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LA POLÍTICA IMPORTA, ¿LA EDUCACIÓN TAMBIÉN?

Por: Licenciada Norma Guevara de Ramirios

Es una pregunta recurrente: cuánto invierte un Estado en la educación de su pueblo. En nuestro país es obligado preguntarse ¿qué tanto le importa la educación de los salvadoreños al actual gobierno?

Entre las reformas al sistema electoral hechas por el oficialismo en el trienio pasado y los mecanismos fraudulentos en los comicios del pasado 4 de febrero, en lo relativo a la elección de diputados a la Asamblea Legislativa, el país ha pasado de la representación proporcional a un régimen de partido único.

La elección de 6 diputados de 60, pertenecientes a 4 partidos diferentes (PDC; PCN; ARENA Y VAMOS), para los efectos de legislar, resulta irrelevante. Agregando que los 3 diputados del PDC y el PCN son realmente más que afines al oficialismo, mientras que los otros 3 diputados de oposición, de Arena y Vamos, son ignorados por la mayoría oficialista.

En estas circunstancias, con poder judicial sometido y un control mayoritario del oficialismo en el Parlamento, en mi opinión, la legislatura se convierte en una especie de maquina trituradora de la Constitución y productora de las leyes que le convengan al régimen político autoritario creado.

Esto se refleja con la organización adoptada con la reducción de comisiones legislativas.

Las comisiones de trabajo en una legislatura pluralista reflejan el interés de tener legislación e instituciones firmes, en los ámbitos que se creen prioritarios. Sobre esa base es que surgieron, después de la firma de los Acuerdos de Paz, la legislación en medio ambiente , o las leyes que protegen a las mujeres, entre otras.

Al reducir de 20 a 8 las comisiones en la actual legislatura, queda claro que continuará la práctica de aprobar leyes sin discutir, y que los problemas que ameriten reformas o nuevas leyes en favor del pueblo seguirán pendientes.

Para la actual legislatura se advierte que lo fiscal, la seguridad y la política tendrán la prioridad.

Los asuntos de las mujeres, los jóvenes, la educación y la cultura, entre otros, dejan de ser importantes para el oficialismo. Discursivamente dicen que es para evitar “discusiones estériles” y para evitar “privilegios de cúpulas”. Esto es algo curioso, pues la única fuerza que domina es el partido oficial, como lo fue en la legislatura pasada, de la cual la prensa dio a conocer que al menos diez comisiones no funcionaban.

No había y quizá no habrá en la presente legislatura, cabida a propuestas que tuviera la sociedad civil o los diputados de oposición, y continuará la práctica de aprobar decretos ley, con dispensa de trámite, sin ser conocidos ni abordados entre los diputados, mucho menos por la ciudadanía.

La democracia es participación de muchos, es capacidad de escuchar y considerar los diferentes puntos de vista, pero es lo que se ve con desprecio por la fuerza gobernante hoy.

A inicios del presente siglo, el BID e IDEA patrocinaron la publicación de importantes ensayos, en los que se analiza el papel del Estado y las instituciones en el desarrollo de los países de nuestro continente, todos reunidos en un tomo denominado “LA POLÍTICA IMPORTA”

Uno de los planteamientos que se señalaba, es el efecto negativo de la discontinuidad de las políticas públicas, por la falta de dialogo entre las fuerzas políticas y de éstas con la sociedad civil. De los estudios se desprende la importancia central de la política en el desarrollo de las instituciones y en las posibilidades de desarrollo de los países.

Y dos décadas después de esos análisis, uno se pregunta si en El Salvador importa la educación a los gobernantes de turno. La respuesta es sencillamente NO. Basta con apreciar el estrangulamiento financiero a la Universidad de El Salvador, la ocupación de sus instalaciones para otros fines, el incumplimiento de promesas de reparar cinco mil escuelas o de crear nuevas universidades.

Una de las Comisiones Legislativas más antiguas era la de Cultura y Educación, y fue una de las comisiones que no funcionaron en la legislatura pasada y que desaparece en la actual. Este abandono ocurre cuando más necesario es trabajar en la educación formal, informal y no formal, cuando más necesitados estamos de investigación.

Pero es la incultura lo que domina entre los funcionarios que dirigen las instituciones, como lo demuestra la eliminación de las Casas de la Cultura y hasta el desconocimiento de leyes de patrimonio cultural y de historia salvadoreña y centroamericana; por eso, esos funcionarios son objeto de crítica y burla, por la destrucción hecha dentro del Palacio Nacional y de la educación superior.

Frente al abandono de la educación por parte del Estado, las familias  debemos reafirmar que la educación es la llave para el desarrollo de la persona, para oportunidades creativas y laborales, y debemos mantener la exigencia a los funcionarios de turno a dejar la indiferencia ante las necesidades de las escuelas, de las universidades, de las oportunidades de formación profesional y de espacios de desarrollo de nuestra cultura, en vez de políticas circenses, porque para la gente, la educación sí importa.

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