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RELIGIÓN Y POLÍTICA EN El SALVADOR: EL 46 ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO

Hugo Fajardo Cuéllar*

Sociólogo y Abogado. Docente e investigador UES

La religión es uno de los fenómenos sociales que siempre ha estado presente en la historia social de toda la humanidad. Desde los tiempos legendarios hasta hoy en día, las sociedades de todo el mundo practican diferentes religiones dependiendo del contexto social cultural y regional de que se trate. La palabra Religión deriva de la expresión latina, Religare, que significa en castellano: volver a ligar o unir, en este caso se trata de volverá a unir a los seres humanos con Dios.

En tal sentido toda religión, cualquiera que sea, tiene como pilar fundamental la creencia o practica de fe en un ser superior, que es concebido de manera sobrenatural y es conocido con el nombre de DIOS. Este ser sobrenatural y metafísico es el mismo para todas las religiones; lo único que cambia es la forma de representarlo, según la historia y cultura de cada pueblo o región del mundo; así por ejemplo para la religión occidental es Jesucristo, y para muchas religiones del mundo oriental es Mahoma.

Esa religión o práctica de fe practicada por los miembros de una sociedad en cualquier parte del mundo, se  desarrolla en un contexto social   político y económico determinado; por lo que  las concepciones ideológicas  que  constituyen una región, están directa  o indirectamente relacionadas con la dinámica de la sociedad en que se desarrollan dichas concepciones, De ahí que no es causalidad ni  producto del azar que la religión y algunos líderes religiosos generen opiniones respecto  a la política y otros asuntos de la vida social.

Dentro de ese contexto y en el marco del 46 aniversario del martirio de Monseñor Romero, el presente artículo tiene como objetivo plantear algunas reflexiones sociológicas en torno al complejo tema de la relación entre  Religión y política, partiendo de la premisa fundamental de que si bien la religión no es política en el sentido partidario del término, pero si es una práctica de fe en ´Dios que puede opinar sobre la política de la sociedad , como bien lo afirmó en una de sus homilías Mons. Oscar Arnulfo Romero:” El pastor tiene que hablar de política  no  porque sea político, sino por su misión evangelizadora, porque la política también cae bajo del dominio de Dios”.(Homilía: 16-07-1977)

En el marco de esas palabras dichas por el profeta del pueblo salvadoreño, Monseñor Romero, las reflexiones que aquí se presentan comprenden dos niveles de análisis fundamentales:  la relación esencial entre religión y política y por qué hablar de política en la religión.

LA RELACIÓN ESENCIAL ENTRE RELIGIÓN Y POLÍTICA.

Para aproximarnos a la relación esencial que existe entre religión y política, es necesario tener claro lo que se debe entender por religión y por política.

RELIGIÓN. Termino que proviene de la palabra: Religare, que significa, unir o volver a unir, es decir es la actividad social de los seres humanos orientada a volver a unir las personas con Dios y con su prójimo, por medio de la práctica de la fe en un ser supremo o en Dios.

POLÍTICA. Palabra que proviene del griego Polis, (Ciudad- Estado) y se refiere a toda actividad humana cimentada en relaciones de poder orientada a la toma de decisiones colectivas dentro de una ciudad o comunidad, en la búsqueda de la realización del bien común.

Del contenido de ambos conceptos se desprende que la religión y la política constituyen dos fenómenos sociales que históricamente han estado vinculados entre sí, de manera compleja y compendiosa, dado que a cada régimen político corresponde un sistema religioso. Esa relación se ha expresado en la historia de la humanidad hasta nuestro día como una dualidad: la religión como concepción conservadora y la religión como concepción liberadora.

Esa dualidad nos lleva a entender que la relación entre la religión y la política es en esencia una relación conflictiva, puesto que la historia de los movimientos religiosos en el mundo y en particular en El Salvador han demostrado que cuando la religión critica o cuestiona desde su visión cristiana liberadora a la luz de las enseñanzas de Jesucristo   las decisiones que se toman en el ámbito de la política por los políticos, las religiones que optan por esta visión son perseguidas y reprimidas por los sectores del poder.

En El salvador las relaciones entre religión y política han estado marcada por el enfrentamiento de esas dos concepciones, en donde  la visión conservadora se trata de imponer ante la visión liberadora, principalmente en lo que respecta al rol de la iglesia católica en el proceso histórico social, ya que esta es la única iglesia que tiene un reconocimiento legal en la constitución de la republica (art 26 Cn), la cual  históricamente ha estado en una relación de disputa entre la dimensión conservador y  liberadora de la fe cristiana frente a los poderes del Estado.

Esta relación implica un amplio y complejo análisis de diferentes factores, pero en lo esencial se puede resumir en la necesidad inherente a la religión de opinar, critica y sugerir sobre los diferentes problemas sociales a la luz del evangelio de Jesús, que en pocas palabras significa “Anunciar la buena nueva”. Esa es la tarea fundamental de la religión, que no debe confundirse con la política, aunque la predica del evangelio implique la búsqueda de la verdad y la justicia como elementos fundamentales en la construcción del Reino de dios en la tierra o en la sociedad.

¿POR QUÉ HABLAR DE POLÍTICA EN LA RELIGION?

Si bien ya se dejó claro que la religión no es la política, pero dado que ambas tienen como escenario común la vida social, entonces es lógico entender que la religión en su misión de predicar el evangelio no puede estar al margen de los diferentes fenómenos y conflictos sociales generados por el accionar de la política. Porque al igual que lo hizo Jesús el cristo, todo religioso fiel al anuncio del evangelio debe denunciar el pecado social osea todo tipo de injusticia, violencia y persecución que los sectores del poder realizan contra los más débiles.

Es por eso que a Monseñor Romero los sectores del poder lo acusaron de meterse en política, al denunciar las injusticias, la violencia, corrupción y represión cometida por los militares y los gobernantes de turno en aquella época­. Eso lo llevó a convertirse en “La voz de los sin voz”, ya que sus denuncias eran radicales e incomodaban a los poderosos. Por ejemplo, al referirse al tema de la política Romero les decía: “La iglesia no profesa ningún sistema, no hace política partidaria; sino que se acerca a la realidad política para defender la trascendencia del hombre” (Homilía: 20-05-1979). “La iglesia no hace política, pero cuando la política toca su altar, la Iglesia defiende su altar” (Homilía: 06-01-1980).

Hoy en día con el actual régimen autoritario y dictatorial en El Salvador que a la fecha de hoy (28-03-2026) y desde hace 4 años sigue sometiendo a la población a un régimen de excepción represivo, amenazador y violador de los derechos humanos, la voz de Monseñor Romero sigue teniendo eco en algunos sacerdotes de la iglesia católica que ante la situación actual del pais inspirados en Romero alzan su voz para denunciar las injusticias del actual régimen, como por ejemplo las palabras del párroco de Apopa que días atras en una actividad pastoral de la iglesia dijo:” Este país va para atrás, estamos en una dictadura horrible, fea, corrupta  y esto no va con el plan de Dios”.

Finalmente decir que los tiempos de Romero se siguen repitiendo hoy en día con las amenazas, difamación y denigración que  los medios y redes social del  oficialismo realizan contra todo aquel que critica sus malas políticas y en particular contra algunos párrocos de la iglesia católica  como el  caso  antes mencionado, que siguiendo el ejemplo de Mons. Romero están  alzando su voz para denunciar a la luz de la biblia y el evangelio las injusticias, represión, persecución y muerte de mucha gente inocente, como consecuencias del autoritarismo del actual régimen.

 

* El autor es: Profesor en Ciencias Sociales, Lic. En Sociología, Lic. en Ciencias Jurídicas, de la Universidad de El Salvador (UES), Abogado y Notario, Master en Derechos Humanos y Educación para la Paz. Catedrático a tiempo completo de la UES.

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