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¿Quo vadis El Salvador?

El viernes pasado, la Sala de lo Constitucional impuesta, es decir, obediente a los designios del presidente de la República, colocó un ladrillo más en la construcción de la dictadura de Nayib Bukele, que, sin lugar a duda, implementará en los próximos años, sino es que meses. De hecho, las acciones autoritarias se van desarrollando de forma rápida, aprovechando la débil oposición política, que no ha atendido a ninguna acción para contrarrestar los sobrados anhelos de poder total del Ejecutivo. La primera muestra de autoritarismo y el rumbo dictatorial del presidente Bukele se dio el 9 de febrero de 2020, cuando, emulando lo que hizo Hitler y Mussolini, ingresó al Congreso, se sentó en la silla presidencial y sonó el gong para dar inicio a una sesión plenaria que no le correspondía, pero que, además, tampoco contaba con el quórum establecido por la ley.

La otra muestra hacia la dictadura la dio el 1 de mayo del presente año, cuando la nueva legislatura conformada por mayoría absoluta por el partido oficialista (Nuevas Ideas) destituyó a la legítima Sala de lo Constitucional e impuso una obediente que ya comenzó a pagar el favor de haberse sido nombrados magistrados. En la misma plenaria, Nuevas Ideas, GANA y PCN destituyen al Fiscal General de la República, e impusieron uno que respondiera a los intereses del presidente Bukele, tal como él mismo lo reveló en cadena de radio y televisión.

La tercera muestra del esquema dictatorial del actual gobierno fue la creación de una ley para destituir jueces y magistrados de Cámara, si estos ya cumplieron 60 años de edad o 30 años de servicio. Con esta decisión ilegítima e inconstitucional, según expertos en la materia, busca colocar a un tercio de nuevos jueces y magistrados obedientes al Ejecutivo.

Y lo más grave en esa lógica de acomodar la ley para instaurar la dictadura la dio el 3 de septiembre la Sala de lo Constitucional impuesta, cuando resuelve que el presidente Bukele puede reelegirse si el pueblo así lo desea mediante el voto popular.

“Ordénese al Tribunal Supremo Electoral dar cumplimiento a la presente resolución en lo relacionado a permitir de conformidad con el artículo 152 ordinal 1º que una persona que ejerza la Presidencia de la República, y no haya sido presidente en el periodo inmediato anterior participe en la contienda electoral por una segunda ocasión”.

Lo citado anteriormente forma parte de la resolución en el caso de Pérdida de derechos de ciudadanía, que también favorece a la demandada Nancy Díaz de Martínez.

El artículo 152, numeral uno de la Constitución establece: “No podrán ser candidatos a Presidente de la República: 1º.- El que haya desempeñado la Presidencia de la República por más de seis meses, consecutivos o no, durante el período inmediato anterior, o dentro de los últimos seis meses anteriores al inicio del período presidencial;”.

De acuerdo con los entendidos, lo que Sala de lo Constitucional está legislando es que el presidente Bukele, si quiere reelegirse, debe renunciar al cargo seis meses antes de que finalice su periodo, y así poder ser candidato para un segundo periodo.

Hasta antes de esta resolución, se consideraba que ningún presidente de la República podría ser reelegido de forma inmediata, pues así lo establecía la Constitución, lo cual ha sido modificado con una resolución de la Sala impuesta.

El presidente Bukele, que aún cuenta con el apoyo popular, a pesar de que ha disminuido en un par de puntos porcentuales, cuenta ya con el apoyo total del Ejército, el cual lo incrementará en 20 mil hombres arma más, además del cuerpo policial.

El presidente Bukele mantiene la adhesión de una buena parte del pueblo y del ejército mediante el populismo, es decir, mediante regalías como las bolsas solidarias, que en los primeros seis meses de la pandemia fueron necesarias, pues se paralizó toda la actividad económica, pero que a partir de agosto del año pasado la actividad productiva entró en funcionamiento. Además, de acuerdo con datos del gobierno, se ha recuperado el cien por ciento de los puestos de trabajo, incluso, según datos del oficialismo hay más de 20 mil puestos nuevos de trabajo. Es decir, a estas alturas no es necesario ese tipo de regalías y si se hace es por populismo. Lo mismo se puede decir del regalo de $30 a cada salvadoreño que acepte la moneda virtual impuesta por el presidente Bukele.

La democracia salvadoreña ha sido golpeada de gravedad, y no hay duda de que al paso que va, será sustituida por una dictadura de nuevo tipo, sino es que es al mismo estilo de tiempos pretéritos, sufrida ya por los salvadoreños que rondan los 50 años en adelante.

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