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Roberto Vaquero, de 63 años, pinta uno de sus cuadros en su casa de habitación. Foto Diario Co Latino/David Martínez.

RAVACH, sin miedo a la locura

Rosmeri Alfaro
@RosmeriAlfaro

El aparato locomotor permite a los seres humanos correr, agarrar objetos y manipularlos, pero no es el caso de Roberto Vaquero, a quien la vida le impidió correr, pero su esfuerzo y habilidades le dieron el don de volar a través de los pinceles. Con 63 años de edad, es un hombre al que una lesión cerebral no lo ha detenido para demostrar que las barreras se pueden superar.

Una vida al servicio de las personas es lo que caracterizó a este salvadoreño durante su juventud. Pese a su “limitante” como otros pensarían, él dedicó muchos años de su vida al desarrollo de comunidades pobres de América.

Chile, Colombia, Perú, Brasil, son solo algunos de los países en los que concentró su energía luego de ser becado por un programa de desarrollo internacional de los Estados Unidos.

Roberto Vaquero formó parte de 20 latinos becados y el único con parálisis, situación que no le impidió conocer los sistemas económicos y financieros, y trabajar por las zonas que más necesitaban desarrollo.

En el 2002 tuvo que enfrentar lo que para muchos hubiera sido una gran limitante, la ceguera. Tenía 48 años de edad cuando un problema de glaucoma provocó que perdiera la vista total de su ojo izquierdo y el 90% del derecho.

Pero eso no lo detuvo, “mi madre me parió siendo un campeón” asegura, por lo que al entrar a la Escuela de Ciegos empezó a descubrir habilidades que tenía ocultas, una de ellas su pasión por la pintura.

“Me pregunté, ¿qué es esto, qué hago? y me deprimí un poco. Pero mi lema es “sin miedo a la locura”, porque si tuviera miedo ya me hubiera muerto, el miedo no existe, para mí no hay obstáculo grande ni pequeño”, expresa el creador de las obras RAVACH, su seudónimo.

Una sala llena de sus obras originales y una terraza con un sin fin de pinturas acrílicas se pueden observar al entrar a su casa en la capital salvadoreña.

Tela, pintura, pincel, dedos y lo que tenga a la mano, es lo que usa para dar rasgos y una textura especial a sus obras de arte, las cuales le han permitido ganar reconocimientos internacionales.

Pero, ¿cómo puede pintar si está casi totalmente ciego? Una lupa es lo que permite a Vaquero pintar y plasmar sus creaciones artísticas, la más representativa es la colección Naturaleza Imaginaria.

Pero no todo ha sido sencillo, la aceptación social ha sido lo más difícil, aclara el pintor, hijo de un contador y una ama de casa, quien está consciente que lo que lo ayudó para salir adelante, en este mundo que tiene poca “consciencia educativa social”, es haber crecido en el seno de una familia inclusiva.

Nacido un 11 de junio de 1954, este artista también es amante del ajedrez.

Desde los ocho años empezó su amor por el deporte, práctica que a lo largo de los años le ha permitido ganar en todas las categorías y mantener el ranking de categoría superior.

La pintura, pincel y una tabla de ajedrez son los fieles amigos de Roberto Antonio, al que nada le impide salir adelante y que siempre está dispuesto a hacer nuevos amigos y regalar sonrisas en Plaza Centro, lugar donde cada quince días expone réplicas de sus pinturas.

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