmamos que no hay diferencia en cuanto al color de piel y el riesgo de contagiarse con la COVID-19, aseveró la especialista.
Sin embargo, cuando esas estadísticas se llevan a las formas sintomática, sintomática leve o moderada; y los asintomáticos; se observa que las personas de piel blanca tenían el mayor por ciento en cuanto a los que padecieron la enfermedad en su forma grave.

Del estudio, representaron el 79 por ciento

Por otro lado, en la forma asintomática, el promedio de edad detectado es de alrededor de los 40 años, y los graves con COVID-19 prevalecieron a partir de los 60 años.
Esta diferencia significa que el riesgo de tener formas severas incrementa con la edad de las personas.

La edad por sí sola no constituye el factor agravante, sino que con los años aumentan las cormobilidades como cardiopatías, diabetes, y otras; y con ellas la posibilidad de agravarse, afirmó Marcheco.
En los pacientes menores de 19 años, los científicos constataron que se caracterizaron por presentar factores asintomáticos y formas leves de la enfermedad.

De cada tres menores de 19 años, dos no tenían síntomas y uno experimentó el nuevo coronavirus de forma leve. Además, no hubo casos graves ni fallecidos en este rango etario. También se encontró en el estudio que poco más del 41 o 42 % de los pacientes en estado grave, tenían grupo sanguíneo A.
La doctora Beatriz Marcheco especifica que, comparando la frecuencia del grupo sanguíneo A en la población cubana, el cual representa el 36,9 % de todos los habitantes de la isla, pues se evidencia un incremento en las formas de padecer severamente la enfermedad.

Dicho análisis en Cuba, aún no está del todo concluido, pues debe observarse por cada región del país.
La decisión de examinar ese factor teniendo en cuenta los diferentes territorios del país, tiene que ver con que los grupos sanguíneos varían en función de los grupos étnicos.

Preguntas por responder
Otro estudio inmunológico del cual aún se analizan los resultados es la indagación del estado del sistema inmune de los pacientes que tuvieron COVID-19, a fin de saber cómo se comportan las subpoblaciones celulares que lo conforman, indicó Marcheco.
Para ello se analizarán los diferentes grupos de linfocitos: B, T y otras células encargadas de la defensa antiviral.
También se iniciaron análisis sobre el ADN y se analizan los genes relacionados con la respuesta inmune, y aquellos afines a la producción o presencia de Vitamina D.
Además, se indaga actualmente en los factores de necrosis tumoral.
La COVID-19 seguirá arrojando evidencias para tener en cuenta en el futuro y para detallar sus orígenes, diversidades y curas.
Cuba no cesará en sus estudios, y la genética dirá dónde los cubanos deben leer para aprender de cada célula, de cada paciente y de cada enfermedad.

*Periodista de la redacción de Ciencia y Técnica de Prensa Latina

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